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Amparo Estévez Saviza

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Considero que un espacio interactivo debe servir para comunicar, compartir y pasar momentos agradables que nos ayuden a pensar la vida como bella y en este caso específico a conocer a los escritores y poetas que en todo momento transbordan vidas diversas arte y sueños a nuestro corazón...

domingo, 24 de noviembre de 2013

PESCADOR DE ESTRELLAS (Poesía de Lili Molet a la Obra de Jorge Murillo)




PESCADOR DE ESTRELLAS
(Poesía de Lili Molet a la Obra de Jorge Murillo)

Perseguimos nuestros sueños,
soñamos alcanzar la Luna
tener la dicha y fortuna
de encontrar al gran Amor
que de plenitud a nuestra Vida
y que la haga más bella,
entonces nos convertimos
en pescadores de Estrellas.

Océanos de pasión
corren por nuestras venas
cuando con gran ilusión
late fuerte el corazón
al compás de esta emoción
sin barreras ni fronteras.


Y así, como tantos otros;
un suspiro me elevó al Cielo...
allí donde nuestras Almas
un día se conocieron
e hicieron el juramento
de lo Sagrado y Eterno.

Al ver tu brillo y tu luz,
sin dudarlo ni un instante,
fui a tu encuentro anhelado
con un ramo de arcoíris
como todo enamorado
que agasaja a su amante.

Titilaste con dulzura,
te acercaste con picardía
para que yo me creyera
héroe de aquella osadía.

Y así como tantos otros
que encuentran su gran Amor
emprendimos el aterrizaje
en un plateado rayo de Luna
contemplando el paisaje.

Aquí estamos al fin los dos,
reafirmando nuestro juramento...
Cuerpo y Alma,
Alma y Cuerpo,
seremos Uno los dos.
Tú por siempre serás mi Estrella
y Yo por siempre... tu Pescador

*Pescador de Estrellas*

MILTON VITERI-POEMAS LATINOS



Poemas : Que se te eriza la piel

Y no tienes que contármelo para saberlo,
es que además tus ojos se tornan mustios,
tu cuello describe nuevos ángulos acogedores
y casi alucinando veo como se despegan tus labios
entreabriendo su frugal interior a la cópula
insaciable de todos los besos expectantes…

Que tu piel se eriza, es una delicia saberlo
porque hemos roto lo instintivo, por más…
por ese espacio que se quiebra en sensaciones,
en más fantasías y en el disfrute pleno, único,
de la entrega reeditada con toda la magia,
los nuevos detalles y muchos otros amaneceres.

Y cuando esto ocurre, tu contacto eriza la mía…
Y entonces nuestros espasmos se confunden
y se acoplan y se complementan como todo…
Piel con piel nuestras noches se incendian
en caricias, que tienen más que manos y labios,
muchos tramos de piel, trepidando satisfechos…

Ojalá que tu piel se te erice, ahora mismo
mientras me lees y recuerdas y comparas
y sientes que llega suavemente como brisa
ese manto delicioso frío, que acaricia el alma
que te brinda la certeza de nuestros mundos
acoplándose en un nuevo e indescriptible eclipse…


Lea más: http://www.latino-poemas.net/modules/publisher/article.php?storyid=15395#ixzz2lbnJXAjo
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

CLARO DE LUNA (Moonlight Sonata) - BEETHOVEN

Alondra Valey - ANOCHE



FOTO: La red


Alondra Valey
ANOCHE
No tuve necesidad
de llorar por ti

Te apareces por ahí
escondido,
sonriéndome…

¡Ahora también!
Con un ramito
de flores y un sí

¡y te beso!
entre las nubes,
tú lo haces también

De repente
te adivino
¡Asomándote!

Entre el follaje
me preguntas
¿A quién amas?

Y una vez más digo
¡No sé!
¡Esperándote!

Estas en alguna parte
Y yo no te puedo ver
Pero te siento cercano,
¡Casi tocándome!

Otros brazos te mimaron
una noche como ayer
Al fin tuviste una boca
¡es la que te mandé!

Como caricia del alma
escondida, amándote…
Como caricia del alma
¡¡¡ Extrañándote!!!
Alondra VALEY
http://youtu.be/TVDREzBijRI

sábado, 23 de noviembre de 2013

MIGUEL HERNANADEZ





Salvador Dalí
Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte
MIGUEL HERNANADEZ

Posted by Jorge Benlloch

EL CUENTO EN EPISODIOS - "EL FANTASMA" Enrique Anderson Imbert - (Última parte)




! Su cuñada había recogido a las huérfanas. Allí se sintió otra vez en su hogar. Y pasaron los años. Y vio morir, solteras, una tras otra, a sus tres hijas. Se apagó así, para siempre, ese fuego de la carne que en otras familias más abundantes va extendiéndose como un incendio en el campo.
Pero él sabía que en lo invisible de la muerte su familia seguía triunfando, que todos, por el gusto de adivinarse juntos, habitaban la misma casa, prendidos a su cuñada como náufragos al último leño.
También murió su cuñada.
Se acercó al ataúd donde la velaban, miró su rostro, que todavía se ofrecía como un espejo al misterio, y sollozó, solo, solo ¡qué solo! Ya no había nadie en el mundo de los vivos que los atrajera a todos con la fuerza del cariño. Ya no había posibilidades de citarse en un punto del universo. Ya no había esperanzas. Allí, entre los cirios en llama, debían de estar las almas de su mujer y de sus hijas. Les dijo "¡Adiós!" sabiendo que no podían oírlo, salió al patio y voló noche arriba.

http://cuentosdelatinoamerica.blogspot.com.ar/



Diego Lopez - IMAGINA





Diego Lopez
IMAGINA

Un mundo sin beligerancias mortecinas
Un niño sonriendo tras la lágrima dormida
Un tiempo en que el hambre fue pretérito
Un instante en que los sueños despiertan
Un momento en que el abrazo reencuentra
Un lugar donde la riqueza nace en el alma
Una plegaria sanando las heridas agónicas
Una flor atesorando el anhelo de esperanza
Una mano que ofrenda sin los miramientos
Una mirada colmada de la inocencia perpetua

Un mundo con nuevos horizontes arribando

Imagina… que creer lo hace posible.

Diego López

viernes, 22 de noviembre de 2013

Mario Benedetti






Con ríos
con sangre
con lluvia
o rocío
con semen
con vino
con nieve
con llanto
los poemas
suelen
ser
papel mojado.

Mario Benedetti

LEYENDA DE LA FLOR DEL CEIBO (poesía)-de Osvaldo Sosa Cordero




LEYENDA DE LA FLOR DEL CEIBO (poesía)
Las arpas dolientes
hoy lloran arpegios
que son para ti.
Anahí.
Recuerdas, acaso,
tu inmensa bravura
reina guaraní.
Anahí.
Indiecita fea
de la voz tan dulce
como el aguaí.
Anahí.
Tu raza no ha muerto
perduran tus fueros
en la flor del rubí.
Defendiendo altiva
tu indómita tribu
fuiste prisionera.
Condenada a muerte
ya estaba tu cuerpo
envuelto en la hoguera
y cuando las llamas
lo estaban quemando
en roja corola
se fue transformando.
La noche piadosa
cubrió tu dolor
y el alba asombraba
miró su martirio
hecho ceibo en flor.

de Osvaldo Sosa Cordero

ANAHI LEYENDA FLOR CEIBO.wmv

Diego Lopez - Transitamos...







- Foto: DE LA RED
Y el tiempo transita sobre las improntas que surca indefectiblemente
Y los años arriban sobre nuestros pasos legando la certera experiencia
Y los instantes se perpetúan en los recuerdos o fenecen en los destierros
Y la vida nos peregrina acortando las postrimeras distancias de la muerte
Y las esperanzas siempre reverdecen en los estíos de nuestros adentros
Y los sueños despiertan cuando el gélido quebranto no entumece las alas
Y el amor esgrime su mejor escrito en los vacíos de las almas que anhelan
Y los abrazos ofrendan la dádiva de una lágrima profiriendo emociones

Y somos génesis de un tiempo… para ser vida en lo eterno de la existencia.

Diego López

jueves, 21 de noviembre de 2013

Baila Conmigo Eres Todo En Mi.

RELATO DE ENAMORADO




-Pintura de Gustavo Klint
Tú estás en MÍ
Yo estoy en TI

¡Al fin, ya no voy a sufrir!
Yo estoy en TI
¡TÚ lo estás en MÍ!

Puedes irte o quedarte
Yo no te extrañaré
¡Tú estás en MÍ!

Puedes huir a los confines
Buscarme en las estrellas
¡Yo estoy en TI!

Hay un lugar en los sueños
Donde estás en MÍ

Hay un lugar en los sueños
Y yo estoy en TI

Si me besas o me abrazas
Tú estás en MÍ

SI TE AMO O ME AMAS
Tú estás en MÍ y
Yo estoy en TI
Alondra VALEY

EL CUENTO EN EPISODIOS - "EL FANTASMA" Enrique Anderson Imbert - (Segunda parte)





¡Eligió como perspectiva la altura donde antes llevaba sus ojos físicos! Puro hábito. Quiso probar entonces las nuevas ventajas y se echó a volar por las curvas del aire. Lo único que no pudo hacer fue traspasar los cuerpos sólidos, tan opacos, las insobornables como siempre. Chocaba contra ellos. No es que le doliera; simplemente no podía atravesarlos. Puertas, ventanas, pasadizos, todos los canales que abre el hombre a su actividad, seguían imponiendo direcciones a sus revoloteos. Pudo colarse por el ojo de una cerradura, pero a duras penas. Él, muerto, no era una especie de virus filtrable para el que siempre hay pasos; sólo podía penetrar por las hendijas que los hombres descubren a simple vista. ¿Tendría ahora el tamaño de una pupila de ojo? Sin embargo, se sentía como cuando vivo, invisible, sí, pero no incorpóreo. No quiso volar más, y bajó a retomar sobre el suelo su estatura de hombre. Conservaba la memoria de su cuerpo ausente, de las posturas que antes había adoptado en cada caso, de las distancias precisas donde estarían su piel, su pelo, sus miembros. Evocaba así a su alrededor su propia figura; y se insertó donde antes había tenido las pupilas.
Esa noche veló al lado de su cadáver, junto a su mujer. Se acercó también a sus amigos y oyó sus conversaciones. Lo vio todo. Hasta el último instante, cuando los terrones del camposanto sonaron lúgubres sobre el cajón y lo cubrieron.
Él había sido toda su vida un hombre doméstico. De su oficina a su casa, de casa a su oficina. Y nada, fuera de su mujer y sus hijas. No tuvo, pues, tentaciones de viajar al estómago de la ballena o de recorrer el gran hormiguero. Prefirió hacer como que se sentaba en el viejo sillón y gozar de la paz de los suyos.
Pronto se resignó a no poder comunicarles ningún signo de su presencia. Le bastaba con que su mujer alzara los ojos y mirase su retrato en lo alto de la pared.
A veces se lamentó de no encontrarse en sus paseos con otro muerto siquiera para cambiar impresiones. Pero no se aburría. Acompañaba a su mujer a todas partes e iba al cine con las niñas. En el invierno su mujer cayó enferma, y él deseó que se muriera. Tenía la esperanza de que, al morir, el alma de ella vendría a hacerle compañía. Y se murió su mujer, pero su alma fue tan invisible para él como para las huérfanas.
Quedó otra vez solo, más solo aún, puesto que ya no pudo ver a su mujer. Se consoló con el presentimiento de que el alma de ella estaba a su lado, contemplando también a las hijas comunes. ¿Se daría cuenta su mujer de que él estaba allí? Sí... ¡claro!... qué duda había. ¡Era tan natural!
Hasta que un día tuvo, por primera vez desde que estaba muerto, esa sensación de más allá, de misterio, que tantas veces lo había sobrecogido cuando vivo; ¿y si toda la casa estuviera poblada de sombras de lejanos parientes, de amigos olvidados, de fisgones, que divertían su eternidad espiando las huérfanas?
Se estremeció de disgusto, como si hubiera metido la mano en una cueva de gusanos. ¡Almas, almas, centenares de almas extrañas deslizándose unas encimas de otras, ciegas entre sí pero con sus maliciosos ojos abiertos al aire que respiraban sus hijas!
Nunca pudo recobrarse de esa sospecha, aunque con el tiempo consiguió despreocuparse: ¡qué iba a hacer! CONTINUARÁ...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Eduardo Sanguinetti - "La Extranjera" - Cortometraje - 2007-

lunes, 18 de noviembre de 2013 Adonis, un poeta en el drama de Siria





http://blogdeleonbarreto.blogspot.com.ar/2013/11/adonis-un-poeta-en-el-drama-de-siria.html

lunes, 18 de noviembre de 2013

Adonis, un poeta en el drama de Siria
Ali Ahmad Said Esber1 (1930), conocido por su seudónimo Adonis, es un poeta y ensayista sirio que ha desarrollado su carrera literaria en el Líbano y Francia. Ha publicado más de veinte libros de poemas, con implicación social y política, y es considerado candidato al Nobel de Literatura. En 2011 obtuvo el Premio Goethe. Adonis es un pionero dentro de la moderna poesía árabe, considerado un rebelde, un iconoclasta que sigue sus propias reglas, desarrolló el poema en prosa. Como afirma en su Introducción a la poesía árabe, esta «no es el monolito que pretende sugerir la visión crítica dominante, sino que es plural, en ocasiones hasta llegar a la autocontradicción».

Desiertos (Fragmento)

Las ciudades se deshacen
y la tierra es una locomotora de polvo.
Sólo el poeta sabe casar este espacio.

No hay camino hacia mi casa: estado de asedio,
las calles son cementerios.
Desde lejos, sobre su casa,
una luna ensimismada se cuelga
en los hilos del polvo.

Dije: "Este es el camino a mi casa". Respondió: "No,
no pasarás", y me apuntó con el fusil...
Está bien. Tengo en todos los barrios
amigos, y todas las casas del mundo.

Caminos de sangre.
Los evocaba un niño
y su amigo le susurraba:
No hay en el cielo
sino agujeros llamados estrellas...

Encontraron a seres en sacos:
el primero sin cabeza
el segundo sin manos ni lengua
el tercero estrangulado
y el resto sin forma y sin nombre.

- ¿Te has vuelto loco? Por favor,
no hables nunca de esto.

Canciones de Miedo..wmv

EL CUENTO EN EPISODIOS - "EL FANTASMA" Enrique Anderson Imbert - (Primera parte)



-FOTO DE LA RED

El fantasma - Enrique Anderson Imbert
http://cuentosdelatinoamerica.blogspot.com.ar/

Se dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arrastraba en la caída. Cadáver y silla quedaron tendidos sobre la alfombra, en medio de la habitación.
¿Con que eso era la muerte?
¡Qué desengaño! Había querido averiguar cómo era el tránsito al otro mundo ¡y resultaba que no había ningún otro mundo! La misma opacidad de los muros, la misma distancia entre mueble y mueble, el mismo repicar de la lluvia sobre el techo... Y sobre todo ¡qué inmutables, qué indiferentes a su muerte los objetos que él siempre había creído amigos!: la lámpara encendida, el sombrero en la percha... Todo, todo estaba igual. Sólo la silla volteada y su propio cadáver, cara al cielo raso.
Se inclinó y se miró en su cadáver como antes solía mirarse en el espejo. ¡Qué avejentado! ¡Y esas envolturas de carne gastada! "Si yo pudiera alzarle los párpados quizá la luz azul de mis ojos ennobleciera otra vez el cuerpo", pensó.
Porque así, sin la mirada, esos mofletes y arrugas, las curvas velludas de la nariz y los dos dientes amarillos, mordiéndose el labio exangüe estaban revelándole su aborrecida condición de mamífero.
—Ahora que sé que del otro lado no hay ángeles ni abismos me vuelvo a mi humilde morada.
Y con buen humor se aproximó a su cadáver —jaula vacía— y fue a entrar para animarlo otra vez.
¡Tan fácil que hubiera sido! Pero no pudo. No pudo porque en ese mismo instante se abrió la puerta y se entrometió su mujer, alarmada por el ruido de silla y cuerpo caídos.
—¡No entres! —gritó él, pero sin voz.
Era tarde. La mujer se arrojó sobre su marido y al sentirlo exánime lloró y lloró.
—¡Cállate! ¡Lo has echado todo a perder! —gritaba él, pero sin voz.
¡Qué mala suerte! ¿Por qué no se le habría ocurrido encerrarse con llave durante la experiencia. Ahora, con testigo, ya no podía resucitar; estaba muerto, definitivamente muerto. ¡Qué mala suerte!
Acechó a su mujer, casi desvanecida sobre su cadáver; y su propio cadáver, con la nariz como una proa entre las ondas de pelo de su mujer. Sus tres niñas irrumpieron a la carrera como si se disputaran un dulce, frenaron de golpe, poco a poco se acercaron y al rato todas lloraban, unas sobre otras. También él lloraba viéndose allí en el suelo, porque comprendió que estar muerto es como estar vivo, pero solo, muy solo.
Salió de la habitación, triste.
¿Adónde iría?
Ya no tuvo esperanzas de una vida sobrenatural. No, no había ningún misterio.
Y empezó a descender, escalón por escalón, con gran pesadumbre.
Se paró en el rellano. Acababa de advertir que, muerto y todo, había seguido creyendo que se movía como si tuviera piernas y brazos.
CONTINUARÁ...

ESCRITORES LATINOAMERICANOS - Enrique Anderson Imbert


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Enrique Anderson Imbert nació en Córdoba, Argentina en 1910. Falleció en el año 2000.
Fue escritor, ensayista y profesor universitario.
Su obra:
Crítica literaria: La flecha en el aire, Tres novelas de Payró con pícaros en tres miras, Ibsen y su tiempo, Ensayos, El arte de la prosa en Juan Montalvo, Estudios sobre escritores de América, Historia de la literatura hispanoamericana, La crítica literaria contemporánea, Los grandes libros de Occidente y otros ensayos, Los domingos del profesor, La originalidad de Rubén Darío, Genio y figura de Sarmiento, Una aventura amorosa de Sarmiento, Estudios sobre letras hispánicas, El realismo mágico y otros ensayos, Las comedias de Bernard Shaw, Los primeros cuentos del mundo, Teoría y técnica del cuento, La prosa: modalidades y usos, Nuevos estudios sobre letras hispanas, Mentiras y mentirosos en el mundo de las letras, Modernidad y posmodernidad, Escritor, texto, lector.
Narrativa (novelas y cuentos): Vigilia, El mentir de las estrellas, Las pruebas del caos, Fuga, El grimorio, El gato de Cheshire, El estafador se jubila, La locura juega al ajedrez, La botella de Klein, Dos mujeres y un Julián, El tamaño de las brujas, Evocación de sombras en la ciudad geométrica, El anillo de Mozart, ¡Y pensar que hace diez años!, Reloj de arena, Amorío (y un retrato de dos genios), La buena forma de un crimen, Historia de una Rosa y Génesis de una luna, Consenso de dos, El libro de los cas
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La cancion mas triste del mundo (secrag)

UN DÍA TÚ... AmPaRo EsTeVeZ SaViZa



Foto de la Red


UN DÍA TÜ…
Y yo transitamos un mundo que no era el nuestro, pero no lo sabíamos. No sé tú a quién se lo debes; yo te lo debo y eso es seguro. Por eso deambulo detrás de los árboles buscándote. Me reclino ante la poesía y me incorporo fácilmente, encontrándote entre las letras, haciendo latir mi corazón sin remedio. Siempre estás ahí. En ese lugar en donde se convocan las almas y no saben de cuerpos ni de tiempos. En ese destino que nos desnuda y no le importa de ese poquito de humanidad a la que estamos condenados a transitar. A nadie, salvo a nosotros le importa si lloramos o reímos. La carcajada de las brujas se oye entre el follaje. Se insinúa en la desesperación de los perdidos en la niebla.
De los que tantean en las sombras y no tocan otras almas, porque solo ven a la suya, a la que lo acompaña todos los instantes y nunca se pierde, pero tampoco se funde en sus brazos, porque los brazos a veces son garras que deambulan en forma de prejuicios, defendiéndose. Se nos está vedado el amor, ya que el amor se nos incorporó para que nunca nos separemos. Nos sacudimos las sensaciones que como telas de arañas nos envuelve el cerebro para que no lo usemos. Raciocinio, ética, verdad, realidad, conciencia, compostura de seres que conviven en la sociedad, se nos está vedada. No porque no existan, sino porque son conceptos que fueron literalmente borrados de nuestras mentes y nadie entiende el porqué de nuestro comportamiento. Sigues apareciendo ¡alma mía! Me tiras tus brazos. Intentas asirme y si logras ese instante será gloria, durará poquito; el suficiente para que nos fundamos en una sola sombra; será más llevadero y tal vez de ahí en más podamos volver al mundo de los otros. De los que nos observan en sus muecas de lástima…
Porque no entienden, no saben de laberintos ni de almas, saben de gozos carnales y nunca entenderán de besos, de abrazos y ternuras, meciéndose en las ramas como pájaros felices de pertenecer definitivamente al mundo de la magia, de nuestra verdad descubierta en medio de los otros, pero definitivamente NUESTRA.

martes, 19 de noviembre de 2013

Eduardo Sanguinetti - Tiempo de Poesía




-FOTO: Gago Nieto Autor


Eduardo Sanguinetti
Tiempo de Poesía

La poesía nace en silencio, en el no poder decir, pero aspira irresistiblemente a recuperar el lenguaje como realidad total. El poeta vuelve palabra todo lo que toca, sin excluir al silencio y a los blancos del texto. El poema acoge al grito, al giro de vocablo, a la palabra infectada, al murmullo, al ruido y al sin sentido: no a la in-significancia.
En una época en la que el sentido de las palabras se ha desvanecido, estas actividades no son diversas a las de un ejército que ametrallase cadáveres.
Hoy la poesía no puede ser destrucción sino búsqueda del sentido. Realidad sin rostro y que está ahí, frente a nosotros, no como un muro
Durante más de ciento cincuenta años el poeta se sintió aparte, en ruptura con la sociedad capitalista-burguesa.
La soledad del nuevo poeta-escritor es distinta; no está solo frente a sus contemporáneos sino frente al porvenir. Y este sentimiento de incertidumbre lo comparte con todos los hombres. Su destierro es el de todos.
Situación única: por primera vez el futuro carece de forma. Antes del nacimiento de la conciencia histórica, la forma del futuro no era terrestre ni temporal; era mítica y acaecía en un tiempo fuera del tiempo. El hombre moderno hizo descender al futuro, lo arraigó en la tierra y le dio fecha: lo convirtió en historia. Ahora, al perder su sentido, la historia ha perdido su imperio sobre el futuro y también sobre el presente.
Ayer, quizá, su misión fue dar un sentido más puro a las palabras de la comunidad; hoy es una pregunta sobre ese sentido.
Esa pregunta no es una duda sino una búsqueda. Mientras tanto, el poeta escucha. Es que el pasado fue el hombre de la visión. El poeta hoy escucha lo que dice el tiempo, aún si dice: nada.
Toda creación poética es histórica; todo poema es apetito por negar la sucesión y fundar un reino perdurable. Si el hombre es trascendencia, ir más allá de sí, el poema es el signo más puro de ese continuo trascenderse, de ser permanente imaginarse. El hombre es imagen porque se trasciende.
Tiempo de poesía, es conciencia de la separación y tentativa por reunir lo que fue separado. En el poema, el ser y el deseo de ser pactan por un instante.
Poesía, momentánea reconciliación: ayer, hoy, mañana; aquí y allá; tú, yo, él, nosotros.
Todo está presente en el futuro que aguarda concretar el deseo de vivir en poesía, cualquiera sea el rol que elegimos para transitar esta existencia.

Eduardo Sanguinetti

domingo, 17 de noviembre de 2013

ALGUNOS DE LOS POETAS QUE VERÁN REFLEJADOS EN ESTE ESPACIO



Jorge Luis Borges


«Jorge Luis Borges» Nació en Buenos Aires el día 24 de agosto de 1899, su fecha fallecimiento es el 14 de junio de 1986 en Ginebra. Dos de sus más importantes libros de cuentos son: Ficciones y El Aleph. Es tal vez, entre los escritores de habla hispana, quien ha aportado más notablemente a la literatura universal
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Gustavo Adolfo Bécquer


Gustavo Adolfo Bécquer (poeta). Nació el día 17 de febrero de 1836, es natural de Sevilla, su fecha fallecimiento es 22 de diciembre de 1870.
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Pablo Neruda


PABLO NERUDA figura en Classora como un poeta. Nació el día 12 de julio de 1904, es natural de Chile, su fecha fallecimiento es 23 de septiembre de 1973.
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Miguel Hernández


(Orihuela, 1910 - Alicante, 1942) fue un poeta y dramaturgo español. De origen rural estudió en el colegio de los Jesuitas de su ciudad natal. A su primera formación, contribuyó la lectura de los clásicos españoles, cuya huella es muy evidente en toda su poesía. En 1931 viajó a Madrid por primera vez. Al año siguiente participó en el homenaje a Gabriel Miró celebrado en Alicante. A finales de 1932 se publicó su "Perito en lunas". Colaboró en el "Gallo Crisis", revista dirigida por Ramón Sijé, cuya muerte motivo su elegía "Yo quiero ser llorando el hortelano...", uno de los poemas líricos más importantes de la poesía española del siglo XX, incluido en el libro "El rayo que no cesa" (1936). Antes, la revista "Cruz y Raya" había publicado su auto sacramental "Quien te ha visto y quien te ve". Con la llegada de la guerra civil española, se fundirían estrechamente su dimensión poética y humana. Fue comisario de cultura en el batallón de El Campesino y, aparte de colaborar en "Nuestra Cultura" y "Hora de España", publicó sus poemas de "Viento del pueblo" (1937) y las piezas dramáticas "Teatro en la guerra" (1937). Su poesía, limitada en los temas, alcanza una intensidad lírica de sugestión inmediata. A partir de 1939, padeció sucesivos encarcelamientos: de Madrid pasó a Cox (Alicante) y de aquí nuevamente a la cárcel de Madrid; luego, a Palencia, Ocaña y, en julio de 1941, al Reformatorio de Alicante, donde moriría en marzo de 1942. Sus obras completadas fueron publicadas en Buenos Aires en 1961.
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Gabriela Mistral


GABRIELA MISTRAL Nació el día 7 de abril de 1889, es natural de Chile, su fecha fallecimiento es 10 de enero de 1957
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Edgar Allan Poe


(Boston, 1809-Baltimore,1849) fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense. Quedó huérfano con tres años, llevándole su familia adoptiva a Gran Bretaña entre 1815 y 1820. Su carrera literaria se inició con un libro de poemas, Tamerlane and Other Poems (1827). Ingresó en la academia militar de West Point (1830), siendo expulsado por indisciplina. Comenzó a publicar artículos y cuentos en el Courier de Baltimore y luego en el Southern Literary Messenger. En 1836 se casó con su prima Virginia Clemm de 14 años. En 1838 apareció su primera novela "Las aventuras de Arthur Gordon Pym" y en 1840 la primera reunión de sus narraciones llamada "Cuentos de lo grotesco y lo arabesco". En enero de 1845, publicó junto a otros un poema que le haría célebre: "El cuervo". Siguieron "Eureka" (1848), etc
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Mario Benedetti


MARIO BENEDETTI figura en Classora como un escritor. Nació el día 14 de septiembre de 1920, es natural de Uruguay.
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Antonio Machado



Antonio Machado (poeta). Nació el día 26 de julio de 1875, su fecha fallecimiento es 22 de febrero de 1939, es natural de España.
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Rubén Darío


Rubén Darío (poeta). Nació el día 18 de enero de 1867, es natural de Nicaragua, su fecha fallecimiento es 6 de febrero de 1916.
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Octavio Paz


OCTAVIO PAZ figura en Classora como un poeta. Nació el día 31 de marzo de 1914, es natural de México, su fecha fallecimiento es 19 de abril de 1998.
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Vicente Huidobro


VICENTE HUIDOBRO figura en Classora como un escritor. Nació el día 10 de enero de 1893 y su fecha fallecimiento es 2 de enero de 1948. Es natural de Chile. Perteneciente a una familia de la élite oligárquica chilena. Fundador del movimiento poético vanguardista llamado Creacionismo.
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Rosalía de Castro


Rosalía de Castro (poeta). Nació el día 24 de febrero de 1837, es natural de Santiago de Compostela, su fecha fallecimiento es 15 de julio de 1885.
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Enrique Anderson Imbert

(Córdoba, 1910 - Buenos Aires, 2000) Narrador y crítico literario argentino, autor de un ensayo fundamental, Historia de la literatura hispanoamericana (1954) y de cuentos breves reunidos en diversas antologías.

Anderson Imbert estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires y fue discípulo de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña. Inició tempranamente su labor narrativa con Vigilia (1934), que sería reeditada con su novela Fuga en 1963. Ejerció la docencia en las universidades estadounidenses de Harvard y Michigan, como profesor de literatura hispanoamericana, y destacó por sus ensayos y críticas.

En 1967 ingresó en la Academia Americana de Artes y Ciencias y en 1978 fue nombrado miembro de la Academia Argentina de las Letras, de la que ejerció la vicepresidencia entre 1980 y 1986. En 1994 fue finalista del premio Cervantes.

Sus cuentos se sitúan en una zona entre lo fantástico y el realismo mágico: El gato de Cheshire (1965), La locura juega al ajedrez (1971) y La botella de Klein (1975). Recopiló sus ficciones en El mentir de las estrellas (1979).

Entre su producción ensayística cabe citar Tres novelas de Payró con pícaros en tres miras (1942), La crítica literaria contemporánea (1957), Crítica interna (1960), La originalidad de Rubén Darío (1968), El realismo mágico y otros ensayos (1976) y El arte del cuento (1978).
CUENTISTA-LA RED

ADOLFO BIOY CASARES - (ÚLTIMA PARTE)




Oribe aparece atribulado por la muerte de Lucía. Pero el narrador observa: «Su abatimiento era notorio, casi teatral». En efecto, Oribe era como un buen actor, imaginaba claramente su parte, se confundía íntimamente con el personaje encarnado.
Por último: tergiversa los hechos y se apropia las experiencias ajenas. Por ejemplo:
-Desde una ventana, los dos miran la llegada de Vermehren a la tranquera; los dos miran, pero el que ve es Villafañe, porque tiene los anteojos y porque Oribe es corto de vista. Ante el patrón, Oribe declara: «Después de lo que vi, no me voy sin visitar “La Adela”».
-Oribe afirma que no vio nevar porque la noche estaba oscura; que no advirtió que había nevado hasta encontrarse de vuelta en el hotel y ver sus botas sucias de nieve. Nosotros afirmamos: mientras él estuvo afuera no cayó nieve; la hubiera visto: «Empezó a nevar cuando salió la luna». Luego (otra impostura), no vio la nieve en sus botas; la vio en las de Villafañe.
No ha sido el odio lo que movió a Villafañe a presentar estos aspectos del carácter de Oribe; ha sido (también) el escrúpulo de no rehusar al lector ningún elemento útil para descubrir la verdad.
b) Villafañe salió después de Oribe, como si lo siguiera. Pero imaginar a Villafañe espiando a Oribe es absurdo. Villafañe salió para entrar en «La Adela».
Estuvo con la muchacha. Cuando le dicen que una de ellas ha muerto quiere saber su nombre; después no se va del velorio hasta ver a las tres hermanas de la muerta (teme que ésta sea la que estuvo con él la noche anterior; espera que no sea); pero desde el principio ha temido lo peor, y se ingenia para que Oribe y el Delegado le consigan una fotografía (quiere guardar una reliquia); declara que aborrece ver personas muertas, porque después no puede imaginarlas vivas (con referencia a este caso, la frase no tendría sentido si Villafañe no hubiera visto antes a la muchacha); pasa la noche en vela, está muy triste, está enamorado de Lucía Vermehren (no creo que una fotografía y un destino más o menos poético bastaran para enamorarlo); se refiere al relato de Oribe como a «esos horrores» y alude a su «arrepentimiento» (Villafañe sólo pudo hablar de arrepentimiento si tenía alguna responsabilidad en la suerte de Oribe; sólo pudo hablar de horrores, si en el relato de Oribe oyó su irrespetuoso relato de una aventura atrozmente purificada por la muerte).
Finalmente, llamo la atención del lector sobre una frase de Villafañe. Compara un episodio de la vida de Vermehren con la sorpresa final de un cuento, en que un personaje, has¬ta entonces considerado secundario, resulta bruscamente el protagonista. Me pregunto si Villafañe no ha dejado esa frase para que alguien la recoja e interprete, como con una clave, todo el relato.
No creo que la única interpretación de estos hechos sea la mía. Creo, simplemente, que es la única verdadera.
Faltan unas pocas palabras sobre Villafañe y sobre Lucía Vermehren.

. Tal vez Lucía Vermehren haya recibido a Villafañe como al ángel de la muerte que la salvaría, por fin, de esa laboriosa inmortalidad impuesta por su padre. En cuanto a Villafañe, el destino se había ensañado con él; lo convirtió en instrumento de muertes, pero no lo derrotó; nada logró derrotar su tranquila hombría, su incorruptible sere¬nidad. Una vez dijo: «Me agrada pensar que Oribe tuvo una muerte acorde con su vida». No dio ninguna explicación; yo creo entreverla... Agregó algo sobre «muerte propia». En aquel tiempo todos hablábamos de muertes propias y ajenas; no había mucho que entender en la distinción. Sobre la calumnia que lo complica en el suicidio de Vermehren me atrevo a declarar que tiene un solo origen: el manuscrito del mismo Villafañe. No sugiero, sin embargo, que Villafañe haya inventado esa indefendible calumnia para que el lector la destruya y crea descubrir su inocencia.
Pero mi último recuerdo será para Carlos Oribe. Lo imagino en la noche de su partida, agitando un sombrero de paja y repitiendo este involuntario dodecasílabo:

¡No todos, no todos, se olviden de mí!

La súplica del poeta fue escuchada.
A.B.C. FIN

ADOLFO BIOY CASARES - (Décimo quinta parte)





Ante todo, veamos los dos personajes que se complemen¬tan como las figuras de un grabado: Carlos Oribe y Juan Luis Villafañe, simétricos en el destino. Pero entonces la trama parecerá demasiado simple, la simetría demasiado perfecta (no para un teorema ni para la mera realidad; para el arte).
Hablar de eminencias grises para describir a Villafañe, aunque esencialmente no tergiverse los hechos, es un error, porque los tergiversa aparentemente. Ya he dicho que Villafañe solía obrar de un modo anónimo, indirecto; que sus mejores artículos aparecieron sin firma y que más de una brillante y borrascosa discusión en el Senado fue un diálogo imaginario, un intrínseco monólogo en que Villafañe, impersonado por varios senadores, proponía y rebatía.
Con respecto a Carlos Oribe hay una cuestión que mu¬chos prefieren ignorar; yo disiento de ellos; si nadie la discute, en detrimento de la historia se la magnificará o se la olvidará. Dejo que otros se avergüencen de sus ídolos, los despojen de sus caracteres humanos y los conviertan en personajes simbólicos, en una calle, en una fiesta escolar y en incesantes deberes para los escolares. Yo lo he conocido a Carlos Oribe, yo lo admiro -tal como era-. Confieso, pues, sin rubor: Oribe ha plagiado algunas voces. Al tratar este de¬licado asunto, convendrá, quizá, recordar las apalabras de Oribe sobre los plagios de Coleridge: «¿Era para Coleridge imprescindible copiar a Schelling? ¿Lo hacía informa pauperis? De ningún modo. He aquí el enigma». En cuanto a Carlos Oribe, el enigma no existe; Oribe imitaba porque la riqueza de su ingenio abarcaba las artes imitativas; desapro¬bar, en él, la imitación, es como desaprobarla en un actor dramático.
Pero recapitulemos la historia: por la ventana del hotel, en General Paz, Oribe y Villafañe ven a lo lejos un bosque de pi¬nos: es «La Adela», una estancia en la que nadie entra y de la que nadie sale desde hace un año; Oribe manifiesta, una tar¬de, que no se irá de General Paz sin visitar esa estancia; a la noche, con un pretexto increíble, sale del hotel; sale también Villafañe; a la mañana siguiente muere Lucía Vermehren y se levanta la prohibición de entrar en «La Adela»; Oribe no quiere ir al velorio; después va y se mueve en la casa como si la conociera; después Vermehren mata a Oribe.
Mi conclusión no es imprevisible: Vermehren se ha equi¬vocado. Antes del velorio, Oribe no entró en su casa. Quien entró en su casa fue Villafañe.
Como lo habrá notado el lector, en el relato de Villafañe se encuentran las indicaciones que imponen, en todas sus partes, esta conclusión. La intervención de Oribe (a) y de Villefañe (b) en los hechos, quedaría aclarada así:
a)Para hacer creer que entraría en la casa de Vermehren, Oribe desafía las inclemencias de esa noche patagónica. Pero ni siquiera entra en el bosque. Teme los perros; los teme aun en compañía de Villafañe.
En el día del velorio pudo ir hasta el cuarto de Vermehren porque la noche anterior Villefañe le había contado minu¬ciosamente su visita a «La Adela». Esta información no es infundada. Villafañe había bebido esa noche; él mismo dice: «me parecía que Oribe era un gran amigo, digno de confi¬dencias». Sabemos cómo eran las confidencias alcohólicas de Villafañe: las contaba con «ordenada crudeza». Estas dos palabras aclaran todo: las confidencias fueron ordenadas: Oribe pudo llegar, en la noche del velorio, al cuarto de Vermehren (Villafañe había estado en el de Lucía; esto explica la indecisión de Oribe, entre las dos puertas del entrepiso); las confidencias fueron crudas: Villafañe sintió asco y horror al oír la apócrifa historia de Oribe: oía la verídica historia de Villafañe y de Lucía Vermehren, oía, después de la muerte de Lucía Vermehren, el mismo relato que él había pronunciado, la misma infidencia que él había cometido, obsceno por el alcohol y tal vez por la tradición de las conversaciones entre hombres, fatuo por la victoria.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Diego Lopez - Cuando la muerte...







Diego Lopez
FOTO:
Gago Nieto Autor


Cuando la muerte bese mis labios… sabré que la vida acarició magnánima mi existencia.
Cuando los instantes perezcan en el olvido… los compartidos contigo habrán de perpetuarse.
Cuando el tiempo continúe su peregrinaje… escribirá tu nombre en mis momentos sublimes.

Porque el amor irrumpe en lo silencios de las soledades… para ofrendarle siempre esperanza.
Porque el amor arriba al destino que no ha sido escrito… para pronunciar la magia de las almas.
Porque el amor es arista inefable del excelso sentimiento que mora en los adentros… sempiterno.

Diego López

Todos los Escritores · Alan Pauls 1959 Buenos Aires, Argentina





- MIS fLORES

Sobre Temas lentos, de Alan Pauls (Ediciones Universidad Diego Portales).
Por Edgardo Scout para Eterna Cadencia

Soy lento. Tal vez por eso suelo llegar tarde a ciertos libros y autores. Además interrumpo las lecturas porque siempre leo varias cosas a la vez. A esta altura, lo sintomático toma la forma de lo deliberado. También hay algunos a los que ni siquiera llego. Con el tiempo he comprobado que esa condición -que muchas veces sigue siendo un reproche- me ha ahorrado tropiezos, disgustos, desencantos. Por ejemplo: cuando un autor “suena mucho”, tiendo a postergarlo. A dejar que corra el río. Me pasó con Bolaño, con Lispector, con Levrero (los cito, por supuesto, en contra de mi teoría). Pero también me pasó con otros –que no hace falta nombrar- que la justificarían. Supersticiones, métodos. En todo caso, modos de enfrentar el desasosiego de todo lo que hay para leer. Me gusta creer, sin embargo, que eso termina dándome cierta distancia ilusoria -aunque en mi caso sea eficaz- respecto de los imperativos del discurso literario.

Diego Zúñiga, amigo y -lamento la fórmula, Diego- joven y talentoso autor chileno, me regaló, me trajo de Chile en su último viaje Temas lentos; un libro de Alan Pauls, editado por Ediciones de la Universidad Diego Portales, donde Leila Guerriero reúne una gran cantidad y variedad de artículos y textos que sólo me animo a designar como de no-ficción. Yo celebro cada vez que un autor, que un valioso autor de ficciones, escribe sus lecturas; cuando escribe más allá de la ficción. Porque considero que la supervivencia de la escritura (y de la ficción incluso), hoy depende bastante de eso. Temas lentos es un libro brillante y –manifiesto un deseo- sería casi necesario que se edite en Argentina, o que la Universidad Diego Portales consiguiera una distribución más amplia.

Siguiendo la línea con la que comencé, Pauls es un autor al que llegué tarde. Llegué tarde ahora, puntualmente (Temas lentos se editó en Chile, en junio de 2012) y también llegué tarde a Pauls en sí; de hecho, lo primero que leí de él fue El pasado, y lo tuve detenido desde 2004 alrededor de la página ciento y pico durante más de dos años. Pero roto el maleficio, simplemente le llegó su hora: hace poco lo di para un curso sobre novelas de amor. El pasado es, a mi juicio y junto a un puñado de libros más, uno de los grandes libros de la literatura argentina de comienzo de siglo. Por supuesto, eso tal vez dice todo y no dice nada. Pero para ser más claro, eso para mí significa: que si alguien tiene la idea de comenzar una novela ambiciosa, una gran historia de amor, o sencillamente quiere saber por dónde anda ese tipo de escritura contemporánea que intenta abarcarlo todo, le sugiero que no deje de leer El pasado.

Volviendo a Temas lentos, ¿cómo explicar lo que hace Pauls, la operación Pauls (para, de paso, citar a Correas)? Respondo citando de memoria, porque viene al caso, algo que decía Susan Sontag sobre Canetti, pero en verdad, sobre lo que suele y debe hacer todo gran escritor: reflejar, resumir, criticar su época (y yo añadiría -cuando el autor además puede tener conciencia de esos tres impulsos- una cuarta: reflexionar sobre ello. Reflexionar sobre esos tres puntos y escribirlo). Pauls lo hace. Y es tal su lucidez, que ya a partir del bello título, nos da la guía de lectura y la técnica: para reflexionar en estos tiempos confusamente veloces, en estos tiempos donde la información de veras se “actualiza” a cada instante, es imprescindible la lentitud. La lentitud como antídoto. La lentitud como recurso y reserva de la experiencia.

La enumeración de los temas o cosas sobre las que escribe Pauls en este libro es extensa. Borges, Fogwill, Bolaño, Piglia, Freud, Aira, la separación de sus padres, Nanni Moretti, Herzog, la aparición de las canas, Barthes, la maldición de los celulares, su abuela alemana; en las 349 páginas del libro, la escritura de Pauls, establecida entre el ´99 y el 2010 (muchos textos aparecieron en Radar) analiza, estudia e ilumina cada uno de sus soportes, cada uno de los objetos en los que se posa y poliniza.

Como Viñas, como Piglia, como Saer, finalmente, también como Borges, Pauls se inscribe claramente en una tradición de la literatura argentina: la tradición hiperracional, hiperconciente de la lectura. Una tradición que produce escritores-lectores. O mejor, escritores que sólo pueden producir sus ficciones, como desvíos, como desbordes, como variación e insistencia de sus lecturas. Lectores que incuban y segregan una escritura personal, pero tan personal como es el mapa que organiza y distribuye sus lecturas.

La elegancia, la erudición, la sutileza, la acumulación, el énfasis secreto, en definitiva, los materiales de los que está hecha la escritura de Pauls, aparecen en Temas lentos con toda la libertad de la que dispone un escritor cuando no tiene que tratar con personajes, tramas, procedimientos y dosificación musical. Temas lentos es además un útil instrumento de lectura de la última etapa de su ficción, porque se despliega en paralelo a la aparición de la trilogía de Historias: del pelo, del llanto, del dinero. Y por último, Temas lentos es todo lo contrario, es un chiste (en el sentido analítico, sabemos que Pauls es muy analítico) de lo primero que me hizo pensar cuando me enteré del título y de inmediato sonreí: esos temas que durante los años ´80 saturaban las FM; temas de Michael Bolton, Phil Collins, George Michael, Bryan Adams; temas que más que lentos, eran pegajosos, insoportables, pesadísimos.

- Publicado en Eterna Cadencia

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(+) Alan Pauls en Todos los Escritores http://www.todoslosescritores.org/_ficha.php?id=209

viernes, 15 de noviembre de 2013

AmPaRo EsTeVeZ SaViZa - ¡¡¡POR QUÉ SERÁ, POETA!!!





-de Mis Flores

AmPaRo EsTeVeZ SaViZa
Derechos Reservados de Autor

¡¡¡POR QUÉ SERÁ POETA!!!
Que te veo como a un niño pequeño lleno de caprichos y que aún no entiendes por qué la vida es tan sencilla y tratas de justificarla.
Haces que todo parezca más difícil y tormentoso. Por qué será que no puedo dejar de pensar que encontré al leerte un alma abandonada a su suerte. Por qué será que comprendo todo y no sé nada. Por qué están tus huellas en miles de pensamientos cuando escribes sencillo y profundo y nadie puede decir a quién está dedicado. Por qué nacen de tus trazos hilos invisibles que atan y que nunca serán esclavos de nada; ni del amor.

Por qué clamas presentes si tiras al olvido partes de tu corazón. Por qué le hablas a la luna y lloras tu soledad. Por qué te sientes solo si en tus poemas sabes descargar la felicidad y adueñarte de la tristeza. Por qué necesitas de mucho tiempo para entender que tus pasos te llevan, precisamente, a ese lugar en dónde no quieres entrar. Por qué martilla tu cabeza cuando de verdad hablas de experiencias, traiciones, caricias tibias
o de momento, hembras dadivosas, tiempo que se va entre las manos sin dejar nada.

Por qué dilatas la vida pretendiendo estirar el sufrimiento para gozar las pequeñas batallas ganadas.
Por qué no puedes detener tus manos cuando escriben con el alma. Por qué sientes que eres tan pequeño y sin embargo tu sensibilidad te hace grande. Por qué te vez perdido en los abismos si ellos salen a tu encuentro cuando no quieres permanecer…

Por qué perdonamos todo a los poetas. Porque los necesitamos para que digan lo que no somos capaces de plasmar en ningún papel…

Amamos a los poetas porque ellos entienden la sensibilidad humana, pero lo hacen a merced de sus propias cavilaciones e improntas. Se entregan totalmente sin medir la realidad, sólo cuentan su necesidad de intercambio permanente para sentirse en custodia.
ASÍ ES QUE:
Los besos no son los que les han dado, son los que vendrán. Los abrazos son los que se perdieron en una simbiosis irreal. Los “te amo” no se susurran, se gritan dolorosamente. Las lágrimas se pierden en gemidos de ausencias. El ser es una quimera suponiéndolo todo.
. Los pasos se pierden en caminos sinuosos. La lluvia tiembla en los innombrables del tiempo y se borran con el sol o quedan ocultos para llorarlos siempre.
ENTONCES:

Cuando el poeta habla de soles y trinos, de manos tiernas y amantes. De besos que encienden las bocas de camas ardientes, de propósitos nobles, de esperanza; el poeta se ha enamorado y no sabe qué hacer con su poesía; ya no tiene deseos de escribir…Tiene deseos de VIVIR…
Cuando el poeta recibe a la vida: es capaz de hacer planes futuros y crece; deja de ver a sus sueños como utopías y allí donde pernoctan sus almas de niños, toman a las lápidas que se construyeron en las penumbras de su poesía, para reírse de sí mismos y renacen, ríen la carcajada más franca que jamás soñaron, y lloran las lágrimas que empiezan a transitar la emoción, la alegría y el disfrute de la vida.
DESEO DE CORAZÓN QUE ÉSTE SEA EL FUTURO DE TODOS LOS POETAS QUE CONOZCO A TRAVÉS DE SU POESÍA Y EN LA VIDA…
De una POETISA que aún ama a sus sueños
AmPaRo EsTeVeZ SaViZa
1671172013

ADOLFO BIOY CASARES - 15 NOVIEMBRE (1990) IMPORTANTE DISTINCIÓN











15 NOVIEMBRE (1990)
IMPORTANTE DISTINCIÓN
Adolfo Bioy Casares recibe el Premio Cervantes
De manos de Juan Carlos de Bordón, el novelista Adolfo Bioy Casares recibe en Madrid la más importante distinción de las letras hispanoamericanas. Fue un prolífico autor de cuentos, novelas y guiones cinematográficos en los que frecuentó desde el policial a la ciencia ficción, de los que con frecuencia hace una versión paródica al observar lo irreal con óptica humorística. Fue autor, entre otras obras, de La invención de Morel, El sueño de los héroes, Diario de la guerra del cerdo, Dormir al sol, La aventura de un fotógrafo en La Plata, Historias desaforadas, El campeón desparejo, Guirnalda con amores, El héroe de las mujeres, etc. Nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914 y murió el 8 de marzo de 1999.

ADOLFO BIOY CASARES - (Décimo cuarta parte)





. Adentro, como el orden siempre había sido estricto, el sistema de repeticio¬nes se cumplió naturalmente. Nadie huyó; más aún: nadie llegó a asomarse a una ventana. Todos los días parecían el mismo. Era como si el tiempo se detuviera todas las noches; era como si viviesen en una tragedia que se interrumpiera siempre al fin del primer acto. Transcurrió así un año y medio. Él se creyó en la eternidad. Después, inesperadamente, murió Lucía; El plazo del médico había sido postergado por quince meses.
Pero en el día del velorio ocurrió un hecho revelador: una persona que nunca habría estado en la casa, pudo ir, sin indicación de nadie, hasta una determinada habitación. Vermehren sólo reparó en esto cuando Oribe le dio la fotografía de Lucía; pero añadió que al encender la lámpara, su deciión ya era mirar la cara del hombre a quien iba a matar.
A los pocos días yo estaba de regreso en Buenos Aires y Vermehren había muerto en su cárcel. Se dijo (por ahora no quiero desenmascarar al autor de la infamia) que yo no era ajeno a esa muerte; que aproveché la circunstancia de no ser registrado, para llevarle el cianuro (me lo habría exigido a cambio de una confesión). Pero faltaron las consecuencias previstas por los difamadores: yo no revelé nada y la policía de Chile no se ocupó de mí.
Temo, ahora, reavivar la calumnia; se alegará que los da¬tos que me dio el médico y la simple amenaza de publicarlos no pudieron bastarme para obtener las declaraciones de Vermehren; se pasará por alto la dificultad que yo habría te¬nido para conseguir un veneno en Antofagasta; se insistirá en que esta publicación es la prueba que faltaba. Yo, sin em¬bargo, espero que el lector encuentre en mis páginas la evi¬dencia de que no pude complicarme en el suicidio de Ver¬mehren. Establecerla, denunciar la parte preponderante que en los hechos de General Paz tuvo el destino, y mitigar, en lo posible, una responsabilidad que oscurece la memoria de Oribe, fueron los estímulos que me permitieron ordenar, en plena enfermedad y al borde mismo de la desintegración, este relato de hechos y de pasiones concernientes a un mun¬do que ya no existe para mí.

Aquí se interrumpe el manuscrito de Juan Luis Villafañe

Al escribir: «Aquí se interrumpe el manuscrito de Juan Luis Villafañe», he querido señalar que, a mi juicio, el relato queda inconcluso. Añadiría: deliberadamente inconcluso. Es verdad que la última frase ambiciona la pompa, el patetismo y el mal gusto de un final. Sobre todo, de un falso final. Es como si Villafañe hubiera pretendido que el tono confundiera a los lectores; que éstos, al reconocer el final, lo acepta¬ran, sin acordarse de que faltaban explicaciones y una bue¬na parte del relato.
Ahora intentaré corregir esas deficiencias. Lo que agrego es una interpretación meramente personal de los hechos; pero confío que también sea lícita, ya que todas sus premisas pueden encontrarse en este documento o en los caracteres que este documento atribuye a Oribe y a Villafañe. No he ca¬llado mi conclusión con el propósito literario, o pueril, de reservar una sorpresa para las últimas páginas; he querido que el lector siguiera a Villafañe, libre de toda sugestión mala; si este epílogo le parece demasiado previsible; si, inde¬pendientemente, hemos llegado a la misma conclusión, me atreveré a considerar el hecho como un indicio de que la in¬terpretación no es injustificada.

ADOLFO BIOY CASARES - (Décima tercera parte)





Con su cara congestionada y sus ojos inexpresivos, Berger dio pormenores. Yo tuve asco: de mí, de Oribe, de Berger, del mundo. Hubiera querido abandonar todo; pero me hallaba en ese episodio como en la mitad de un sueño y tal vez entendí que no debía tomar decisiones, que en ese momento mi sentido de la responsabilidad no excedía al de un personaje soñado. Además, empecé a entrever (muy tardíamente, por cierto) una explicación de los hechos y cometí la equivocación de querer confirmarla o desecharla, de no preferir la incertidumbre. A la mañana siguiente emprendí el viaje a Santiago.
Recordé que no debía odiar a Oribe. Con insegura frialdad me pregunté si me indignaba tanto que hubiera contado la aventura porque la muchacha estaba muerta. Precisamente, la había contado por eso: porque la muchacha estaba muerta y porque la historia de su vida y el episodio de su muerte eran románticos. Trataba la realidad como una com¬posición literaria, y debía imaginar que el valor antitético de esa anécdota era irresistible. El procedimiento era candoroso, el efecto, burdo, y pensé que no debía juzgar a Oribe con mucha severidad ya que su culpa no era la de un hombre inicuo sino la de un escritor incompetente. Lo pensé en vano. Los argumentos no abatieron mi condenable rencor.
En cuanto llegué a Antofagasta fui a ver al jefe de policía. Este funcionario no se interesó por la carta de presentación, aunque llevaba la firma autógrafa de nuestro jefe, me oyó con indiferencia y me extendió un permiso para visitar a Vermehren cada vez que yo quisiera.
Lo visité esa misma tarde. En sus ojos durísimos no ad¬vertí si me había reconocido. Le hice algunas preguntas. Empezó a insultarme, lentamente, con una voz en que las palabras, casi murmuradas, parecían contener un vendaval de odio.
Lo dejé hablar. Después le dije:
-Como usted quiera. Yo andaba en una investigación personal, sin intención de publicar los resultados. Pero me ha convencido: publico los datos que me dio el doctor Battis y no molesto a nadie.
Me retiré en seguida y al día siguiente no aparecí en la cárcel.
Cuando volví fue casi atento. Apenas aludió a la entrevista anterior. Me dijo:
-No puedo explicar este asunto sin referirme a mi pobre hija. Por eso no quise hablar.
Confirmó la historia del médico; agregó que una noche, cuando Lucía subió a acostarse, alguna de las muchachas dijo que parecía increíble que en una vida tan cotidiana¬mente igual como era la de ellos, pudiera introducirse un cambio -el cambio definitivo de la muerte-. Después recordó la frase, y, en horas de insomnio, cuando las credulidades y los propósitos son más apremiantes, decidió imponer a to¬dos una vida escrupulosamente repetida, para que en su casa no pasara el tiempo.
Debió tomar algunas precauciones. A las personas de la casa les prohibió salir; a los de afuera, entrar. Él salía, siempre a la misma hora, a recibir las provisiones y dar las órdenes a los capataces. La vida de los que trabajaban afuera si¬guió como antes; huyó un peón, es verdad, pero no lo habría hecho para salvarse de una disciplina terrible, sino porque habría descubierto que ocurría algo extraño, algo que no podía entender y que por eso lo intimidaba