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jueves, 20 de marzo de 2014

¿Cómo leer Rayuela hoy 50 años después?


http://panoramacultural.com.co/index.php?option=com_content&view=article&id=1752:julio-cortazar-el-novelista-antes-de-rayuela

Acerca del autor: Carlos Arturo Caballero. Investigador peruano (Arequipa, 1974). Licenciado en literatura y lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín (Unsa), de Arequipa. Magíster en literatura hispanoamericana por laPontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Estudia el doctorado en letras en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Ha publicado Imágenes de la literatura (2004) y La mirada virtual: cultura y política desde la blogósfera (2013)

Julio Cortázar: el novelista antes de Rayuela
Jueves, 20 de Marzo de 2014 07:00 | Escrito por Carlos Arturo Caballero |
Julio Cortázar

¿Cómo leer Rayuela hoy 50 años después? Un breve recorrido por las novelas que la precedieron y acompañaron nos puede brindar una idea acerca de su génesis.

Las primeras novelas de Cortázar, Divertimento (1986) y El examen (1986), publicadas póstumamente, fueron escritas durante la década del 40, años de gran efervescencia política y en un contexto intelectual que desde las tribunas de la revista Sur, cuya figura más visible era Jorge Luis Borges, se mostraba abiertamente adverso al peronismo. Según su primera esposa, Aurora Bernárdez, ambas novelas no fueron premiadas en los certámenes donde se presentaron y no llegaron a publicarse por falta de editor. En su opinión, la negativa a publicarlas no obedecía a razones políticas; sin embargo, a pesar de que Cortázar no militaba expresamente en algún partido político, había expresado su disconformidad frente al peronismo renunciando a una cátedra en Mendoza.

En 1960, Editorial Sudamericana decide publicar Los premios, obligando a Cortázar a postergar Divertimento y El examen. Aurora Bernárdez también señala que durante esa década Cortázar destruyó el manuscrito de otra novela titulada Soliloquio, de lo cual el autor se habría arrepentido posteriormente. Diario de Andrés Fava (1995), también publicada póstumamente, en un inicio formó parte de El examen, pero fue desprendida de esta novela por su extensión y porque el protagonismo del personaje, reveló Cortázar, habría desequilibrado la trama de El examen al concitar mayor atención. No obstante, en el Diario de Andrés Fava se anticipan varios motivos estructurales característicos de Rayuela. En “La espiral de Julio Cortázar”, Mauricio Ostria González contrasta dos tipos de concepciones acerca de la narrativa, la espiral y la circunferencia, inscribiendo a Cortázar en la primera, porque tiende a la apertura, al quiebre, al juego, al azar —como en los cuentos “El perseguidor” y “Las babas del diablo”—, es decir, un movimiento centrífugo y centrípeto a la vez, la búsqueda del hombre total y la deconstrucción narrativa, en oposición a la otra modalidad caracterizada por el eterno retorno de lo mismo.

Un dato singular de Divertimento es que está fechada en el carnaval de 1949, con toda la impronta simbólica de lo que significa el carnaval en tanto transgresión del orden imperante. De otro lado, el título nos remite a una forma musical del siglo XVIII, ligera y elaborada con pocos instrumentos. El epígrafe que abre la novela, un fragmento de Tempestad en Jamaica, un best-seller de entretenimiento para niños, refuerza la idea de una novela concebida como un breve juego en el que se esbozan, aparentemente sin complejas elaboraciones, los lineamientos de su teoría de la novela afianzados años después en Rayuela. Si bien el juego no adquiere en Divertimento las dimensiones de su obra posterior, se advierte en esta novela que para Cortázar el juego no es algo frívolo sino un ritual tomado seriamente por los participantes, del mismo modo que los niños se toman muy en serio sus juegos.

El dualismo del título alude tanto a lo que en su sencillez es complejo como a la relativización de los grandes proyectos artísticos. A propósito, recordemos que Cortázar mantuvo a lo largo de toda su obra una abierta confrontación contra la solemnidad, ante la cual opuso el juego y el azar —trivializando la solemnidad de la vida cotidiana y las reglas sociales—, es decir, una escritura sin garantías que invita al lector a salir de la “Gran Costumbre”. El túnel (1948) de Ernesto Sábato se publicó por la misma época. En esta novela y en Divertimento está presente el enigma ante la contemplación de un cuadro. Y aunque Sábato y Cortázar tomaron contacto con el surrealismo, el autor de Rayuela no se adscribió a la escritura automática, pese a su evidente apuesta por el azar. Su diálogo con el surrealismo es paródico. Más cercana es su relación con la estética de Alfred Jarry.

El insecto, voz en primera persona, es quien presenta al resto de personajes de Divertimento, a la vez que se presenta a sí mismo como un reverso de los otros, situado más en la vigilia mientras los otros, en el sueño. El insecto quiere cortar el ovillo, pero el nudo, manifiesto en el enigma del cuadro, se lo impide. El nudo representa el obstáculo que permanece por más que se corte el ovillo. Los motivos del ovillo, el nudo y el laberinto están presentes en Divertimento —los cuales anuncian el capítulo 126 conocido como “la araña”, que integraba el manuscrito original de Rayuela, pero suprimido por el autor en la publicación, siendo reemplazado por el denominado “el tablón” —así como el de la tejedora en varios cuentos, por ejemplo, en “El otro cielo”. El lenguaje poético de Divertimento induce a leerla como un caso especial entre su obra novelística en directo diálogo con Rayuela. Además, hallamos en esa primera novela un antecedente de las célebres “instrucciones” en el capítulo correspondiente a las instrucciones para ovillar: “Del mismo modo que el ovillo está ahí (o la madeja, su pequeño mar fofo naranja o verde sobre la falda) y vos tirás de una punta, entonces la punta se entrega, la sentís ceder desenvuelta, oh pibe qué estupendo tirar y tirar, sobre un cachito de cartón vas envolviendo el hilo para hacer un buen ovillo sin nudos (...). Perfectamente sacás el hilo y te parece que después de todo el otro ovillo no estaba tan enredado (...)”.

Cortázar terminó de escribir El examen —fechada el 21 de septiembre, día del estudiante— a mediados de los cincuenta. La novela presenta a un grupo de amigos intelectuales, escritores y periodistas, que deambulan por Buenos Aires en la víspera de un examen de literatura al que llegan finalmente a presentarse, pero que no se realiza; una ciudad caótica que se cae a pedazos; y postales urbanas de lugares emblemáticos de la capital como Plaza de Mayo, Colón, el Once, el puerto, la avenida Corrientes, entre otros que, por el modo como se muestran, da la impresión de que Buenos Aires está a punto de ser destruida, “un Buenos Aires que se está hundiendo, que está envuelto en niebla; hay una infestación de hongos, en el subterráneo viven perros, y la gente acude masivamente en homenaje a un hueso exhibido en la Plaza de Mayo”, anota Peter Standish en un estudio sobre esta novela. Las relaciones entre personajes como Juan y Clara, Andrés y Stella, nos remiten a Traveler y Talita, y a Oliveira, Gekrepten y la Maga de Rayuela.

Los juegos de palabras, la libertad formal, las frases truncas, el juego lingüístico del glíglico, la evasión de narrar el desarrollo de acontecimientos y en lugar de ello privilegiar un desarrollo discursivo que no conduce a ningún lugar, percepciones fragmentarias de la realidad al modo de Morelli, prefiguran varios aspectos contenidos en Rayuela. El intelectualismo de los personajes de El examen, sus temas de conversación, los lugares que frecuentan y donde se reúnen también anuncian al Club de la Serpiente de Rayuela. Prevalece el narrador omnisciente en tercera persona, pero varios pasajes podrían ser atribuidos por el lector a alguno de los demás personajes, como sucede también en Los premios (1960) y Rayuela.

Bestiario (1951) y Las armas secretas (1958) son dos colecciones de cuentos que anteceden a la novela Los premios. En aquellos años, Cortázar ya había fijado residencia en París. En una carta a Emma Speratti Piñero, fechada en París al 27 de octubre de 1961, Cortázar manifiesta la necesidad de plantear una visión diferente a la que tuvo sobre la novela hasta ese instante, pero siempre en oposición al realismo. En tal sentido, Los premios se encuentra próxima a Adán Buenosayres (1948), de Leopoldo Marechal, por la imbricación del lenguaje poético en la prosa, como se aprecia en los soliloquios de Persio, personaje de Los premios.

Uno de los escritores más leídos en la década del 40 era Eduardo Mallea, que tiene en La bahía del silencio (1940) a la novela más representativa de aquellos años. Sin embargo, Cortázar se coloca decididamente contra esta tradición. Mallea lucía demasiado serio para el gusto de Cortázar, como un autor que no produjo ruptura; por ello prefirió rescatar a Marechal, quien escribió una novela de la ciudad desde adentro mismo, no desde la contemplación naturalista-descriptiva de Mallea. De otra parte, reconoció su filiación borgeana en lo relativo a la escritura del cuento, y admiró a Bioy Casares, en especial su tercera novela, El sueño de los héroes (1954). Viaje terrible (1941), nouvelle de Roberto Arlt, es otro referente para tomar en cuenta en torno a Los premios; de modo similar a esta novela, en la de Arlt los personajes son puestos en una situación límite en el contexto de un viaje con destino incierto, donde poderes siniestros, invisibles y organizados actúan sobre la voluntad de los individuos.

A través de la novela, Cortázar exploró asuntos distintos a los del cuento fantástico. Mientras la novela fue el espacio destinado a las indagaciones metafísicas, el cuento lo fue para indagaciones terapéuticas. En En busca del unicornio (1983), Jaime Alazraki, uno de los más connotados estudiosos de la obra cortazariana, observa que, mediante la novela, el escritor argentino realizaba una búsqueda existencial, y en el cuento, atisbos sobre sus fascinaciones. No obstante, Cortázar declaró en relación a Rayuela que ésta congregaba la filosofía de sus cuentos, una indagación sobre lo que determinó su materia o su impulso.

Los premios inicia la etapa de preparación de Rayuela. Personajes de distinto estrato social ganan un viaje en barco por una lotería. Desconocen el rumbo, las vacaciones se convierten en un encierro y la solidaridad de los individuos es puesta a prueba. El registro del lenguaje es un indicador asociado al estrato social. Los más pobres muestran un uso limitado, incorrecciones gramaticales, vocabulario restringido, y recurren al lunfardo en cualquier circunstancia; los de clase media, como la familia Trejo, imprecisiones, barbarismos, frases hechas y el lunfardo sólo los varones; y los de clase alta, flexibilidad, conocimiento de otros idiomas, arte, filosofía y empleo del lunfardo de manera limitada. Los de esta clase evitan el contacto con los demás, carecen de compromiso alguno con la nación o la región, son más bien europeizados. Los personajes destacan por un individualismo feroz, una solidaridad transitoria, desarraigo, inacción y abulia. El “no te metás” es la consigna asumida por todos los personajes en distintos grados. Se trata de personajes desencantados e indiferentes ante la muerte y la injusticia, cerrados en torno a sí mismos. Los únicos que intentan romper el individualismo, como el Pelusa y Medrano, se expusieron a riesgos mortales. Los premios reflexiona sobre la inutilidad de plantear metas y de buscar al otro; pero también podría ser leída como una crítica al desarrollismo capitalista y al socialismo poco revolucionario y comprometido.

El ovillo, el laberinto, el ajedrez y la recreación de los mitos fueron también obsesiones borgeanas. No obstante, a diferencia de Borges, quien se repite intacto en sus últimos cuentos, Cortázar trasciende sus propias reconfiguraciones de los mitos evitando caer en convencionalismos. Respecto a la transgresión de las formas convencionales del lenguaje, Cortázar es más disruptivo, y Borges más conservador. Incluso lo distancia del autor de El Aleph la actitud crítica contra el peronismo: Cortázar revisó constantemente sus posturas estéticas y políticas. Vargas Llosa testimonia que el Cortázar militante de los ochenta a favor de Cuba y Nicaragua contrasta con el escéptico político de los sesenta y setenta. El antiperonismo irreductible de Borges y Bioy Casares se opone a la constante revisión de Cortázar al respecto. En “Cortázar y el peronismo”, Eduardo Jozami puntualiza que, contrario a su condición de escritor apolítico, Borges estuvo siempre dispuesto a suscribir iniciativas, declaraciones y textos de explícita condena al peronismo, mientras que el primer Cortázar eligió un perfil más bien bajo, limitándose a entrevistas muy posteriores, cuando ya había modificado en parte sus puntos de vista sobre el peronismo. Cortázar fue consciente de la diferencia entre el contexto de 1973 y el primer peronismo. Pero el entusiasmo que le provocó el peronismo del 73 no supuso la modificación total de sus reparos hacia Perón.

María Elena Legaz sugiere leer Rayuela hoy como los fragmentos del diario de un argentino autoexiliado en París en la antesala al mayo francés, como las memorias de un náufrago transitando entre dos orillas, “la de acá y la de allá”, y las peripecias de los exiliados voluntarios que desembarcan en París, provenientes de distintos lugares del mundo, tensionados entre el multiculturalismo y el etnocentrismo. De mi parte, añadiría que la trayectoria novelística cortazariana desde Divertimento pasando por Rayuela hasta 62 / Modelo para armar traza una teoría de la novela que apuesta por escribir sin garantías, lo cual nos debe seguir incitando hoy, cincuenta años después, a vigorizar una relectura de la novela argentina más influyente en el siglo XX.

miércoles, 19 de marzo de 2014

CANCION DE OTOÑO

CANCION PARA UN MAESTRO JUBILADO - DANIEL ALTAMIRANO.wmv

martes, 18 de marzo de 2014

Diego López - Trémulos...





Diego Lopez
Trémulos parten los temores cuando uno logra vencerlos
impávidas contemplan las lágrimas cuando nacen abrazos
valientes las alas de sueños que anhelan aún desplegarse
sentida es la plegaria encumbrando la fuerza de los credos

Y cuando las fuerzas flaquean… una nueva mirada renace
porque a veces… hay que soltar para volver a encontrarse

Diego López

lunes, 17 de marzo de 2014

Olga Orozco



17 MARZO (1920)
EN LA PAMPA
Nace Olga Orozco
Actriz, periodista, integrante del grupo surrealista Tercera Vanguardia, fue una poeta sobresaliente de la generación del 40. Mereció importantes premios nacionales e internacionales, como el Municipal de Poesía, el Nacional de Poesía, el Gran Premio de Honor de la SADE, el Gabriela Mistral de la OEA, Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes, el de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo, etc. Falleció en Buenos Aires el 15 de agosto de 1999.
http://www.telam.com.ar/efemerides/03/17

sábado, 15 de marzo de 2014

Muda la vana esperanza (estilo) Recopilación: Juan Alfonso Carrizo , Arreglo Atilio Reynoso





http://www.atilioreynoso.com.ar/index...

reseña Biografica de Juan Alfonso Carrizo
http://raicesfolkloreyalgomas.blogspo...
LETRA

Muda la vana esperanza (estilo)
Recopilación: Juan Alfonso Carrizo ,
Arreglo Atilio Reynoso
++++++++++++++++++++
Muda la vana esperanza
muda todo lo profundo
de modo que en este mundo
todo presenta mudanza
Muda el fiel de la balanza
muda el clima de los años
muda el agua desde antaño
por su vertiente menuda
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño

Muda el más fino diamante
de mano en mano su brillo
muda el nido el pajarillo
muda el pensar un amante
También muda el navegante
su rumbo con mucho amaño
y con disgusto tamaño
muda de traje una viuda
Y asi como todo muda
que yo mude no es extraño

Muda en el agreste llano
su guarida el bayo puma
mudan los mares su espuma
muda cabello el anciano
Muda la planta en verano
sus hojas sin grave daño
muda el pastor su rebaño
para ver si dios lo ayuda
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño

Muda el sol en su carrera
cuando la noche no existe
muda el campo y se reviste
de verde la primavera
Muda de pelo la fiera
muda de color el pan
muda el niño ante el regaño
que en su amor vierte la duda
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño.

Muda La Vana Esperanza - Estilo

Musa Peregrina Desde la perla del Pacífico Acapulco,México.






Musa Peregrina
Desde la perla del Pacífico Acapulco,México.


LA MUJER QUE SOÑÉ

Y de pronto una mañana desperté y tu mirada ya no me esperaba al final del día. No se en que momento te perdí o si es que jamás fuiste mía. Este poeta iluso construyó castillos en el aire como un loco dibuja un ápice de cordura por las calles.

Te creí mi princesa, pero nunca te enamoraste de mí y descubrí poco a poco que soñaba en solitario. Y así de un día para otro tu amor se dobló como frágil espiga, ante un otoño inesperado que con su viento feroz arrasó los cimientos de mi mundo de enamorado. Me cansé de luchar como Quijote contra el molino de tu inmadurez que visionó mi horizonte de resentimientos y dolor injustificado. La soledad encontró el refugio perfecto en la novela de mi vida y redactó una despedida con mano fría y tinta de sangre en silencio.

Quise darte todo y compartir el resto de nuestras vidas,pero mi cariño fue en vano... ¡Dios me estoy haciendo viejo, y ya me pesan los años!. Esta noche escucho nuestra canción e irremediablemente la nostalgia me abre los brazos. Duele saber que en cada hoja que cae del calendario escrito está que a los poetas nos está vedado el amor, ese que logre un día despertarnos de la fantasía y que sea la misma poesía quién nos dé su bendición.

Porque no somos terrenales, habitamos en la parte más alta de las nubes y con un manojo de sueños enfrentamos sentimientos inimaginables, como ríos nos vaciamos en cada frase que nuestra alma grita hasta perder la voz y el sentido. Buscamos respuestas llenas de esperanza y al mismo tiempo vivimos tan lejos de todo.

Fue mi error creer que el verde de tus ojos, sería el color perfecto para pintar sueños en común y el blanco de tu alma era la mitad que me faltaba. Y aquí estoy, cautivo entre las mismas cuatro paredes, que observan compasivas mi espíritu cabalgar día y noche en este campo gris de recuerdos.

La luna que madrugada tras madrugada se asoma por mi ventana, sabe que donde sea que miro descubro techos decorados con garabatos de sonrisas, que me inventé en la última rima de unos versos tristes.

Estaba convencido que eras la mujer que caminaría conmigo hasta el final de mis días, el amor me hizo creer que esta vez a mi lado se quedaría, que yo era el hombre de tu vida y tu mi doncella. Fuiste por unos meses el fantasma que vagaba feliz en el hogar que te ofrecí solo a ti,mi adorable prometida...

Sé que un día mi memoria se desconectará,que mi corazón marchará en búsqueda del silencio y mis latidos no serán más. Cuando esto suceda abre el libro que te dí con todo mi amor y en el encontrarás la primavera perdida, ahí eres la flor que le dio luz a mi poesía y llenó de fragancia un instante de mi vida ...

Musa Peregrina
Desde la perla del pacífico Acapulco,México.

Martha Rivera-Garrido (poeta dominicana)!





HERMOSO !!!No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe... No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma. No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música. No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota y no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMAS se regresa".

jueves, 13 de marzo de 2014

DIEGO LOPEZ


miércoles, 12 de marzo de 2014

Diego López - HABÍA...




Había magia en sus ojos… se la respiraba eterna
había fuego en su mirada… se le encendía viva.

Había hambre en sus ojos… avizorando mañanas
había esperanza en su mirada… buscando ayeres.

Hoy… sus ojos se perdieron en las alas de un sueño
hoy… sus ojos se tornaron verso de ningún poema.

Porque mañana siempre serán… ojos que sueñan

Diego López

lunes, 10 de marzo de 2014

RAMÓN DE GARCÍASOL - -ROSA: Un cuarto con Luna Francisco Gago Nieto autor


Estamos en peligro, rosas, hombres, perfume, sol, materia, inteligencia, ciencia, fe, muerte, piedra, gracia, Dios. ¡Ahoguemos a los bárbaros en luces! ¡Avanzad, rosas, hombres! ¡Ocupad el mundo!

Ramón de Garciasol

sábado, 8 de marzo de 2014

!!QUIEN TE AMA DE VERDAD!!

NIDO DE CÓNDORES.flv

viernes, 7 de marzo de 2014

Diego López - Porque





Porque
eres la mano que me acaricia pero también la que me protege
eres el beso que me enciende pero también el que me cobija
eres la noche que me abraza pero también la que me resguarda
eres el amor que me seduce… pero también el que me abarca.

Diego López

Raúl Gonzalez Tuñon - Lluvia (recitado por él mismo)

jueves, 6 de marzo de 2014

ORACIÓN A LA BANDERA ARGENTINA, DE JOAQUÍN V. GONZÁLEZ

José de San Martín- El Nido de Cóndores-Olegario Víctor Andrade-voz-Osva...

lunes, 3 de marzo de 2014

Alondra VALEY - SE ME CAYÓ LA LUNA




SE ME CAYÓ LA LUNA
¡Y no me di cuenta!

Le estaba yo hablando
Y me dijo ¡Te quiero!
Y extendió su estela
buscando el lucero

Me quedé mirando
¡Y no me dí cuenta!
Se estaba despidiendo
¡Una noche sin vuelta!

Observé en sus ojos
hubo lunas marineras
Me borró de su premura
¡Y no me dí cuenta!

El sol se acercó y vino
A traerme la pena
De una luna escondida
¡Que nadie lo sepa!

Ya no recordará
tantas voces trasnochadas
Matará en su soledad
ansias de sábana helada

Y los sueños tan bonitos
¡Eran míos y los daba!
Y siempre triste la luna
llorará bajo las aguas…

A veces yo dí saludo
a su intento de olvidarme
¡Con una lágrima tonta!
que se perdió sin dejarme…
Alondra VALEY
D.R.A.01032014-La Plata

fuentealba por alfredo alcon

sábado, 1 de marzo de 2014

Besos del alma.mpg

viernes, 28 de febrero de 2014

Siete sonetos medicinales ALMAFUERTE leido por MENASSA

Alberto Cortez: Castigo.(Versos de Almafuerte).

jueves, 27 de febrero de 2014

Diego Lopez - PEREGRINÓ...





Diego Lopez
Peregrinó en un tiempo el hombre soportando su cruz
erramos tantas veces cargando nuestro propio calvario.

Conoce de crucifixiones el gay respirando sus silencios
sabe de discriminaciones el distinto ante la ignorancia
lleva un lábaro en su muerte el niño que es abortado.

El que sobrevivió a holocaustos hiriendo sus mañanas.

Conoce de crucifixiones el abandonado hijo del tiempo
sabe de quebrantos la madre que llora por la pérdida
lleva un crucifijo en sus espaldas el obeso que declina.

El que sobrevivió a las guerras devorando esperanzas.

Conoce de crucifixiones el hambriento esperando nada
sabe de tristezas el padre que no puede abrazar retoños
lleva hastío en sus albas la prostituta bebiendo vejaciones.

El que sobrevivió a esta sociedad infringiendo condenas…

Erramos tantas veces cargando nuestro propio calvario
porque todos peregrinamos… nuestro cruento viacrucis.

Título: VÍA CRUCIS
Autor: Diego López
Imagen tomada de la red

martes, 25 de febrero de 2014

El seminarista de los ojos negros ORIGINAL

domingo, 23 de febrero de 2014

Alondra VALEY - ¡TENGO GANAS DE ABRAZAR!




¡TENGO GANAS DE ABRAZAR!

Le dijo un álamo al otro
¡Tengo ganas de abrazar!
aunque Tú no me dejes
mis abrazos siempre están
Y mi cielo me lo niegue
¡Tengo ganas de abrazar!
De aquí te veo siempre
A veces estás llorando
Y otras niegas zozobrar
¡Tengo ganas de abrazar!

Pareces álamo ausente
pero en la niebla te veo
meces tu copa y me rozas
en caricia y de repente
¡Yo te miro y te digo
¡Siempre estás presente!
aunque no lo sepas
tus raíces y las mías
ya enredadas están
Bajo la tierra se saben
no desenredarán…

Dos almas errantes
Son sombras de besos
lágrimas de renuncias
regando el suelo están
uniéndose para siempre…
en nido secreto van
Crecerá el árbol desde abajo
soplando tan solo la brisa
cercanos pasos de prisa
jamás los verán
duermen el sueño del árbol
que el tiempo resguardará…

La tierra quiere protestar
No quiere silenciar…
pero ríen las copas
de solo verla llegar
carcajada de osadía
¡Magia querer acallar!
y no se atreve viento iluso
bajar para investigar
Cadenciosas las raíces
entrelazándose están
No quieren ser presumidas
les basta con enlazarse
La vida es poquita cosa
Si la vamos a tirar
Sacudiendo la rosa
Fuera de su rosal
La verdad esta en la esencia
De nunca volver a llorar
sus pétalos tener que juntar
ni negar la realidad…
¡Albricias canto a la vida!
Pero déjenme llorar
Conjugar el silencio…

¡¡¡ Tengo ganas de abrazar!!!

Alondra VELEY
D.R.A.0123022014-LA PLATA

sábado, 22 de febrero de 2014

Diego Lopez - Puede el camino volverse tan angosto...




Diego Lopez
Puede el camino volverse tan angosto como empinado
puede el vacío querer arrojarnos hacia nuestro abismo
puede la distancia convertirse en eternas lontananzas
puede el silencio susurrar los acordes de las soledades
puede el cordel cansarse de hilvanar lágrimas vejadas
puede el invierno nevar las primaveras de tus anhelos
puede el firmamento acariciar la desnudez de tu brisa
puede ocurrir la nada de tu todo… y el todo de tu nada.

Puede la esperanza volverse sueño del alma… siempre.

Diego López

jueves, 20 de febrero de 2014

Alondra Valey - No tuve en cuenta…





mis flores


No tuve en cuenta…

¡Qué nada fue para siempre!
aunque presurosa guardaba
gemas y piedras preciosas
en el estuche sin tiempo…

Llegaron ventiscas del nada
y soplaron con empuje
tal si ya fuera sencillo
alcanzar el sol en la noche

Vinieron para abrigar
con ternura amanecida
perdidas en las caricias
de mirada entristecida

Velos de cercanías
con amor y sin reproche
como niños asustados
desafiaron los fantoches

Brillos de piedras de luna
en amalgama de sol
cariño, besos, solo eso…
¡Y el final se presentó!

Las palabras fueron trinos
de pájaros que piaban
unos bebiendo del charco
y otros se picoteaban

¡Quién naciera en un nido!
Para ser ave y cantar
¡No morir en el intento!
Ser caricia sin lamento
¡¡¡Y salir a volar de nuevo!!!
Alondra VALEY
D.R.A.0120022014-LA PLATA

miércoles, 19 de febrero de 2014

EPISODIO 20 - MACEDONIO FERNANDEZ- FIN



EL TONI


EPISODIO 20 - MACEDONIO FERNANDEZ

Lo que sólo deben saber quienes esto escuchen

Seré el primer perorador que secreta con el público. Pero se entiende que al secreto que voy a confiaros no le haréis dar una vuelta tan grande que me alcance de retorno y me lo cuenten a mí mismo en el bar de allí enfrente, que es el de mi séptimo café de la tarde.
Los consagrados artistas que acaban de exponeros elogiosamente mis méritos han tenido razón. Bien sabía que para escribir ¡como yo escribo! debe tenerse quien nos dé de palos si escribimos mal. (Felices los lectores, ellos no me leyeron a la fuerza, como yo compuse, y mis libros están por venderse.) Por eso nos lastima mucho pensar en el destino de los que fueron universalmente señalados en el escribir bien: Quevedo, Poe, Cervantes, Steme, hoy mismo Kafka, Rilke, Supervielle, pues sabemos que alguien seguramente los esperaba, o los espera, en su casa, con un ceño y una ronquera terribles, si vienen del escribir mal.
Ahora el secreto. "Si Juanita no retorna mañana antes de las 8, pasado mañana la caso a la fuerza con su novio si hay registro civil. ¡Pero si hay todos los días registro civil! Lo malo abunda." (Aquí el autor parece que ya sabía que se iba a equivocar porque habría de sacar un papel previstamente confundido. Y así, leído en alta voz ese papelito, seguiría impávidamente improvisando sin ése ni otro apunte.)
El secreto que iba a deciros, bien lo recuerdo, es éste: los consagrados artistas que han encomiado en este acto mi figura literaria, bien saben por qué lo han hecho, bien sé yo la carga que comienza para mí ahora que han terminado la suya.
Con el uno, me comprometí a que poco tiempo después de este elogio lo libraría de una vecina de balcón de enfrente de muy desairada persona que lo saetea con miradas, lo molesta con llamadas telefónicas y, en suma, todo lo hace menos ser bonita en su balcón. Con el otro, me obligué es empleado público importante a procurarle certificado médico mío para toda inasistencia que le conviniera justificar en su oficina; es sabido que nadie hasta hoy ha conseguido la condescendencia de obtener tal certificación de ninguno de los abogados de Buenos Aires: podéis, por tanto, juzgarla de preciosa. (Os dejo con lo que tampoco yo pude averiguar: por qué los abogados no otorgamos certificados médicos.)
Con un tercero, me sometí a un pedido que me pareció muy raro: que usara siempre paraguas nuevos y lujosos y que con ellos concurriera todos los días de lluvia a su casa. Me imaginé que había elegido esos días para sus reuniones y quería ostentar no que en su casa también llueve como en las demás, lo que quizá algunos no le creerían, sino que tiene amigos dueños de ricos paraguas; se lo prometí. Mas parecía tener algo más que pedirme..Así es que me exigió también, y lo acepté, que en el momento de retirarme de cada una de esas visitas olvidara mi paraguas, por haberles dicho a sus amigos que él conocía al hombre más desmemoriado del mundo; y yo debía ser el amigo que era, al mismo tiempo, el hombre más desmemoriado del mundo.
Ya ven lo que he perdido por obtener el favor de opiniones sobre mi inteligencia; se le caen a uno del alma hasta las ganas de vivir mucho tiempo; poetas que sientan en pureza la poesía de la lluvia son muy pocos: lo que los más sentimos es el exquisito egoísmo de oír lluvia en nuestro techo en el día en que los otros la soportan por la calle, y yo quedo comprometido a dejar mi techo por el ajeno, para la música de lluvia, y ser transeúnte bajo el chaparrón. Y además, a olvidar un buen paraguas comprado para una sola vez, como cañón Bertha, en cada día de lluvia, sin contar mudarse del ser envidiado al ser compadecido, cuando llueve.
Y así, para cada uno de estos notables artistas me he obligado pesadamente; por tanto, mi deber de agradecimiento, que hondamente siento y acato, es para con nosotros, el público, único no sólo exento de todo interés, sino exento también de toda escasez de tiempo, pues que ha acudido aquí por un par de horas.
Para despedirme, voy a exponer una sintética confrontación entre la poesía de las grandes almas no literarias y la de los grandes artistas; o sea, entre lo estético artístico que hay en muy pocos y lo ético que hay en muchos.
Ramón Gómez de la Serna dijo, captando una exquisita sensación decorativa, un resorte urban¡artístico, que en los galgos de bronce del trayecto a Palermo (que han gustado tanto) se daba a Buenos Aires la más decisiva nota de empaque de gran ciudad. Le opongo la respuesta de una sensibilidad femenina de suprema percepción emocional: "Pues esos galgos me dieron pena: no pude sentir su belleza ni la resonancia ornamental o significativa que dispensan a la mole urbanística, porque lo que me conmovió contemplándolos fue el desesperante nada sentir de esos perros de metal, tan gráciles, que no tenían ni la vida de los pastitos que pisaban en su aparente correr."
¿Haría Gómez de la Sema la comparación justa entre ambos diferentes impulsos interpretativos del sentimiento?
Propondría a ese inmenso poeta, todavía, que se enfrentara el problema emocional (de Gusto), de cuál sería en él, cuál debería ser en el mayor poeta, la emoción de perfecta justeza ante un espectáculo que la misma mujer presenció. Habiendo llevado un nido a un deslumbrador circo, fue presentado en la arena un elefante pruebístico al que en el transcurso se
le hizo erguirse sobre las dos patas, con lo que se vieron en su vientre unos letrerones con una propaganda sobre el mejor jabón de Buenos Aires. Se sublevó su sentimiento ante el humillante uso que se hacía de animal tan consagrado convivente con los humanos de todo el mundo, tan legendario; sintió hasta las lágrimas la sorpresa de tal insensibilidad hacia aquel pobre ser tantos años mansamente mártir de los fieros aprendizajes de circo.
¿Qué habría sentido Gómez de la Sema de esta villana ridiculización?
Un ilustre tercer caso: alabóse a Wordsworth por haber dicho: Me repugnan las cópulas de las moscas en vuelo. En cambio, una hermosa argentina, no obstante su vejez, la pobreza en que había caído y el largo martirio de una parálisis que la tenía siempre en cama, decía: Me gustan las moscas, las moscas son alegría.
¿Quién de ambos poseía más imaginación y poesía en el alma?
Yo quiero decirle a este público generoso, que tampoco consienta que en su espíritu ceda la piedad a lo artístico, sino que se fíe y afirme en la impulsión ética aunque ejercite su percepción y su sensibilidad al par en la estética.
Aferrémonos a la piedad y entonados por ella el goce de lo bello y de lo artístico lo disfrutaremos con el sentimiento aditivo de merecerlo.

Le di al Editor en un solo libro 10 oportunidades de páginas en blanco: quedó tan enamorado de esta liberalidad con él que, metido en ánimos, previno a toda su clientela que su imprenta no aceptaba sino libro con 10 o más páginas en
blanco. Sabido es que éstas son las originales páginas de editor en todo libro de páginas de autor.

Brindis, en homenaje a Jules Supervielle, por Recienvenido de Hace Rato

Días antes de conocer, después, como es discreto aparentarlo para viajes impensados, la gira que improvisó poco a poco, agenciándose una por una, lo mismo que exige un viaje muy pensado, las mil cosas de una salida de lugar (menos su necesidad, su "¿para qué?"), el ilustre literato que está practicando la recienvenidez con la a todo recién llegado preexistente Buenos Aires, la ciudad en todo tiempo infaltable a quien desembarca, la única ciudad con presentimiento del Perpetuo Viajero y que con la más delicada cordialidad que una ciudad imaginó, se da preexistencia en obsequio de él, se adelanta al recienvenir de todos dándole el sabor de un permanecer, y así ha hecho millones de permanecedores que venían con el algo despectivo "de paso".
Por lo menos sabemos que días antes de empezar a saber, como todo el mundo, el impreparado viaje que preparaba (poco a poco) el poeta Supervielle, cuyas obras le han hecho de imposible incógnito pero no de imposible improvisación de viajes, como se ve, yo preparé estas prontas palabras tan desprevenidamente que nada de lo que en ellas digo lo había conseguido pensar en el "momento antes", y en esto es tan adecuado como un buen libro sobre la pampa en un poeta francés nacido en el Uruguay, que la busca en Buenos Aires.
Por lo que resulta que la muy alegada por Inglaterra "unpreparadness for war" está en auge de imitaciones en las prolijidades previas de todo viaje y de todo brindis improvisados. Esa "impreparación" no se vio y se pareció .odas las inexistencias son igualesal cuño en que Alemania, después de esa guerra, pensaba moldear las ningunas ganas que tenía de pagar su nunca paladeada Indemnización de Guerra.
Es todo lo que dije y hoy evoco, con las gratas horas y la gran figura de la imprevista demostración que combinó el querido Evar Méndez incansable en admiraciones y certezas, a la llegada de Jules Supervielle, que es hoy un universal a cuya gloria modesta y plenamente añadóme y entonces sólo Méndez lo conocía quizá profundamente. Es una originalidad total, en una impresión, como actitud de poeta, sin ninguna de las repicadas rutinas de la literatura y desdeñando originalidades de menudencias. Es una extraordinaria Simpatía que no se resiente de la mínima dificultad de exposición.


Imaginario brindis a Alejandro Sirio

Aunque lo pronuncio con S ya que no he nacido ceceoso a la española y como algunos campesinos de Buenos Aires lo admiro a Alejandro Cirio, pues vi desde temprano que era una de las personas con quien la comparación de favorecimientos personales me era más ventajosa: era más bajito que yo, menos existente, más grueso, no entendía como yo de música, en metafísica no había para qué esperarlo en ninguna esquina y además no había conseguido lo que yo sí, lo que pocos tenorios seductores han conseguido: que ninguna mujer se meta con uno.
Estas superioridades duran, pues no creo que vuelva de París más alto, más delgado, más exento de ser, más músico, más metafísico, más ininterrumpido por mujeres que yo.
Por eso no he faltado a este desayuno y concurriré al banquete que se anuncia, el banquete de comer que me dicen va a estrenarse por fin. Además, tengo afán de presentar en dicho banquete los dos menús que he combinado y que faltaban: el de la comidita de prudencia que nos dan previamente en casa si esa noche hemos de asistir a un banquete y el de la comilona para dos con que debe reconfortarse a ambos contenedores de un duelo a muerte, que después de una emoción tan grande necesitan restaurarse más que nunca: el anormal apetito de los sobrevivientes es muy conocido y ha sido celebrado y detallado en todas las novelas de aventuras, tan novelescas.
Brindo corto con brindis de desayuno y reservo el de comer para su largo ocurrir anunciado, y me declaro su igual en Dibujo, pues si bien él es pleno dueño en el exquisito arte yo soy por entero dueño de mí mismo ante la más suprema obra del genio plástico: con telas y dibujos no entiendo ni siento y también en este renglón se mantiene la comparación con él, ya aludida, y continúa mi admiración personal de él.
He dicho.

Sirio agradeció y observó: "que era profundamente certero y admirativo este brindis en que M. F. me alaba por serle yo inferior en todo y hace un esfuerzo meritorio por pronunciar bien, y lo logró, el apellido mío que conoce mal. Agradezco a este banquete la oportunidad que me hace sabedor de contar con tan cálido y prolijo amigo".

Si hubo burla en esta incisiva contestación a mi brindis tan cordial, yo todavía lo ignoro. Y no deteniéndome a hacer el "quisquilloso", aludo al querido Alejandro Sirio , el insuperable señor del Dibujo que compone sus estampas con las líneas mismas de la divina Lluvia.

(Supe del banquete al artista tan estimado hallándome lejos y quise brindar con él en tan justo homenaje. No pudo ser; y hoy por fin cumplo en expresarle no un juicio sin competencia sino la simpatía que me inspiró, como a tantos su hidalgo trato.)

EPISODIO 19 - MACEDONIO FERNANDEZ




EPISODIO 19 - MACEDONIO FERNANDEZ




Brindis a Leopoldo Marechal

El principio del discurso es su parte más difícil y desconfío de los que empiezan por él.
El presente es trémulo porque es viejo; fracasan los que en él hagan cualquier cosa; en cambio, dejado para otro día, fue el método de celebridad y poder de todos los expectantes y silenciosos. Nada empecemos hoy, que el porvenir está lleno de cosas hechas, tan preferibles, y debe estar muy cerca ahora, después de tanto Pasado.
Explicaré mi arrepentimiento de cuanta cosa empecé antes del porvenir: ves o cuatro brindis marrados que yo calculaba me dieran más aplausos en unos minutos que todos los aplausos de llamar al mozo que ha oído un mozo de bar en treinta años de atencioso servicio, aunque se le añadan (esto es propina) los aplausos de matar polillas mientras vuelan y los aplausos para ahuyentar gallinas de un jardín me hicieron abusar del pensamiento, hasta descubrir que esos cuatro discursos no sólo comenzaban sino que presentaban el principio de la mala ubicación, delante de todo, antes que el público se acostumbrara. (Brindis a los que se reconoció, sin embargo, el mérito de un estilo tan continuado, o personal, mío, digamos, que podían oírse de espaldas por los que se iban retirando, y continuarse indefinidamente mientras alguien no encontrara su sombrero.)
Corrigiendo estas contrariedades, en ocasiones posteriores, rogué al público continuar atendiendo hasta oír el principio de mi discurso, lo que lo ilusionó alegremente. En fin, en un reciente ensayo lo suprimí del todo y en la emoción de ensayar me olvidé de todo lo demás y me senté. La concurrencia, enamorada de la intención que me supuso de inaugurar la nueva era del concluir de comer sin dificultades, aparentó no haber oído que yo no había dicho nada y declarando que nada confuso tenía mi brindis, ni preocupante o flojo o desigual o que no se entendiera del godo, aplaudió como para dar ocupación a todos los mozos de bar no llamados en un mundo de bares abstemios y vegetarianos. No soy tan impresionable como el habitante que se resbaló del mundo, cual si le hubieran hablado de cáscaras de bananas, cuando le dijeron de golpe que la tierra era redonda; mas me siento triunfante por haber concluido no sólo con mi carrera de orador que no para, sino con la de orador confuso, en la que entreveía un porvenir claro y sin trabajo ninguno, porque me era innata la facultad. He nacido con las "líneas ligadas", en casa de una telefonista, frente al abonado "equivocado", e inventé el brindis "que no funciona", ovacionado final de mi carrera de inventor, que me compensa de haber llegado tarde a este mundo y con el candor de creer que vendería millones de mis aparatos para postergar rifas, cuando ya nacen hoy con dos delanteras de aplazamiento y la de cuarta postergación está adelantadísima ya en taller de Alemania, haciéndose en el mismo molde donde se moldeó la intención que tiene Alemania de pagar la indemnización de guerra de 1914.

Querido gran poeta Leopoldo Marechal: lamento haber contado cosas tan malas del presente y de que hay que apagarlo, con ventaja segura, cuando nada declara más a un poeta, y es en vos un signo constante, que la certeza e interlocución con el Hoy, único modo místico y estético del tiempo. El hoy ha sido lleno para todos y es por una degradación de espíritu, cuyo manantial no logro descubrir, que por una parte la inclinación histórica y por otra la ideología banal del Progreso, dos perversidades de difícil explicación, nos hacen suponer más plenitud del Hoy de los que nacerán ulteriormente, y una pobreza del Hoy que poseyeron los hombres del pasado.
Vuestra poesía, entre nuestras numerosas empresas estéticas de hoy, palpitación de una busca ardiente y penetrante de Arte que me exalta, me pone más que ninguna ante la evidencia del goce espiritual y la oscuridad,
en mí, de su teoría. Aunque cada vez se me paraliza más la interrogante estética, creo que en vos se decide, aunque no se colme todavía, la inquietud profunda y el operar continuo de las almas artistas de Buenos Aires.
Perdonadme, Marechal, la pobreza imperdonable de estas vaguedades en mi posición mental ante la belleza que realizáis, que no excluyen, aunque no decoran, la certeza del placer que generasteis para nosotros .


Brindis a Norah Lange

No siempre venimos preparados para improvisar esto no sería nada, pero tengo otra dificultad que luego se dirá, pero lo haré (aunque tuve aviso con tan poca anticipación) si es que condescienden a una manía que me domina en momentos así; nunca se ma ha visto improvisar de otra manera.
Todos los trabajadores artistas han mostrado antojos raros en sus horas laboriosas: Víctor Hugo, que escribía un libro por año, no se sentía fuerte para comenzarlo hasta que no había concluido de vivir todo ese año sin pensar en nada; Núñez de Arce no tomaba la pluma sin ponerse... mal escritor al punto, lo que explica por qué escribía tan bien; Balzac no empezaba a escribir sin tener cerca de sí la ausencia en viaje a Europa de su suegra (ya se entiende que el viaje a Europa de una francesa es venir a la Pampa); Colón no descubría continentes, o lo hacía enteramente de mal humor, si no se los ponían por delante impidiéndole seguir la redondez hasta el Asia; lo que hubiera a derecha o izquierda no lo descubría; a Gautier el vacío en la cabeza era la sensación sin la cual no podía llenar la primer página (la vez que se inspiró más fue citando supo que la sociedad de críticos parisienses, estafada por un rematador, había comprado para su balneario una isla de antropófagos); y el ocioso Byron al comenzar a trabajar no hacía nada: pasaba tantos años sin reflexionar en cosa alguna que cuando quería retratarse no acertaba con la postura de pensar.
Yo no puedo improvisar sin ponerme los anteojos de leer y sostener una hoja escrita delante: la seguridad que siento de no decir nada imprevisto, de compromiso, me da inspiración.
Si yo dijera todo lo que de encantadora tiene Norah Lange, si hiciera conocer qué sentido de la vocación de sensibilidad hay en su trato personal, qué elegante es su línea lanzándose del diminuto pie a esconderse en el nido de su cabellera metálica, el vuelo expresivo de su querida fisonomía, lo que hay de leal en su amistad, lo que hay de medido y de sin freno en sus andares, sus conductas, sus prudencias de hacendosa y ahorrativa, su mansedumbre ante una existencia de labor insípida obligada, su alegría merecida del sábado y el domingo libres, sus desprendimientos de dinero, de su dinerito tan contado y menudo en su carterita, ante una lista de colecta en obsequio de algún compañero de arte, sus despreocupados ímpetus y alegrías en la bohemia; si yo dijera cómo la quieren Evar Méndez, Scalabrini, Galtier, Bernárdez, Borges, Marechal, Xul Solar, y... (no es éste el momento, ante tanto rival, para una "declaración" mía; y además Norah me dijo hace tiempo, la primera vez:
"Vuelva usted cuando tenga veinte años menos"; ¡cómo me conoció el defecto! ¿Por qué me quedé tanto tiempo habiendo tanta luz, hoy que se abusa tanto de la iluminación? Y además, ¿dónde no estará iluminado si está Norah? No fue exigente, sin embargo: solo veinte años menos. ¿Cuánto tiempo necesitaré para retrasar veinte años?
Si yo descubriera toda la grandeza sumisa que hay en su vivir y en su afecto hogareño y práctico y el contraste con su voluntarioso espíritu en el arte y en la bohemia, ¿quién no me pediría aquí mismo su mano, confundiéndome con su papá por lo mucho que ostento conocerla?
Sería una mala chanza pedir que la dé a otros si para mí la quiero y tengo una promesa tan positiva.
Querida Norah, discúlpeme: pero comprendo profundamente su suave ser y le deseo con todos los que la quieren visiones de arte y de pasión siempre cerca de su vida; y paciencia conmigo, que hago progresos: ya he comenzado a atrasar años y no volveré por su promesa con falsa cuenta saltando ninguno, ya que me falta muy poco para que me falten todos los veinte.


Brindis a Sealabrini Ortiz

Aseguro, señores, que contemplo tanto y poseo tan poco las dotes de orador, que daría la estancia de cualquier ricacho, sin considerar su valor y haciendo el gran esfuerzo de desprenderme de ella, por verme aquí improvisando con esa desenvoltura de un magno paquete de Gath y Chaves caído al suelo desde la vertiginosidad de un ómnibus.
A lo largo del vivir he simplificado, llevado al mínimo tantas cosas, que las he hecho casi tomar contacto con su propia inexistencia, como le pasa al programa de Carlos Marx tratado por algunos partidos socialistas contemporáneos. Por ello he considerado que sería un deber en este brindis proporcionaron una muestra de mi facultad de simplificar, si el hecho de hablar en público por primera vez no me turbase demasiado.
Y empegaría esta muestra de mi experiencia en sencillez diciéndoos que soy el diestro único que concebí en política una revolución tan simplificada que dejara las cosas más igual que antes.
Así con el afeitarse: suprimí primero, la escobilla, luego procedí sin espejo, sin alumbre, sin polvos, sin balconcitos rosados de sangre en una y otra mejilla llamados tajitos, habitualmente creídos tan necesarios; sin talco, sin jabón. Faltándome todo, me afeitaba tan fino que ninguna persona llegada a las dos horas advertía que yo estuviera recién rasurado.
Era la rara perfección de hacerlo forzando el método de supresiones hasta la lisura de lo indiferenciable.
En materia de longevidad, he simplificado tanto mis pretensiones que "un día siguiente" es toda la prolongación que pido de mi hoy vivir. Es cierto también que he introducido una complicación, pues sostengo que el día de trabajo, después de un día de fiesta, no debería venir tan de repente. Que empiece el día de trabajo en cualquier día pero nunca tras un feriado.
En cuanto a mi colección particular de cuadros, pasé de los óleos y acuarelas firmados a las ilustraciones de revistas y a los cromos, y en fin, hoy mi Sala de Pintura está constituida por montoncitos, manojos de papeles de colores suspendidos en todas las alturas.
Otra simplificación que ha sido apreciada como digna de difundirse, y muy práctica, es la que apliqué a ciertas comidas y combustibles. Empecé como todo el mundo haciendo un cordero al asador con cocinero y mucho fuego, y he llegado a hacerme un asado a la llama de una vela y un bife o costilla a la de un fósforo.
Queda con esto de manifiesto que es mera amabilidad del persuasivo autor de "El hombre está solo y espera" su declaración atribuyéndome influencia y estímulo sobre sus obras y su espíritu. Creo que ha sido mayor su influencia sobre mí en todas sus penetrantes ideas de psicología social porteña, pero, desde luego, ven ustedes, manifiestamente, que mi idiosincrasia simplificadora no lo ha tentado para nada, pues llega a la 5ª edición sin omitir 2ª, 3ª ó 4ª.
Ahora me digo yo que sólo gusto de las innovaciones que simplifican, si lo que ha hecho Sealabrini, esperando el agotarse de cuatro ediciones para imprimir la quinta, no es innovar hacia una rutina; ¡para qué complicar las cosas! Estábamos tan bien con una edición primera, última y quinta al mismo golpe, sin insistir por un primer lector que se comenzase, que se decidiese. Lo que así ha hecho es una innovación que incomodará mucho en adelante a los que numeramos nuestras ediciones conforme a lo que debió ocurrir, no a lo que no principió a ocurrir.
De hoy en adelante tendremos que regalar cuatro edicones para vender la última. Hemos perdido una simplificación preciosa. Con el calificado ejemplo de Sealabrini Ortiz hemos perdido, sí, una de las comodidades deliciosas del no haber ciertas cosas. Había, señores, según mi catálogo, tres cosas que no había todavía, en la vida literaria y periodística, haciéndola tan placentera: el reportaje con reporteado, la improvisación de repente y las ediciones agotadas. Tratándose de un amigo tan querido y tan artista, felicitémoslo en este mes de la de Dos Millones , de que no sea de otro sino de él la suerte de habernos hecho
tanto daño. Conviene, de paso, recordar que los libreros y editores han logrado el razonable absurdo de que luego de "agotado" es que los libros se venden más, por ese prestigio envidioso.
Me despediré con algo personal y oficioso. El primer poema y ensayo de lo porteño, que tenemos por inspiración de Scalabrini, nos convence de todo, pero no habrá entre nosotros quien imite su revolución edicional. A menos que ustedes quieran adherirse a algo que propondré. Yo no creo mucho que la Literatura del pasado sea belarte; obra de prosa artística en género serio no ha abundado. Para que acabe de faltar a la humanidad una genuina belarte de la Palabra, para que aparezca, por ejemplo, la primera novela buena, es preciso que se escriba la última mala. Escribámosla nosotros, alguno de nosotros. Yo no creo que, aunque seamos muchos, haya por falsa modestia o por tenerse poca fe quien dude de poder escribir la última novela mala. Yo ayudaría principalmente, pues su ausencia quizá está estorbando sacar la que alguien puede tener lista del todo primera novela buena, de genuino y severo arte, sin una primera, ni ésta sin una última del género de la novela mala .
Hay que darse conciencia de esta responsabilidad. Si hay perezas y dudas, aunque todo el talento, supliendo vuestra inercia yo haré una mía, y ésta será mi tarea de ese año. Yo entrego mi novela como la última mala, bajo el compromiso de que otros aquí prometan la que la haga última de lo malo, la verdadera Novela ¡por fin! No sería cauto que yo escribiera las dos; podrían confundirse y tomarse por última mala la gran novela comentadora.


Cómo pudo llegar el caso
de un brindis oral de faltante

No es éste el brindis desmontable de mi invención, ha tiempo patentada, ni "el de otro banquete" que barnizado se aprovecha luego por segunda vez. Este no es, tampoco, el brindis aprovechado ahora clandestinamente, de faltar a otro banquete, al que llegué tarde y a otro restaurante, y el día antes, caso de puntualidad relativa, disminuida por exceso, en el que comprendí que el campo de la impuntualidad no está solo en lo después de lo puntual, zona de lo tardío, sino en lo prematuro, zona del "estar verde" todavía. (Y no recordaré aquí la conducta sensata del hombre que no faltaba a ningún entierro, extrema diligencia en esto que admiraba a todos; y requiriéndosele para que explicase cómo había sido siempre tan puntual, manifestó que lo era en todo sepelio de otros para que en agradecimiento de ello se le disculpara si por acaso llegaba tarde al propio, pues, dijo, sólo se permitía ser perezoso en cosas propias.) Sin embargo, quizá, con mi ir el día antes, conseguí un resultado perverso de despojo de la puntualidad ajena, pues hice al momento inasistentes a todos.
Pero, como digo, no es éste ese brindis; ahora es el profundo desahogo de haber faltado a todo aquello a que asistí, por mi condición delgada y pequeña de físico, de inadvertible, a quien por extraña arbitrariedad no le fue dada nunca la presencia completa, haciéndome el perpetuo impresenciado; mi minusculidad hízome parecer en cualquier lugar que no estaba allí todavía, como un existente con pero, un "ya, pero", siempre un "recién" de llegar de la Nada; aún menos que llegar: un no quedado en la Nada, llegar es demasiado positivo.
Así como nadie, aunque sea alguno, despiértase sin creer haber estado despierto algo antes obsérvense ustedes y lo notarán así: es estrictamente psicológica la impresión en todos los despertares de haber estado despierto desde unos momento antes. En estado de expectativa de un hecho cierto ocurre también lo mismo: noten ustedes que cuando se aguarda, preocupado, un llamamiento telefónico y oímos sonar la campanilla, parécenos que desde algunos segundos antes ya la estábamos oyendo, así yo no conseguía empezar a estar presente, ni más ni menos que les ocurría a los primeros trenes, tan lentos y torpes, que hasta después de un rato no estaban en la estación a que habían llegado. Advertía siempre que había en torno m ío incredulidad; amable pero incrédulamente se me recibía siempre; a veces, el que me saludaba y me tendía la mano creía estar en el ridículo de hablar y gesticular solo, y para disimular su confusión se dirigía a los circunstantes alegando que había intentado cazar una polilla, lo que aumentaba su ridículo porque es sabido que las polillas se cazan con un aplauso de dos manos, a diferencia de los mosquitos que se matan sin aplaudirlos, con una sola mano.
Las presentaciones son mi tortura; y mi envidia de toda la vida es la obesidad de todas las cosas, el extravolumen que, por contragolpe, hacía comparable, como veis, a una presencia de polilla la mía.
Sin embargo, mi educación, mi ambiente, mi género de vida, mi inadvertido género de vida, me habían hecho extremadamente sociable, con horror de la soledad, de la cual, empero, no podía escapar ni en compañía. Todos estos sentimientos y resentimientos de esta terrible negación del destino para acordarme presencia, calidad de concurrente, como cualquier mortal, me han constreñido a este desahogo en que hago la oratoria de un faltante irremediable. En mi condición de inadvertible, pues ahora pienso que vosotros no me advertís y me resigno a este irremediable mío, concluiré diciendo: Señores obsequiados y señores invitantes al banquete cuya circular he recibido: siéndome imposible la presencia, por causas misteriosas que nada tienen que ver con la falta de puntualidad de la planchadora en traerme la camisa recién planchada ni con la perversidad del objeto: el botón que se ha corrido debajo de la cama, sino con una puntualidad de faltar adherida a mi vida con misteriosa inherencia, os ruego disculpéis mi inasistencia al homenaje a que me he asociado de todo corazón, perdonándome plenamente como si hubiera alegado no poder asistir a él por no tener noticia alguna de tal homenaje o por haber llegado tarde a la verdad que trae en horario aquí.
Lo más concentrado de lo doloroso de esta preocupación de no tener presencia en un mundo en que la hay hasta para la "presencia" de ánimo, es la imposibilidad deprimente de lograr alguna vez "estorbar" algo a alguien. Sólo me han halagado las situaciones, en fiestas de convite y danza muy concurridas y agitadas, que me deparaban los atareados mozos, justamente exigentes e irritables que cruzan entre movibles parejas y mesas apiñadas con la abundante todollevabilidad de su luciente bandeja cargada de fragilidades e inestabilidades, temblorosa de líquidos en vasos estremecidos, indicándome con un violento ademán apartarme y no molestar. ¡Molestar a ojos vistas, en un inadvertible! ¡Qué buen recuerdo y amistad guardo a los mozos de mal humor!

HORACIO QUIROGA. LA TORTUGA GIGANTE .(CUENTO COMPLETO)

EPISODIO 18 - MACEDONIO FERNANDEZ





EPISODIO 18 - MACEDONIO FERNANDEZ

Modelo de disculpas
para inasistentes a un banquete

(Demostración a Dardo Salguero Hanty)

Solicito se me pida tomar la palabra sin anular mi condición de inasistente que se disculpa apuradamente, pues me toca faltar, decir la disculpa e irme, todo en los cinco minutos reglamentados del estar sin asistir.
Hace algún tiempo en las reuniones (de varios) que teníamos, Eduardo González Lanuza brillaba por sus improvisaciones no sólo de dicciones o invenciones poéticas sino de ingeniosidades humorísticas; sabíamos que tenía un gran libro, casi hecho: Las 60 fórmulas del quedador de bien, y cada vez le requeríamos algunas. Había alguien más conmovido por ellas, quizá, que nosotros: un agente financista que, para decirlo de una vez, se hipnotizó de tal manera con el arte de la Disculpación, que nadie llevó tan alto, de González Lanuza, que instaló un negocio de alquiler de trajes de rigor para faltantes, inasistentes, a cada uno de los cuales acompañaba una foja con 20 de aquellas fórmulas.
Yo vengo en un traje de éstos y adopto esta fórmula, buena para el caso de comida a dibujante: "Señor pintor homenajeado: el retrato mío que trazó su mano me da tan completo que aparezco con los diez años que me faltan hoy para cumplir los sesenta y que tenía, es cierto, cuando usted me tomó en brazos para el Dibujo, pero un peluquero no menos completo me los afeitó luego junto con barbas y melena, que eran las que habían cumplido los sesenta. Sería expuestísimo para la seriedad de su reputación que en una "exposición" de sus telas tenga hechos públicos mis 60 y aquí aparezca con 50. Me dirían `Vuélvase a su casa' (hay que creer que la tengo y, cuando retorno del Centro con muchos paquetes, me tratan con amabilidad; ahora más, que saben que soy el original de su retrato)".
Y bien: me voy con apenas tiempo de olvidarme el paraguas a la salida...
¿Y ahora? Olvidé mi paraguas y heme aquí, pero vuelvo con un chiste también bueno.
Vuestro banquete, gran dibujante y encantador amigo Salguero, será memorable. ¿Por qué?
Porque si hubo quizá una catástrofe tan completa que hasta los sobrevivientes perecieron, de vuestra fiesta se dirá: fue tanta la concurrencia que hasta los inasistentes estaban.
He dicho.


Brindis a Marinetti

Señoras y señores de este público amigo; celebrado novador Marinetti, usador, por ingeniosos destiempos, de esa vasta Tardanza llegadora: el Porvenir, del cual sois el primer memorista conocido:

Os pedimos, señor Marinetti, justifiquéis el uso de la lengua nuestra
en la sesión que, por vos, es ya hoy mismo porción memorable del futuro, pues si bien los argentinos notámonos de poliglotos cualquier niño nuestro, sin dificultad, sabe oír cuatro idiomas, aunque de éstos alguno sea extranjero el lado de hablar, de los idiomas, no nos es tan liso; y si yo me pusiese en el apurón de un cómodo esfuerzo por hablaros en italiano, quizá os notaríamos poco preparado para entenderme; falla que, en tan insigne prosista itálico, no debe hacerse visible por culpa nuestra. Además, pareceríamos nosotros los viajeros, si no usáramos del castellano ahora, como si envidiosos quisiéramos también brillar con la siempre interesante transeúncia, que hoy y aquí a vos sólo toca lucir.
En cambio, señor Marinetti, os aseguro que nuestro público comprende el italiano mejor que otra cualquiera lengua extraña. Además de que el italiano y el español, únicas de que el Silencio está celoso, representan el más alto grado de la articulación verbal; por su íntima consonancia con el afán humano de la comunicación, puede decirse que se hablan ya comprendidos y, aún, que cualquier otro idioma puede hablarse en italiano y en español. Son las mejores lenguas para viajeros frenéticos: éstos, a menos que en el furioso impulso de viajar se hayan salido del planeta, comprueban en todo lugar, aun mientras cruzan una frontera, donde los idiomas están de mudanza, que en cada circunstancia improvisa en que tiene apremio de entablar revistaoral para informarse de una calle, un puerto, un hotel, con cualquier desconocido, han conseguido casi fácilmente hacerse entender, sino aplaudir, en español. Lo sé, por viajeros tan apasionados que nunca estuvieron en su casa, que no tuvieron nunca un lugar desde el cual empezara su viajar; que, por lo tanto, nunca se ausentaron de algo o alguien y, por consiguiente nunca viajaron.
Otra salvedad. No pude ser invitante a vuestro banquete, como apareció por error. En materia política soy adversario vuestro (quizá esto no se sabe en todos los continentes), pues mientras parecéis pasatista en cuanto a teoría del Estado, lo que impresiona contradictorio con vuestra estética, y creéis en el beneficio de las dictaduras, provisorias o regulares, yo no conservo de mi media fe en el Estado, más que la mitad, por haberla repartido con nuestro fundador Hidalgo, a quien debemos vuestra presencia aquí. Me quedó una cuarta parte de fe estatal, la indispensable para no confundir dos cosas fiscales: los faroles con los buzones, al confiar a éstos la redacción de mis cartas.
Como todos los hombres de carrera intelectual os estoy agradecido por la consagración de vuestra vida a la emancipación de un error de debilidad, de tontería, de preocupación, de cálculo: la veneración del pasado.
Pero la verdad es, señor Marinetti, que me privé del placer de acompañaros porque aún no se había definido vuestra visita como exenta de propósito político, y habría tenido que molestar con salvedades un ambiente de cordialidad. Con vuestra presencia aquí mostráis que no os hace mezquino la separación parcial de ideas ante la vocación común del arte.
Todavía algo que explicar. ¿Cómo es que se me ve aquí dando trabajo? ¿Cómo es que me ha tocado el éxito de esta figuración de cañonazo, cuando me correspondía el de la actividad fonética en la h española, en esta magnífica sesión? Con tantos ya consagrados escritores en la Revista Oral, ¿cómo se recurrió a mí que no tengo, a menos que otro lo haya escrito, ningún libro mío en circulación y solo he llegado a la 5" edición de prometerlo y anunciarlo? Pues por un mérito, señores, tan grande que me sorprende no me abrume de envidiosos: por la edad, que he alcanzado antes que todos mis compañeros: hay que disculparlos, como principiantes en la materia. Creo que debo esta superioridad a mi aplicación continuada, y quizá a destrezas adquiridas como pretendiente a empleado de Registro Civil. Mi edad ha sido juzgada como la gran idoneidad del momento, que inspiraría gravedad a mi elocución y facilitaría mi comprensión de vuestros sentimientos y situación.
Os comprendo y estimo, como estimamos aquí a nuestro Lugones; más bien que consumadores de perfección de belleza os complacisteis uno y otro en ser máximos, variadísimos incesantes excitadores de las labores ideales, en Europa el uno, en América el otro. Es abnegación: pues a quien ha gustado la pasión de la realización artística o de la posesión de Verdad, metafísica o científica, le es durísimo conceder tiempo alguno suyo a actuaciones de escuelas literarias. Otra coincidencia, que induce sinceridad en ambos, pero que muchos deploran, es la brotación tardía, en vos como en Lugones, de una fe en el Estado que apena a cuantos creíamos que la superior Beldad Civil era: El Individuo Máximo en el Estado Mínimo. Ilustres como sois, en el mundo; naciendo dictaduras en toda Europa; mostrándose aún en los Estados Unidos frenesíes estatales de democracias y congresos dictadores con leyes de ingerencia en los hábitos, creencias, placeres, viciosos o no, del individuo prohibiciones del alcohol, del juego, imposiciones de higiene privada, etcétera, hay que confesar, insigne futurista, que el pasado no ha muerto, y no le falta un parecido de porvenir.
Pero contentémonos, señor Marinetti, con que vos vivís y yo también. Yo no he muerto; porque como ando siempre con una libretita y lápiz para anotar todo, si me hubiera sucedido eso lo tendría apuntado. Hay días en
que sólo por una libretita así sabe uno que vive. Pero hay otros, y no os lo deseo frecuentes, en que "ni con libreta", como dicen nuestras lindas
cuando no les place el cortejante; y otros en que, digan apuntes lo que digan, nos sabemos eternos, o una semana menos.
Os he hablado de enfermedad y de muerte, temas no de fiesta, pero sí de alta tertulia; imperdonables aquí, acreditan mi torpeza social. Sin embargo, son los dos "mates amargos" fuertes que comienzan muchas grandes amistades en la Argentina.
Que ellos me conquisten la vuestra. He dicho.

EPISODIO 17 - -MACEDONIO FERNANDEZ



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EPISODIO 17 - -MACEDONIO HERNANDEZ

Brindis a Gerardo Diego

No estaba preparado para este benévolo pedido. Pero felizmente mi improvisación la tiene Scalabrini Ortiz; yo solo retengo tres borradores completos de ella. En el bolsillo abultado de las improvisaciones breves y olvidadas de preparar, encontrará Raúl un borrador.

Es tan poco lo que tengo que decir, señores, que temo me tome mucho tiempo el encontrar en un brindis tan estrecho un lugarcito donde situarle el fin. Si la nerviosidad de una improvisación (sacada del bolsillo) y lo breve que es me imposibilitaran hallar un lugar de final en mitad u otro punto, será con gran pena que me veré continuándolo indefinidamente y postergando para mí eternamente el goce de los aplausos que tan espontáneos se reserva para la conclusión, si la concurrencia no ha concluido antes. Sin embargo, pongo a disposición de las personas que deseen conocerla corta a esta oración los borradores terminados de ella. Y todo lo que termina es breve, como averiguó Shakespeare.
Considero casi irrespetuosas las improvisaciones no maduradas, el decir lo que se nos ocurre en el momento. Al contrario, estimo como un encomio que se note y se declare lo muy estudiado de mis improvisaciones subitáneas.
Efectivamente, no me hallo preparado para el presente benévolo pedido de la concurrencia. Pero tengo una disculpa. Hidalgo, que mediante un precio de cubierto que no empieza, que no llega a la unidad', ha conseguido una demostración que no termina favorecido su propósito por las simpatías que se atrae el obsequiado, me encomendó una tarea fatigosa y de responsabilidad; ante el precio de cubierto ideado por él, le dije:
¿Y si a la concurrencia se le ocurriera comer? Nunca se ha visto eso en banquetes. ¿Estará prohibido?
No, pero no acontecerá.
Por eso me encargó hacer una lista cual esas que suelen publicar los diarios con el titulo "¿Dónde comeré esta noche?".
La he hecho, y a la terminación de esta comida os diré dónde podemos comer; cuando volvéis a casa si decís que retornáis de un banquete os sirven en seguida la cena ¿no es verdad?
Poeta que nos visitáis, Gerardo Diego: 1 $0,90.
Una palabra de amenidad y compañerismo es lo que el momento consiente: os habéis ganado una fortuna de simpatías aunque no habéis venido a hacer fortuna, por vuestra actitud sensible, modesta y de vivaz observación, no importuna, de nuestro ser nacional.
Aceptad con certeza de afecto y apreciación de vuestros talentos la sinceridad de esta demostración. Sería indiscreto de mi parte intentar un encomio y examen de aquéllos. La salutación a un visitante que se hace querer es todo el significado de lo momentáneo actual.
He dicho.
("Pulso", 1928)


Brindis insistente

(En el homenaje al escritor Clodomiro Cordero)

Comida sin discursos, cita de oradores, el gentil amigo doctor Cordero imaginará cuánto debe gustarme esa tan decretada e imposible cesantía de la alocución. De un banquete sin brindis no quisiera perder ninguno, haría por llegar antes del último que, por lo muy precedido, da tiempo de no nacer a las tardanzas luego del cual es indudable que el banquete sin brindis comienza. Y así podría improvisar el mío, que le adjunto, y acompañar en la fiesta al cuentista de Spleen: estaba preparado como nunca para una improvisación.
Pero aparte de que mi voz siempre habló mal de ella misma, sus encantos han empeorado. Me tenía molesto una ronquera que no sé dónde me empezó y justamente hoy se me ha corrido ala garganta. Debo haberla contraído en una esquina con dos vientos, más el que venía en las palabras huecas del abnegado político; tanto gritó que puso ronca a toda la concurrencia. Y no era, sin embargo, mi esquina; soy de la opinión adversa; mi esquina política mira al Norte y al Sud y esa miraba a los cuatro "rumbeos". Creo que si hubiera algún partido al cual conviniera el callar de sus oradores, aquel disertante también se hubiera entusiasmado en hacerle la propaganda deseada como orador suyo.
Lo que tengo que explicarle es la gran ventaja, placer aparte, que me aportaba su fiesta. Fuera de usted y yo, nadie ha escrito menos en menos tiempo. Sólo nosotros podíamos superarnos: si el tiempo disponible hubiera sido menos aun más podríamos haber escrito menos; sólo si hubiera sido ninguno no nos sería posible haber escrito menos que nadie en tiempo ninguno.
Tratándose pues de una fiesta en su honor, cuando podía yo más oportunamente exhibir lo consumado de mi invento del brindis desmontable y más breve; yo, el escritor más corto, brindaría por vos el otro escritor más corto, con la alocución mínima. Así podría al cabo de muchos meses terminar aquí el "brindis sin fin" de mi invención que comencé en el banquete, de concurrencia interminable y precio no comenzado, al poeta Gerardo Diego, el que gustó tanto que las aclamaciones no me lo dejaron concluir.
Es injusto que siquiera por ser la primera vez, no dejaran terminar el brindis infinito, que inauguraba aliviadamente el nuevo arte mudo: de comer sin discursos.
Esa peroración que debió ser lo más largo que ha sucedido a un público (si Demóstenes la hubiese inventado, todavía estaríamos escuchándolo) y lo más largo acontecido en mi vida, el brindis sin fin en que inesperadamente vino a acabar mi investigación en busca precisamente del brindis más conciso tuve el desacierto de anunciarla como lo más pronto concluido de todo lo comenzable, la menor distancia y diferencia descubierta entre principio y fin, como también entre lo oíble de un mudo y lo de un orador. Ni esto pude decir: tras la primera frase se opuso el público, todo muy favorable a mí, ansioso de que no perdiera la gloria del récord de mi propio magnífico invento dañándolo yo mismo con prolongarle palabras. La concurrencia quería también ser la primera que oyera tal invento, y serlo completamente del brindis no acortable: había peligro de que le añadiera una palabra prescindible.
Se me impidió así acabar de empezarlo siquiera, y en realidad lamento ahora tener que desencantar a aquella concurrencia tan parcial a mí: ella perdió el largo privilegio de haber asistido hasta concluído el primer "brindis incomprimible y sin fin" de todos los siglos.
Seréis vosotros los del banquete al doctor Cordero quienes detentaréis ese récord y disfrutaréis del brindis que paso a historiar y formular. El verdadero estado de espíritu con que yo me alcé a brindar allí era cierto trastorno de mi lucidez y serenidad que me estaba ocasionando el trocito de papel que traía en el bolsillo con el brindis. Lo había hecho tan corto que no quedó en él dónde ponerle el fin, y yo iba a explicar a la concurrencia que desgraciadamente el brindis seguiría eternamente por haberlo construido tan estrecho que las palabras finales no tenían en él dónde acomodarlas: el brindis interminable por brevedad era la tragedia que estaba hiriendo en ese momento al generoso orador que se había desvivido por salvar a todos los públicos del mundo de las comidas, de ser público de nada.
Vais a oírlo y espero no dejaréis de alabarlo, pero no lo haréis diciendo indiscreta e infielmente es tan bueno al principio como al fin y que justamente hacia la mitad asume su mayor interés: reconocedle meramente sus dos peculiaridades sin precedentes de interminabilidad y pronto fin.
El doctor Cordero me ha reconocido privadamente como el primero en llegar tarde a la Literatura y me ha cedido el paso para que llegara tarde primero que él, y él en seguida. ¿La urgencia que tenía yo en adelantarme
a llegar tarde? Cuando en 1928 yo apresuraba las páginas de mi "Vigilia, etcétera" cuya primera edición ya está totalmente dormida, aunque la galantería extrema de los libreros de Buenos Aires proporcionará el número de ejemplares que se desee de las ediciones agotadas, que son las menos buscadas antes de agotarse, por tal de complaceros, una visita del exquisito estrellador de cielos, y de idiomas, Xul Solar, púsome en grave zozobra. Yo contaba estar escribiendo el libro menos entendido del mundo, y él venía a anunciarme que su idioma de incomunicación, su ininteligible neocriollo, estaría listo antes de que concluyera el urgente y forzoso remate indefectible de alhajas que durante cuatro años se ha anticipado en la calle Corrientes y Suipacha. Entonces se iba a decir que una vez proporcionado al mundo el idioma de Xul Solar cualquiera podrá escribir libros ininteligibles. Apresuré el mío y creo haber acreditado que no necesito del idioma de Xul Solar: un pensador puede hacer incomprensible, cualquiera, lo que hasta ahora parecía difícil. En fin: mi brindis fue, y sigue, todo él en cuatro palabras:
¡VIVA! GERARDO DIEGO ARTISTA
es, lo repito, doctor Cordero: ¡vive, artista!; sí, artistas, vivamos. ("Carátula", 1929)

EPISODIO 16_ MACEDONIO FERNANDEZ



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EPISODIO 16_ MACEDONIO FERNANDEZ

¿Y la novela actual, la lírica, la crítica? Aquí estamos ante el problema que debiamos plantear y que queríamos preparar con la digresión precedente.
Creemos que no tenemos nada genial en prosa, crítica y verso; ¿la Europa actual la tiene, aunque muchos gesticulen de genios por allá? Pero brillan aquí: en Arte, una genialidad: la del gusto estético de nuestros artistas; y en algo atañedero a la Literatura: en el periodismo argentino hay genio.
El exigentísimo gusto artístico de nuestros talentos, más pronto y severo, y la inferioridad, comparada con él, de sus obras, componen un misterio.
La genialidad de nuestro periodismo; el amparo, aunque utilitario, que un periodismo vigoroso ofrece al literato, aunque sea como sostén provisional, y la inferioridad de las obras literarias, componen otro.
Nuestros literatos llevan al periodismo páginas geniales, a veces, y no nos dan un libro magnífico. ¿Cuál es la explicación? La celebrada "alacranería" de nuestros artistas es la resultante precisa, nada injusta ni
envidiosa, de la excelsitud del gusto y de la medanía del libro del literato argentino.
¿Cómo explicar esto último? Y considérese que aludo, con la calificación medianía, a obras que con una firma francesa serían notablemente encomiadas y vendidas, porque los europeos son inteligentes y los hijos de europeos parece que no.
Nada más puedo decir, porque me falta el especialísimo estudio necesario y sólo me he atrevido a una expresión personal de asombro ante ciertos extremos que he señalado.
Os dejo contaminados con estos problemas de que adolezco.


II . BRINDIS DE RECIENVENIDO

La oratoria del hombre confuso

Leído por el poeta E. Fernández Latour en el banquete en que el pintor Pedro Figari fue congratulado a inspiración común de Martín Fierro y Proa.

El uso de la palabra es travesura que me ha costado una contrariedad por vez. Favoreciéndome certera y prontamente como el tratamiento que dejó de seguir el extintocon el efecto de que el encontrarme en casa luego paréceme recuerdo de resurrección: un bienestar de sobreviviente tras malestar de persona que está naciendo. Sólo aquellos de nosotros que han nacido pueden pasarse de explicaciones acerca de la minuciosidad con que estuve revisándome para certificarme si mi totalidad contaba todavía con un porvenir, si mi presencia en el hogar era completa y tal que pudiera sostener mi voz en el tono autorizado con que debe pedir el vaso de agua y de ánimo al delantal de la mucama de sueldo atrasado un muerto interrumpido o un interrumpido de morir. La primera vez de cualquier cosa debiera venir después de unas cuantas; para evitar contradicción en los términos, bastará trocar su designación numérica por una algebraica, llamarla alfa. Yo no lo pensé, y me dirigí sin ensayo a la señorita que pasaba (para que una señorita pase es preciso estar sentado a una mesita de bar de las que en verano se salen a la vereda: allí estaba yo y en ese mismo bar) y le dije esta sola palabra "Leve como velo de nube del pincel de Figari; bella como el acertar con un asiento lleno de uno mismo en un tranvía lleno de otros; ojos negros como la pena del que no los ha visto, ¿por qué tu andar te aleja de mí si bastaría detenerlo para que la latitud de nuestra separación cesara de crecer!... ". Pensaba extenderme satisfactoriamente sobre las consecuencias geométricas que fluían de la posición recíproca especial tan bien preparada por mis palabras, cuando un golpe, rectilíneo posiblemente, hizo dos mitades de mi elocuencia y aun tuve que dividir ésta con un vigilante que se había tenido oculto en mitad de la calzada haciéndose notable por grandes señas a cuanto movimiento entorpecible y estorbable divisaba.
En la comisaría no estaba la señorita; no supe nada de ella; yo había acudido a informarme de su paradero acompañado al principio por el primer aparecido de los agentes, de quien me despedí a la cuadra: no se me abandonó nunca; diversas personas uniformadas tuvieron inmenso gusto, me lo declararon, en asesorarme hacia la comisaría, deseosas de que yo no confundiera las calles que a ella conducen con las que llevan a mi casa, donde nada me habrían podido noticiar de aquella joven.
El dolor que sentía en aquel de los hombros arriba del cual pende una oreja no era de muelas ni de la primera dentición sino del primer uso de la palabra. A mí me parecía que una vereda completa de las de frente a Plaza Congreso me había acertado en la clavícula. Si yo hubiera podido encontrar un reemplazante instantáneo de mí un segundo antes del golpe... Pero estos reemplazantes, suplentes, que todo quejosos se inscriben para las vacantes, no aparecen cuando se los busca para ayudarlos.
Hubiera dado cualquier distancia para no estar allí y a ratos sospechaba haberme caído detalladamente cuatro metros seguidos desde una azotea, sin saltear ninguno. He notado que por fuera todos los pisos son corridos.
Mantúveme reservadísimo por años sin aludir a mi éxito retórico, no queriendo exponerme a deslucirlo con ejecuciones verbales inferiores. Pero en un movimiento político del cual yo ocupaba la acera siempre las veredas me han dejado en la calle pronuncié el siguiente discurso de espectador: "Viva el Presidente General Cristóbal Colón Avellaneda". Al instante de terminarlo me vi rodeado de una baratura de bastones como no es de creer dado el alto costo de la mano de obra, los que estaban ya levantados, de modo que hecho el trabajo principal, nada era bajarlos a favor mío y de la ley de la gravitación de las manzanas universales mondada por Newton. Por esta vez me reemplacé yo mismo; con celeridad inapresurable hice ausencia de mi presencia y modestia de mi engreimiento. Veinte regatones saltaron golpeados en el suelo, punto de cita de todos los yerros, igualador de punterías. Me extrañó la conducta picapedrera, aquel campeonato, aquella emulación de caridad por mí, aquel despilfarro. La gente siempre ha cuidado sus varitas.
Me alejé de aquel tiro federal, pero sépase de las varitas que en días de lluvia y una vez extraviadas en el tranvía se llaman paraguas, pues cuando ocurrióme perder casi todo mi bastón a causa de la preocupación de hacer pasar antes que yo por la estrecha portezuela del subte el buen sobretodo que llevaba puesto para vigilarlo de atrás lo encontré
hecho un buen paraguas, a falta de bastón, en la gerencia. Por lo demás, a un bastón nuevo le queda bien haberse extraviado una vez; es para él la aventura de juventud y uno debe procurársela. Aunque más cómodo sería que los vendieran ya extraviados. Y aun las librerías nos ahorrarían trabajo si algunos libros los expendieran ya leídos. Mejor todavía tratándose del buen libro, que los vendieran ya devueltos por los amigos prestatarios.
Réstame explicar el origen de los pequeños errores de mi discurso que tanta deportividad provocaron. Tuve siglos antes uno preparado de encargo para recibir a Colón en su segundo viaje que efectuaba bajo instrucciones de hacer cuanto antes el descubrimiento de América, no fuera que los nativos lo verificaran primero que él. Pero, como sucede con estos paseos apurados, muchos quedan sin hacer; y hoy los historiadores han establecido que no hubo segundo viaje de Colón sino únicamente primero y tercero. Recordemos de paso que si el istmo de Panamá, así como era todo de tierra hubiera sido de agua, el descubrimiento de América se habría realizado en China, donde a Colón se le esperaba todos los domingos.
Aquel discurso no pudo, pues, ser aprovechado y ahora su texto en parte se me enredó con las palabras que hubieran sido de oportunidad. Tan infelices experimentos oratorios me han disuadido, doctor Figari, no obstante la admiración y afecto que quisiera atestiguaros, de dirigiros una sola palabra en el acto de homenaje que os tributamos.
("Martín Fierro", 1924)


Brindis a Ricardo Güiraldes

(Sin las supresiones que entonces la concurrencia obtuvo de su desesperado autor. Aplaudidas como lo fueron, es deber periodístico difundir lo que fue éxito junto con lo que no fue supresiones. Concediendo alegremente éstas el orador resultó contribuir con todo, con el brindis y con improvisación de supresiones que lo han revelado, asimismo, como prontista; a lo que se atendrá en el porvenir.)

No es aquí, señores, nuestro comienzo de discurso y debe "apreciarse" como principiado con nada de decir. Cortesía nos haréis si estas primeras palabras son obsequiosamente "estimadas" como e! "no haber dicho nada en suma", que tan desagradable sería lo aplicarais sin descernimiento a todo el brindis al final; como no derogante del Silencio, de cuyo texto, fácil de recordar y del cual el Hablar es la única errata posible, el procedimiento de cita no ha sido hasta hoy encontrado. La sutilidad de nuestra frase inicial representa a la imitación ¡por fin literaria! del silencio. El esfuerzo feriado de páginas en blanco que hemos leído tantas veces dispersas en la foliación de libros, ocasionándonos la única perplejidad posible y privativa a la especie lectora, esas ocho o diez páginas de heroísmo de autor y que el lector, en ella tergiversado, sostendrá siempre que no las compró, que no injuriaban su pensamiento de compra; ese esfuerzo, señores, de transcripciones del silencio, banal aunque de buen anhelo y presentimiento, era capitulación del poder de la palabra. Para la literatura es una claudicación confesarse incapaz de expresar con palabras el silencio y acogerse a las páginas en blanco. La imitación literaria del silencio era la sola digna de nuestra profesión; es por fin lo técnico en el asunto.
Formulamos, con el retardo de estilo, la presente oratoria de ofrendar un almuerzo finalizado, pues la tradición tiene apuro de que se demore el ofrecimiento de una demostración hasta luego de comida ésta por completo, sabiduría que precave a lo almorzado del desaire de que no se la acepte. Nuestro brindis ha sido, sin embargo, compuesto entre dos que se ayudaban y cuatro de la mañana, tempranidad de origen que se desaprovecha por fuerza de esa tradición; hace diez horas que podíamos servirlo caliente. Ya sabéis, pues, que se puede contar con nosotros si resolvéis abrogar aquella práctica, y que, teniendo hecho un brindis y tantas ocasiones de leerlo a los más anticipados repartidores y lecheros de Buenos Aires, lo hemos reservado hasta el momento prefijado para su indiscreción, de modo que realmente parecería pensado sólo para Ricardo Güiraldes, cuya indulgencia por lo visto es la única con que contamos, aunque reventamos por leerlo a cada transeúnte.
En el plan del brindis las dos personas nos adjudicamos los dos géneros literarios: lo bueno y lo malo, que tantas grandes obras seguirán dando. El señor Fernández cuya modestia clama porque no se le nombre aquí y que aún después de nombrado todos seguirán preguntando cómo se llama, por gozar de un apellido tan favorable al incógnito (que no se le nombre excepto como inventor del dispositivo mecánico para deshacer juguetes que disimulará por siempre la conocida morosidad de los niños en despanzurrarlos), se me adelantó en la elección tomando para sí la parte mala; dijo que se sentía con fuerzas y pese a mis dudas le ha salido bien. Venció todas las dificultades y para la más bella y difícil de la prosa, la concisión, halló una solución novedosa, me parece; ha salvado este escollo sin rozarlo, sin mirarlo siguiendo adelante, con el recurso nunca adivinado de escribir largo para ponerse a distancia de la concisión, que era el escollo y fue tratado como tal; de modo que la parte mala (lo que estáis oyendo es anterior a ella y a la buena) resultó extensa, cual lo exige el género (yo lo hubiera hecho mayor áun) y no dejó lugar para la buena, lo que también tenía que ocurrirle a ésta, conforme a su característica que es la de dejarse ver poco en este mundo. La buena no figura aquí, como lo habréis notado; la hemos guardado; y mejorará con el tiempo hasta tal perfección de borrarse que el lector de sus páginas no sabrá nunca si se dirigen a él con el prefacio "A los lectores" que son quienes leen, o a nadie, con el de "A mi familia y amigos", que son otras personas. Vais, pues, a escuchar la parte encargada de mala, compuesta por un experto y un voluntario; si la halláis de esta estricta calidad, modelada a su género, aplaudidla, pues.
Pero antes, aún:

Ricardo Güiraldes

Sois en la persona, en vuestra visita suave al vivir, reticente de un oculto arder, un modo de dulzura agraciada aun con un leve toque de descontento (como reflejo de alguna hesitación en el acogimiento público de vuestro talento) que tiñe el acento de voz y dibujo de sonrisa y el tono de vuestras traslaciones remisas en la tertulia de tránsito terreno.
Hoy se inclina vivamente hacia vos la sediencia de belleza que vive en el genio de la colectividad, que abre manantial de sed en su seno, o como diríais vos, hoy se inclina la manantialidad de oír y admirar que guarda el hombre para el artista.
Vuestros amigos aquí sólo se han adelantado al público; hoy tenéis vuestra la amistad del mundo. Una amistad amablemente entremetida: casamentera como fue siempre la humanidad ha brindado a vuestro Segundo Sombra la Segunda que no quisisteis darle, la Segunda Edición que por lo que se afana en la casa parece presintiera próximo reemplazo. La intrepidez de Don Segundo Sombra ha fallado donde falló todo hombre: tenía valor para vivir sólo más al matrimonio lo afrontó entre dos, en lo que se igualan flojos y valientes. Con razón vos lo queríais soltero.
He dicho.
("Martín Fierro", 1926)