¡¡¡GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE!!!

¡¡¡GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE!!!
AUTORA-AmPaRo EsTeVeZ SaViZa
Powered By Blogger

visitas del día

Vistas de página en total

Amparo Estévez Saviza

Mi foto
Considero que un espacio interactivo debe servir para comunicar, compartir y pasar momentos agradables que nos ayuden a pensar la vida como bella y en este caso específico a conocer a los escritores y poetas que en todo momento transbordan vidas diversas arte y sueños a nuestro corazón...

miércoles, 19 de febrero de 2014

EPISODIO 16_ MACEDONIO FERNANDEZ



- TOMI


EPISODIO 16_ MACEDONIO FERNANDEZ

¿Y la novela actual, la lírica, la crítica? Aquí estamos ante el problema que debiamos plantear y que queríamos preparar con la digresión precedente.
Creemos que no tenemos nada genial en prosa, crítica y verso; ¿la Europa actual la tiene, aunque muchos gesticulen de genios por allá? Pero brillan aquí: en Arte, una genialidad: la del gusto estético de nuestros artistas; y en algo atañedero a la Literatura: en el periodismo argentino hay genio.
El exigentísimo gusto artístico de nuestros talentos, más pronto y severo, y la inferioridad, comparada con él, de sus obras, componen un misterio.
La genialidad de nuestro periodismo; el amparo, aunque utilitario, que un periodismo vigoroso ofrece al literato, aunque sea como sostén provisional, y la inferioridad de las obras literarias, componen otro.
Nuestros literatos llevan al periodismo páginas geniales, a veces, y no nos dan un libro magnífico. ¿Cuál es la explicación? La celebrada "alacranería" de nuestros artistas es la resultante precisa, nada injusta ni
envidiosa, de la excelsitud del gusto y de la medanía del libro del literato argentino.
¿Cómo explicar esto último? Y considérese que aludo, con la calificación medianía, a obras que con una firma francesa serían notablemente encomiadas y vendidas, porque los europeos son inteligentes y los hijos de europeos parece que no.
Nada más puedo decir, porque me falta el especialísimo estudio necesario y sólo me he atrevido a una expresión personal de asombro ante ciertos extremos que he señalado.
Os dejo contaminados con estos problemas de que adolezco.


II . BRINDIS DE RECIENVENIDO

La oratoria del hombre confuso

Leído por el poeta E. Fernández Latour en el banquete en que el pintor Pedro Figari fue congratulado a inspiración común de Martín Fierro y Proa.

El uso de la palabra es travesura que me ha costado una contrariedad por vez. Favoreciéndome certera y prontamente como el tratamiento que dejó de seguir el extintocon el efecto de que el encontrarme en casa luego paréceme recuerdo de resurrección: un bienestar de sobreviviente tras malestar de persona que está naciendo. Sólo aquellos de nosotros que han nacido pueden pasarse de explicaciones acerca de la minuciosidad con que estuve revisándome para certificarme si mi totalidad contaba todavía con un porvenir, si mi presencia en el hogar era completa y tal que pudiera sostener mi voz en el tono autorizado con que debe pedir el vaso de agua y de ánimo al delantal de la mucama de sueldo atrasado un muerto interrumpido o un interrumpido de morir. La primera vez de cualquier cosa debiera venir después de unas cuantas; para evitar contradicción en los términos, bastará trocar su designación numérica por una algebraica, llamarla alfa. Yo no lo pensé, y me dirigí sin ensayo a la señorita que pasaba (para que una señorita pase es preciso estar sentado a una mesita de bar de las que en verano se salen a la vereda: allí estaba yo y en ese mismo bar) y le dije esta sola palabra "Leve como velo de nube del pincel de Figari; bella como el acertar con un asiento lleno de uno mismo en un tranvía lleno de otros; ojos negros como la pena del que no los ha visto, ¿por qué tu andar te aleja de mí si bastaría detenerlo para que la latitud de nuestra separación cesara de crecer!... ". Pensaba extenderme satisfactoriamente sobre las consecuencias geométricas que fluían de la posición recíproca especial tan bien preparada por mis palabras, cuando un golpe, rectilíneo posiblemente, hizo dos mitades de mi elocuencia y aun tuve que dividir ésta con un vigilante que se había tenido oculto en mitad de la calzada haciéndose notable por grandes señas a cuanto movimiento entorpecible y estorbable divisaba.
En la comisaría no estaba la señorita; no supe nada de ella; yo había acudido a informarme de su paradero acompañado al principio por el primer aparecido de los agentes, de quien me despedí a la cuadra: no se me abandonó nunca; diversas personas uniformadas tuvieron inmenso gusto, me lo declararon, en asesorarme hacia la comisaría, deseosas de que yo no confundiera las calles que a ella conducen con las que llevan a mi casa, donde nada me habrían podido noticiar de aquella joven.
El dolor que sentía en aquel de los hombros arriba del cual pende una oreja no era de muelas ni de la primera dentición sino del primer uso de la palabra. A mí me parecía que una vereda completa de las de frente a Plaza Congreso me había acertado en la clavícula. Si yo hubiera podido encontrar un reemplazante instantáneo de mí un segundo antes del golpe... Pero estos reemplazantes, suplentes, que todo quejosos se inscriben para las vacantes, no aparecen cuando se los busca para ayudarlos.
Hubiera dado cualquier distancia para no estar allí y a ratos sospechaba haberme caído detalladamente cuatro metros seguidos desde una azotea, sin saltear ninguno. He notado que por fuera todos los pisos son corridos.
Mantúveme reservadísimo por años sin aludir a mi éxito retórico, no queriendo exponerme a deslucirlo con ejecuciones verbales inferiores. Pero en un movimiento político del cual yo ocupaba la acera siempre las veredas me han dejado en la calle pronuncié el siguiente discurso de espectador: "Viva el Presidente General Cristóbal Colón Avellaneda". Al instante de terminarlo me vi rodeado de una baratura de bastones como no es de creer dado el alto costo de la mano de obra, los que estaban ya levantados, de modo que hecho el trabajo principal, nada era bajarlos a favor mío y de la ley de la gravitación de las manzanas universales mondada por Newton. Por esta vez me reemplacé yo mismo; con celeridad inapresurable hice ausencia de mi presencia y modestia de mi engreimiento. Veinte regatones saltaron golpeados en el suelo, punto de cita de todos los yerros, igualador de punterías. Me extrañó la conducta picapedrera, aquel campeonato, aquella emulación de caridad por mí, aquel despilfarro. La gente siempre ha cuidado sus varitas.
Me alejé de aquel tiro federal, pero sépase de las varitas que en días de lluvia y una vez extraviadas en el tranvía se llaman paraguas, pues cuando ocurrióme perder casi todo mi bastón a causa de la preocupación de hacer pasar antes que yo por la estrecha portezuela del subte el buen sobretodo que llevaba puesto para vigilarlo de atrás lo encontré
hecho un buen paraguas, a falta de bastón, en la gerencia. Por lo demás, a un bastón nuevo le queda bien haberse extraviado una vez; es para él la aventura de juventud y uno debe procurársela. Aunque más cómodo sería que los vendieran ya extraviados. Y aun las librerías nos ahorrarían trabajo si algunos libros los expendieran ya leídos. Mejor todavía tratándose del buen libro, que los vendieran ya devueltos por los amigos prestatarios.
Réstame explicar el origen de los pequeños errores de mi discurso que tanta deportividad provocaron. Tuve siglos antes uno preparado de encargo para recibir a Colón en su segundo viaje que efectuaba bajo instrucciones de hacer cuanto antes el descubrimiento de América, no fuera que los nativos lo verificaran primero que él. Pero, como sucede con estos paseos apurados, muchos quedan sin hacer; y hoy los historiadores han establecido que no hubo segundo viaje de Colón sino únicamente primero y tercero. Recordemos de paso que si el istmo de Panamá, así como era todo de tierra hubiera sido de agua, el descubrimiento de América se habría realizado en China, donde a Colón se le esperaba todos los domingos.
Aquel discurso no pudo, pues, ser aprovechado y ahora su texto en parte se me enredó con las palabras que hubieran sido de oportunidad. Tan infelices experimentos oratorios me han disuadido, doctor Figari, no obstante la admiración y afecto que quisiera atestiguaros, de dirigiros una sola palabra en el acto de homenaje que os tributamos.
("Martín Fierro", 1924)


Brindis a Ricardo Güiraldes

(Sin las supresiones que entonces la concurrencia obtuvo de su desesperado autor. Aplaudidas como lo fueron, es deber periodístico difundir lo que fue éxito junto con lo que no fue supresiones. Concediendo alegremente éstas el orador resultó contribuir con todo, con el brindis y con improvisación de supresiones que lo han revelado, asimismo, como prontista; a lo que se atendrá en el porvenir.)

No es aquí, señores, nuestro comienzo de discurso y debe "apreciarse" como principiado con nada de decir. Cortesía nos haréis si estas primeras palabras son obsequiosamente "estimadas" como e! "no haber dicho nada en suma", que tan desagradable sería lo aplicarais sin descernimiento a todo el brindis al final; como no derogante del Silencio, de cuyo texto, fácil de recordar y del cual el Hablar es la única errata posible, el procedimiento de cita no ha sido hasta hoy encontrado. La sutilidad de nuestra frase inicial representa a la imitación ¡por fin literaria! del silencio. El esfuerzo feriado de páginas en blanco que hemos leído tantas veces dispersas en la foliación de libros, ocasionándonos la única perplejidad posible y privativa a la especie lectora, esas ocho o diez páginas de heroísmo de autor y que el lector, en ella tergiversado, sostendrá siempre que no las compró, que no injuriaban su pensamiento de compra; ese esfuerzo, señores, de transcripciones del silencio, banal aunque de buen anhelo y presentimiento, era capitulación del poder de la palabra. Para la literatura es una claudicación confesarse incapaz de expresar con palabras el silencio y acogerse a las páginas en blanco. La imitación literaria del silencio era la sola digna de nuestra profesión; es por fin lo técnico en el asunto.
Formulamos, con el retardo de estilo, la presente oratoria de ofrendar un almuerzo finalizado, pues la tradición tiene apuro de que se demore el ofrecimiento de una demostración hasta luego de comida ésta por completo, sabiduría que precave a lo almorzado del desaire de que no se la acepte. Nuestro brindis ha sido, sin embargo, compuesto entre dos que se ayudaban y cuatro de la mañana, tempranidad de origen que se desaprovecha por fuerza de esa tradición; hace diez horas que podíamos servirlo caliente. Ya sabéis, pues, que se puede contar con nosotros si resolvéis abrogar aquella práctica, y que, teniendo hecho un brindis y tantas ocasiones de leerlo a los más anticipados repartidores y lecheros de Buenos Aires, lo hemos reservado hasta el momento prefijado para su indiscreción, de modo que realmente parecería pensado sólo para Ricardo Güiraldes, cuya indulgencia por lo visto es la única con que contamos, aunque reventamos por leerlo a cada transeúnte.
En el plan del brindis las dos personas nos adjudicamos los dos géneros literarios: lo bueno y lo malo, que tantas grandes obras seguirán dando. El señor Fernández cuya modestia clama porque no se le nombre aquí y que aún después de nombrado todos seguirán preguntando cómo se llama, por gozar de un apellido tan favorable al incógnito (que no se le nombre excepto como inventor del dispositivo mecánico para deshacer juguetes que disimulará por siempre la conocida morosidad de los niños en despanzurrarlos), se me adelantó en la elección tomando para sí la parte mala; dijo que se sentía con fuerzas y pese a mis dudas le ha salido bien. Venció todas las dificultades y para la más bella y difícil de la prosa, la concisión, halló una solución novedosa, me parece; ha salvado este escollo sin rozarlo, sin mirarlo siguiendo adelante, con el recurso nunca adivinado de escribir largo para ponerse a distancia de la concisión, que era el escollo y fue tratado como tal; de modo que la parte mala (lo que estáis oyendo es anterior a ella y a la buena) resultó extensa, cual lo exige el género (yo lo hubiera hecho mayor áun) y no dejó lugar para la buena, lo que también tenía que ocurrirle a ésta, conforme a su característica que es la de dejarse ver poco en este mundo. La buena no figura aquí, como lo habréis notado; la hemos guardado; y mejorará con el tiempo hasta tal perfección de borrarse que el lector de sus páginas no sabrá nunca si se dirigen a él con el prefacio "A los lectores" que son quienes leen, o a nadie, con el de "A mi familia y amigos", que son otras personas. Vais, pues, a escuchar la parte encargada de mala, compuesta por un experto y un voluntario; si la halláis de esta estricta calidad, modelada a su género, aplaudidla, pues.
Pero antes, aún:

Ricardo Güiraldes

Sois en la persona, en vuestra visita suave al vivir, reticente de un oculto arder, un modo de dulzura agraciada aun con un leve toque de descontento (como reflejo de alguna hesitación en el acogimiento público de vuestro talento) que tiñe el acento de voz y dibujo de sonrisa y el tono de vuestras traslaciones remisas en la tertulia de tránsito terreno.
Hoy se inclina vivamente hacia vos la sediencia de belleza que vive en el genio de la colectividad, que abre manantial de sed en su seno, o como diríais vos, hoy se inclina la manantialidad de oír y admirar que guarda el hombre para el artista.
Vuestros amigos aquí sólo se han adelantado al público; hoy tenéis vuestra la amistad del mundo. Una amistad amablemente entremetida: casamentera como fue siempre la humanidad ha brindado a vuestro Segundo Sombra la Segunda que no quisisteis darle, la Segunda Edición que por lo que se afana en la casa parece presintiera próximo reemplazo. La intrepidez de Don Segundo Sombra ha fallado donde falló todo hombre: tenía valor para vivir sólo más al matrimonio lo afrontó entre dos, en lo que se igualan flojos y valientes. Con razón vos lo queríais soltero.
He dicho.
("Martín Fierro", 1926)

EPISODIO 15_ MACEDONIO FERNANDEZ





- TOMI


EPISODIO 15_ MACEDONIO FERNANDEZ

Editorial de regreso de la "Revista Oral' de Córdoba

(Leído por otro, no habiendo podido asistir el autor)

No necesita explicación mi presencia aquí, señores, pues que ésta falta; y espero que seréis con ella indulgentes, considerando que no se ha producido. Puedo demostraros punto por punto que corristeis casi todo el peligro de tenerme en Córdoba; y no hay que fiarse en que no estoy, como si fuera fácil conseguir mi ausencia, tan solicitada, ni os enorgullezcáis de que "dicho señor Fernández" no esté en Córdoba, pues en ello no os he dispensado ninguna particular preferencia. Hoy, excepto Buenos Aires, toda ciudad argentina ofrece tal aliciente, y aun creo que mi ausencia se ha extendido a puntos del extranjero, en que jamás he estado, por efecto del concepto que de mí se difunde.
Notaréis que he cambiado novedosamente el texto usual de las personas que faltan. Ellas hasta hoy creyeron siempre que les urgía disculparse; sólo alguna muy inteligente llegó a dudar si era la presencia o la inasistencia la necesitada de ello. Constituís, pues, el primer público del mundo al cual no se molesta con esa fatigosa ficción. Ello no contradice que concrete la causal de mi ausencia. Estriba ésta en que he sido mortificado por una insinuación que la Dirección de la "Revista Oral" tuvo forzosamente que hacerme, de que una pequeña parte del público de Córdoba, en unanimidad con la parte restante, exigía, para acogerme con entusiasmo, que yo diera garantías concretas de mi regreso a Buenos Aires, a cuyo efecto me ha sido estipulado por la Dirección que yo haga y firme el editorial de regreso.
No comprendo cómo se recuerda en Córdoba que la vez que vine (hace treinta años) por dos días, y fui recibido por todas las casas de la ciudad las que ya entonces encontré todas edificadas, pese a las jactancias de la municipalidad actual (yo no sé nada, pero supongo que se jacta como todas las autoridades comunales), coloqué inhábilmente estos dos días de quedarse al final y no al comienzo de unos treenta días de no quedarse, que me habían recomendado; me quedé treinta y dos días, período formado todo de penúltimos y últimos días según las cartas y telegramas de convencer la familia que yo redactaba entonces diciéndole "Ya he regularizado mi demora", "Partiré tan pronto concluya de demorarme". Frases como éstas, en el centro de un telegrama, efluvian un sentido clarísimo y tranquilizador; a mí me parecía que yo había llegado a "tiempo de demorarme" y quería gozar el fruto de este género de puntualidad. Por cierto que los diarios anunciaron "que se encontraba entre nosotros el conocido don Macedonio García y que este señor López seguramente quedaría pocos días (seguían otros elogios)" y se me deseaba larga permanencia dentro de la semana.
Y bien, señores, pongámonos tristes, meditemos. En aquellos tiempos no obstante mis pocos años yo era ya joven y, por lo tanto, rico en sentimientos, viviendo internamente en dolor y placer, era, como todos los jóvenes, materialista y cientifista. ¿Puede tener algún sentido en boca de un joven la fe materialista y cientifista, el agnosticismo, aún la creencia en la muerte personal, la creencia en la casualidad del mundo, en la casualidad o contingencia de nuestro advenimiento individual a él, la creencia en el progreso, que degrada el pasado y valoriza neciamente el porvenir, infatuándonos de ser posteriores al pasado y agitándonos de no estar en ese privilegiado porvenir, la creencia en la ciencia, que declara
que este mundo es casual y casual nuestra presencia en él, y que sin que tal punto de partida la paralice se entrega a predecir todo el porvenir manejándolo por tanto como un pasado y fija causas a todos los fenómenos de este mundo que pudo o no existir y en el que por tanto la ciencia pudo o no sentarse a dictaminar?
En aquel tiempo yo era socialista y materialista. Hoy soy anarquista spenceriano y místico. Es cierto que entonces mi poder intelectual era mucho mayor que hoy, pero es cierto por otra parte que hoy mi sensibilidad, mi contenido psicológico cotidiano es mucho más pobre y por tanto mucho más fácil de estudiaren su misterio, en su calidad metafísica, pues todo estado sentido, por insignificante en duración o intensidad que sea, representa la totalidad del interrogante metafísico.
Es posible que en orden a lo sociológico me encuentre equivocado, es decir, que mi casi completa incredulidad en los beneficios y necesidad del Estado sea inadecuada a la faz social de la psicología del hombre.
Pero en mi actitud mística me siento seguro; y por intermedio de la revista "Clarín" u otra publicación de Córdoba me complacería exponer su defensa, ya que considero que no pudiendo responder a todos los dolores, confusiones y oscuridades del alma de los jóvenes, que es de lo que habría querido ocuparme en este editorial, pues la juventud no me parece contar con los amparos y la atención a sus problemas sentimentales y acomodo práctico que debiera hallar preparados para ella en el cuerpo social, y yo quisiera acudir a su consuelo (como anhelé claridad y estimulación, cuando joven y sufriente, de algún fuerte pensador y honesto, de entonces) con la exposición más cuidadosa y completa posible de la verdad y necesidad de la actitud mística. También la beldad civil, o sea la Libertad, el Estado Mínimo, que es mi otro tema u obsesión, será otro de mis tópicos.
Se despide de vosotros por ahora, dejando el haber venido para otro día.


Inauguración Nº 42 (De la "Revista Oral")

Hemos acertado denominar así nuestras sesiones, para impresionar de responsabilaidad inaugurativa el tono de trabajo de los redactores, mientras meditan los agudos estudios que les exigimos. El nacer sólo una vez, aunque a nadie le está de más, y dura y no se olvida en toda la existencia, no rige para las ideas, que viven de rejuvenecimientos no de continuidad. A ellas les conviene la inanticuable palabra "inauguración". La inauguración cotidiana nos gobiernasin alusión oficial e inflexiblemente llamaremos última inauguración a nuestro postrer número, que aún no ha salido, si bien tenemos ya de él infinitos pedidos y las personas lo quisieran ya. Habrá que aguardarlo; es siempre el que más se tarda y por culpa de su morosidad rara vez escapó a una colocación de las más postergadas en el orden de aparición.
La emulación pública por tener pronto en las manos el ejemplar auditivo que concluirá con la "Revista Oral", es una grata señal de su perduración, y de la nombradía que algunas de nuestras familiares y gustadas firmas ya gozaban, a veces por el solo hechizo de no haber escrito nunca; pues los que no publican tienen un público rarísimo, quizá el más vivaz y curtido, que hace justicia a este género de autores; mientras la crítica vacila y se confunde, ese público no duda que si el prudente hombre no escribe, de su mal se está precaviendo.
No incurriremos en la innocua recienvenidez de disimular que la preferencia por suscribirse sólo al último número, nos tuvo corridos de ridículo unos días. La posible socarronería de los pedidos nos escocía tanto que, fundadores, redactores, administradores y cobradores de la "Revista", en suma todos sus admiradores, nos turnábamos diligentemente en excusarnos de atender en persona al cliente futurista. Pero la exaltada demanda era de buena fe; los pedidos eran sanos, encaminados a darnos ánimo, garantiéndonos al menos una extinción a gran tiraje. Debíamos tener semblante de no ser capaces de llegar, sin ayuda, a dejar de aparecer; de que por no saber cómo se consigue hacer última a una edición, continuáramos después de ésta; o cesáramos antes de dejar de aparecer.
No será así; correspondiendo al favor del público apresuraremos esa edición que dichos adelantados suscriptores futuristas prefieren de prisa; pero así como supimos particularizar entre todos sus números un primero no dando ninguno antes de él, concluiremos por un número, y será tan próximo, y conocidamente último, que contendrá relato del, para entonces completamente ocurrido, fin del mundo, tantas veces empezado por los astrónomos sin concluirlo ofreciéndonos sólo un fin seguido, cuando a un metafísico le es tan fácil como hacer piar a una incubadora brindarnos un fin absoluto que puede competir en duración con un añadido de las docenas de terminaciones de mundo juradas a telescopio.

Debido a las escaseces que siempre se enredan a las fundaciones, nuestra revista ofrece la debilidad de que después de todos sus renglones no dice nada, lo que la descuida de incompleta como todo lo que acaba. El ejemplo de cómo algunos grandes diarios han salvado esta dificultad, con números del domingo, que no terminan, nos esfuerza a reparar la imperfección. Mas entretanto nada disimularía tan bien la pasajera limitación, como una conversación generalizada con el público, acerca de teoría del arte, situación del profesionalismo artístico local, orientación del gusto popular. No parece que otros temas, aparte de lectura no recitado de obras inéditas, fueran indicables en un recinto tan precario y consideradas todas las circunstancias.
Nuestra Revista, no obstante su modesto ser en la inmensidad de actividades de la publicidad, es la única que ha logrado "hacerse oír"; y esta especial manera de atendernos, que el público no concede ni a los grandes diarios, nos obliga a corresponderle en calidad. Y nada es calidad como la largueza de juicio frente a la variedad de gustos, maneras artísticas, buscas espirituales, y la libertad.
Somos todavía un país sin manías; es la impresión más amable del ambiente argentino y esto es lo que llaman chatura de nuestro vivir los que se adietan a lo europeo. Hasta hoy, ni la gestación de una manía se percibe en nuestra nada recelosa convivencia. El primero que nos traiga una, hará insondable traición a nuestro espíritu con el éxito de una pestilencia. Somos, por sencillo efecto de nuestra momentánea y moderada holgura económica pues ninguna nación gozó nunca de un bienestar material muy alto o duradero; una fuerte graduación de pobreza es la norma de todos los países y épocas somos uno de los grupos humanos, por hoy, más inteligentes y benevolentes, dos cualidades que también tienen su normal histórica de parquedad. Suele ser antipático oír explicar la inteligencia y la bondad por el índice económico; no puedo ahora argumentar mi tesis y quedaré pues, provisoriamente malquistada con algunos jóvenes oyentes; quedémonos con las ganas de querernos mejor ellos y yo en favorable oportunidad.
La menor inteligencia promedia de algunos europeos frente a la nuestra se revela en juicios errados, injustos acerca de nosotros; y nuestra mayor benevolencia, frente a la de ellos, se revela en la tolerancia con que los dejamos decir. Si los diez millones de habitantes de la Argentina produjéramos intelectualmente lo que un promedio de diez millones de habitantes de Europa, no produciríamos nada y llamaríamos la atención del mundo como una sociedad humana singularmente escasa de mentalidad. Pero los 450 millones de moradores de Europa tienen una productividad mental conjunta que fácilmente impresiona, sin embargo de ser proporcionalmente acaso exigua hoy. No diríamos lo mismo de la Inglaterra de hace 60 años, la Francia de Voltaire, Lavoisier, Laplace, Rousseau, Lagrange, Lamarck; de la Alemania de 1860, de España del siglo 16. Ya hicimos salvedad de lo pasajero de las superioridades y sus causas.
Con un promedio insignificante de 6 millones de población en los últimos 40 años, hemos tenido a Estanislao del Campo, como cuya frescura de inspiración y firmeza de gusto, Europa pocos ejemplos tiene entonces; a Hernández; a Sarmiento; Vélez Sarsfield, Wilde; Alberdi; a Mitre, genio de la ciudadanía y de la construcción de civilidad, superior a insignes estadistas por su desapego a la posesión pecuniaria y su familiaridad con todos los afanes del pensamiento; a los dos Ameghino; Muñiz, los Ramos Mejía; a Juan B. Justo, economistasociólogo eminente y prosista magistral; a Martín Gil, hombre de ciencia celebrado, músico y prosista excelente; a un bufo de genio como Florencio Parravicini que en un instante y para veinte años desalojó a los profesionales europeos de comicidad teatral rutinaria; a biólogos como Julio Méndez y clínicos como Castex y cirujanos como Chutro; a pintores que han triunfado en Estados Unidos y en España. En música tenemos la deliciosa floración continua de nuestros tangos, que a veces contiene más música esencial que muchas atléticas óperas, "suites", "conciertos", que ostentando desdén por lo popular no tienen más valor que el prestado por alguna de esas magníficas "tonadas" del pueblo español y del italiano meridional; tenemos excelentes instrumentistas en guitarra (María Luis Anido), violín (Allardice White) o un ejecutantecrítico como Luna. ¿En política habría alguien genial a quien nombrar? Etc., etc. Lo que sucintamente propongo a vuestra evocación para retemplar vuestros esfuerzos en los precedentes de nuestra fecundidad en el pensamiento y el arte.

EPISODIO 13-MACEDONIO FERNANDEZ




- TOMI

EPISODIO 13-MACEDONIO FERNANDEZ

Desperezo en blanco

En aquellos tiempos pasados tan lejanos que no existía nadie, pues nadie se animaba a existirlos por lo muy solitarios que eran para toda la gente, y además, no se podía pasar ningún rato en ellos porque carecían de presente en el cual todos los ratos están contenidos y otros además, pues como estaban perdidos en la "noche de los tiempos" no se veía dónde estaban; lo que impidió alojarse en ellos, todo lo cual lo sabemos por la Paleontología tan conocedora del pasado como ignorantes nosotros del presente, en aquellos tiempos que las personas más ejercitadas en la vejez recuerdan olvidar, nuestros pies eran cascos y el hombre inteligente les dio un amparo que no necesitaban, rodeándolos de botines por la parte de afuera, acomodo que nunca habían conocido, pues hasta entonces habían pertenecido al mundo exterior y no sabían lo que era ser ellos una cosa de adentro de nada; por el contrario, se caracterizaban y se les reconocía por hallarse siempre disparados y lo más distantes posibles siendo lo más alargados, externos, salidos y correcalles que hubiera, además de su singularidad eterna de ser un artículo par, y andar obligando a todo a ser par, como par de medias, par de botines, a diferencia de la nariz que se basta con un arco de anteojos, puesto encima para ser impar. Es comprobada la constancia de los zapateros que nunca han variado de ocupación siendo ellos siempre los que hacen los botines y han aconsejado su colocación en los pies como la más cómoda, muy superior a la costumbre nunca usada de llevarlos en una valija o en el bolsillo. No son los peluqueros pues los que hacen todo incluso botines, como pretenden hacerlo creer por su peinado y la conversación que dirigen a la cabeza del cliente como para llenársela por si está vacía. Si usasen la conversación partida al medio como su inimitable peinado, tendrían para dos clientes a la vez, mas como cada cliente tiene otro artista para él en ese momento, un fuerte sobrante de conversación fluiría hacia la puerta del negocio y correría por las calles, teniendo su manantial en las barberías y su cauce en la calzada, que según indica su nombre, es jurisdicción de los zapateros.
No veo otro camino para que los peluqueros invadieran, como tanto lo han deseado, el oficio de aquéllos, logrando hacer brillar su arte en ambos extremos anatómicos. Por otra parte, el peinado es una manera de pensar por fuera de la cabeza, por lo que debieran sentirse orgullosos los artesanos que tomando la navaja al dejar las tijeras, nos tienen tan acobardados y sitiados como para despojarnos de nuestro cabello sin protesta ni intento de fuga.
Pero volviendoal asunto inmediato que no olvidaré un solo momento, quería enseñar que si las durezas plantales originaron los botines, éstos están haciendo nacer tantas que pronto volveremos a la dureza única. Es, pues, un círculo el progreso y la espiral de Goethe no condice con el piloso principio y el coriáceo final de la anatomía humana.
("Proa", 1922)


Un artículo que no colabora

Desde los tiempos cuando los jilgueros volaban hasta los en que se tuvo gobiernos capacitados para postergar con urgencia cualquier asunto y especialmente la hora de los eclipses solares, que a veces por descuidada combinación de los astrónomos preparadores caen en instantes en que sólo pueden disfrutarlos los trasnochadores más próximos, se me viene solicitando de "Martín Fierro" un artículo breve o que yo sea breve en un artículo. (La preocupación de "Martín Fierro" por sus lectores no reconoce límites; pero nada lo hará feliz, pues por nuestra parte el límite de los colaboradores no reconoce preocupación.)
Me costará pena por estar fuera de mis hábitos, aparte de ser cosa notada que siempre seguimos la misma costumbre que hemos cambiado. De mi agrado ha sido que los artículos parecieran breves; mas tras múltiples pruebas resulta que el lector no se atiene a la apariencia; los desea efectivamente cortos; sólo así los ve breves. Artículos que duren poco, ¡qué gente de sueño fácil!
Por diminuto que sea un trabajo debe empezar. Pero los Directores no lo entienden así; no pueden ver que un artículo empiece. Es un alarmismo tal que sólo se tranquilizan de que no será largo si uno les promete no comenzarlo.
Todo lo que puedo es empezarlos cortos. En este esfuerzo he logrado hacer de mis primeros cuatro renglones una reconocida notoriedad de brevedad. Está debidamente codificada entre todos los lectores del mundo la regla de ausentarse después de la cuarta línea; a esta altura yo cuando leo, suspendo; cuando escribo, sigo, pero justificadamente, pues la brevedad ya la he satisfecho al principio.
Me parece que yo hago como todos (dicen que el tartamudo cree que todos son de su tartamución. Me gusta más el dicho "el ladrón cree que todos son de su condición", porque es aconsonantado; y es un placer tan grande leer "ón" y unos segundos después otra vez "¡ón!". Sólo así el dicho contiene sabiduría). A la altura en que autor y lector cesan de acompañarse puede escribirse ampliamente. Y está tan bien acomodado esto de no pasar del cuarto renglón, que ningún lector sabe que desde la línea siguiente no hacen otra cosa los autores que hablar mal de él.
Así, pues, es inútil el empeño de los señores Directores de "Martín Fierro". Después de la cuarta línea no hay nadie a quien proteger.
Por lo demás, yo distrayendo a ambos Directores, al uno con los jilgueros y al otro con el eclipse, he logrado que sin oposición este artículo quedara totalmente empezado.
("Martín Fierro", 1925)


Articulo diferente

En los días en que toda la literatura es: "Señor, habiéndose derretido la ley de alquileres, prefiera usted, desde hoy, en esta su casa por ésa mi casa, pagarme 80 pesos más, etc.", me dirigí a "Martín Fierro" pidiéndole me aumentaran espacio para los escritos. Con tal mala suerte que se me contestó mandara sólo artículos cercados o sea contenidos por un cerco y que tuvieran la solución cerca, y, además, que ocuparan un solo lugar. De modo que no he podido saber qué gusto tiene un aumento, cuando toda la población lo sabe. La comunicación de los directores no dice si avisarán cuando estén de mejor humor; no usan postdatas que alegren. Si insisto me van a prosperar hacia la calle.
Así que, estimado lector, hoy no publico más que la mitad de lo que se ve aquí.
Toda persona que haya estado en este mundo sin techo y con moral, redondo en esta semana y que no sobra por ningún rumbo, habrá redondeado, en día de soberbia, el pensamiento de haberle tocado sólo a él nacer del lado en que las tortitas tienen azúcar, que es frente mismo adonde sobresale la manija del planeta que "gira alrededor de sí mismo" si pudiera yo girar en torno de mí mismo me repasaría la espalda del sobretodo al retirarme de cada pared; y viendo que este mundo no es como los días jueves que alcanzan para todos, sino corto, de economizar, que se consume por donde lo gastan, disfrutándolo el que llega primero que no son todos tendería su mano afanoso a dicha manivela en procura de dirigir el globo hacia donde él está; si bien esto es algo imposible en mecánica estricta hallándose la persona y el mango en un mismo sistema de coordenadas. Pero las "recomendaciones' son la genuina cuarta dimensión que se busca, y en mecánica laxa, interesándose personas de influjo se le cepillaría la incongruencia a mi proposición. Un sobreviviente de las conferencias de Einstein me garante que esto es todo lo que le entendió; me confesó dicho amigo que él asistía con el plan de entender; de modo que no hay nada que dudar en el asunto; ni se puede discutir cuán enojoso habría sido para Einstein conocerle semejante plan. Sigo aquí porque es donde debe continuar un artículo diferente.
Siendo esto así y lo demás de otro modo, es casi seguro que las continuaciones alargan los artículos y también que todo hombre creyó alguna vez tener en su poder la manija de este quejadero redondo y que no hay en Buenos Aires esquina tan larga que permita esperar en ella todo el tiempo necesario para catalogar cuantos proyectos se le ocurrirían a tal hombre de lo que haría y desharía con el mundo, en que nosotros estábamos tan tranquilos. De mi sé decir suerte que me tengo ahí hoy y aquí; sino no sabría nada de lo que piensa una persona en tal emergenciaque hallándome en esa afortunada prerrogativa imprimiría a dicha manivela impulsión tan brusca y bajo tan exquisito cálculo de direcciones, que saltarían del planeta las 298 morales, las 1.413 religiones, las 921 superioridades de raza y nacionalidad, y los 198 motivos de envanecerse de haber nacido en algún punto (¡qué trabajo me dio formular tantas cifras variadas, sin repetir centenas ni decenas!), cuyas despedidas entidades encontrándose y fundiéndose compusieran un grumo que tapara el agujero de entrada al mundo de la infatuación y la mala voluntad.
Ahora, considerado lector, espérame en esta esquina, que vuelvo en seguida: tan pronto como me haga millonario y haya entendido al tiempo como forro del espacio, según Einstein.. Si tardo más de lo imputable a estos motivos, será porque estaré buscando el farol de nuestra ciudad a cuya luz sea fácil comprender por qué razón hemos creado una civilización de privados sexuales, de prohibidos; tardando todavía será que mi solapa está en manos de un partidario de Debussy frente al Odeón, o porque estoy pasando lentamente de la teoría luética a la parasitosis, como nuestro genial clínico, o porque estoy frente a la bobería en mucho bronce de Rodin, procurando adivinar en qué piensan los músculos del "Pensador" (¿es Dempsey o no es Dempsey? Los pensadores son más friolentos; éste se saca la ropa para poder pensar).
En fin, en un país de pastores, con diez generaciones de dieta cárnea, en que se permite comer remedios y se prohibe comer carne, hay mil motivos de entretenerse con tal que uno no se entretenga delante de una vidriera de frigorífico, quizá porque éstas, afiebradas por el tráfico, han dado también en atropellar.
("Martín Fierro", 1925)


Carta abierta argentinouruguaya

(Señor Redactor a quien se encargue la molestia de leer esta colaboración de ausente en la sinigualada Revista Oral. Dirá usted primero, si le parece, unas palabras como éstas:)

Nuestro redactor Fernández debía darnos el editorial de este número. No lo hace, por causal que en carta aduce, y pide que en recompensa del trastorno que nos ocasiona, le publiquemos, en primera página, como editorial, tomándonos la única primera página de que disponemos, una urgente carta abierta que desde hace meses está apurado en publicar pronto. En ella hay un buen espacio en blanco, porque desearía que en él insertáramos su fotografía oral con modificaciones favorables, pues dice es la única fotografía que anticipa los rasgos que presentará su fisonomía en un porvenir cercano, cuando él será más joven. Antes, nunca dejó blancos en sus artículos ni en las entrevistas y reportajes que se le hacían, porque el periodismo los aprovecha para perjudicar a los escritores con la sospecha de haber estado callados un instante, y también revelan que ese instante no sólo fue de silencio incapaz sino de mortal vejez, insertando allí el retrato sin esperar a que uno sea más joven. Termina su carta continuando con esto: "Amigo: le recomiendo mi edad; apresúrese a tenerla: es la época en que se puede vivir sin chistar, y en que se nos distingue, chistándonos, al pasar por algunas veredas y ventanas, lo que usted no conseguirá nunca si no cambia pronto de edad; y de retrato, como yo".
No nos queda otro remedio que lamentar la ausencia que le impide asistir y abrir la carta abierta, lo que haré yo a su ruego, y la leeré también, pues Macedonio es analfabeto: por descuido de su familia sólo se le enseñó a escribir sus Obras completas que será el primer libro que publicará pero no a leer.
La urgente carta, pues, que después de meses de escribirla pronto en tales meses de prepararla ha conseguido Fernández la práctica necesaria para hacerla pronto no tiene un minuto que perder: será leída en seguida, y escuchada al mismo tiempo, para no perder momentos.
Es dirigida al Director (los Directores también se dejan dirigir) de una revista semanal de gran circulación 130.000 de tiraje, tres ejemplares menos que la Revista Oral con motivo de atribuírsele en ella a Macedonio Femández por error la nacionalidad uruguaya.

Señor director de una revista:

Nada tenía de qué alegrarme cuando comprando la revista de su mando en uno de los quioscos donde las prestan, veo transcripto un producto de mi ingenio que protuberó a cierta altura de columna de la amable Martín Fierro. Un estudio grave y retirado (de entre los escombros) acerca de la súbita declinación de la Arquitectura (de El Tropezón) con citas bien confundidas deRuskin, Cornisay Flatacho. El material de estas referencias era tan valioso que se podía ganar dinero rematando la demolición de mi escrito. Asimismo era breve; artículos mucho más cortos ocupan dos columnas: el mío solo la altura de caerme de una. Esto era todo: no tenía adiciones, pues en el suceso de aquel derrumbe quedaron tantas sin pagar que se ha hecho hábito no abonar añadidos literarios.
Seguramente que la publicidad en vuestra revista me lisonjea y contenta siempre que no me paséis una cuenta extremosa, atento a que me falló el pedido de $10.000 que hice al Congreso, en compensación de cuyo socorro me comprometía a permanecer ausente del país hasta mi regreso: intriga fácil de explicar si digo que soy el único habitante que se ha impuesto la absorbente ocupación de cumplir todas las leyes dictadas cada semana, lo que me da aire tan triste y desbaratado que constituyo para los congresales un espectáculo lacerante, irrisorio, un asedio de remordimientos y malos recuerdos de tanto legislante disparatar. Por cierto me fue grato verme transcripto, pues, además, ello comprueba dos agradables propiedades de lo literario. Por tal reproducción descubro: que todavía soy autor de dicho artículo, condición que no sabía durara tanto, y que los artículos sirven para dos veces y más y se parecen, entonces, al levantarse de la cama que con una valiente vez por la mañana basta para el día entero; o al apagar el candelero (no nombro la vela porque no se usan ya) que soplando bien un tiro no hay que seguir de soplador, cual con el fuego; o como el silencio de los tartamudos que no es salteado cual su habla sino tan liso, seguido como el de los bien parlantes y si no se empecinaran en hablar nadie los conocería como a un bizco que duerme.
De esto no se hable más y siga usted con lo mismo. El caso es que como la publicación suya me convenía yo la hubiera tenido oculta cual buena suerte de egoísta. Pero en revista de máxima difusión de nuestro país uno de los millares de lectores se lo dijo al otro (sin lo cual este otro, por más lector que fuera, no lo habría sabido) y se propaló cierto error vuestro: se me atribuye nacionalidad uruguaya, lo que vengo corriendo, en tren perdido (tal es el apuro y apartándome de la respetada práctica de no viajar en él) a rectificar antes que lleguen las protestas de Montevideo.
No tengo de uruguayo más que la circunstancia de haber vivido siempre en Buenos Aires, pues empleo no consigo ninguno, aunque desde muchos años lo solicito; y seguiré hasta que sean 25 años. Entonces me jubilaré de pedirlo: mi vacante será muy disputada porque la competencia para pedir empleos no es aptitud exclusiva mía; a nadie le falta; sólo sí el empleo.
Hace quince días de lo comentado. Sería yo de los uruguayos más jóvenes; pero es tarde para nacer. Es cierto que he estado en Montevideo, Soriano, Fray Bentos, Canelones, Tacuarembó, Mercedes, sin contar otros departamentos en que no he estado. Pero era sólo de paseo: no de nacer. Muy muchacho, en Pocitos, me mordió un caballo el hombro y casi me extrajo así de encima. Qué animal paciente: tironeaba y seguía tirando, pero como era tan largo (caballos tales debían alquilarse con itinerario impreso para consultarlo en apuro de desmontar; es difícil hacerlo de memoria en tal apuro), entre los dos no conseguíamos salirme de él. En Ramírez me puse a buscar aire en un pozo bajo el agua y saltaba hacia la superficie, pues no encontraba sótano al líquido; hice esto tantas veces que un testigo viendo que con ese tejemaneje yo saldría de todos modos a flote, me sacó. Es la única vez que se me ha visto sudando por ganarme la vida, pero malamente, pues me encaprichaba en respirar en el momento menos acertado, siendo que nunca había parado atención en esta función del organismo que ahora me entusiasmaba. La natación era mi talento; tan metido con el agua que al rato no se me veía, nadaba, nadaba hasta que me salvaran; inventé el braceo náufrago. En Mercedes dediqué todas mis temporadas al caballo: nunca he andado tanto a pie. Allí una muchacha más bien fea me dijo tilingo. Otra señorita, de nombre Mecha, me besó. Este último sistema ¿con quién lo habría aprendido? me pareció bien; busqué a la primera y se lo comparé: se quedó reflexionando, a mi juicio derrotada.
Mas, por todo esto no soy uruguayo; es exagerado. Nací tempranamente; en una sola orilla (aún no me he secado del todo) del Plata. Me encontraba en Buenos Aires a la sazón; era en 1875: fue el año de la revolución del 74, como después tuvimos un año para la revolución del 90. Pocas personas han empezado la vida tan jóvenes (si hace 50 años ya era tanta mi juventud ¿cómo no lo sería mucho más la de Alcibíades hace 3.000 y qué extraordinario puede ser que las bellas se enamoraran de su perro?). Durante un minuto fui el americano de menos edad; y creo que ya en ese instante oí tres himnos a Sarmiento y Rivadavia fundó las escuelas. Es verdad que de esto quedé algo sentido hasta hoy.
La orilla era la derecha yendo al centro; sirve igual que la otra, y los que vienen de Europa la llaman izquierda hasta que se familiarizan con el idioma; pero es la misma. Cierto que se consultó al Uruguay si haría objeción a que naciera yo allá. La respuesta no pareció entusiasta; no decía que sí o que no; exigieron datos sobre mi carácter e ideas y por fin el gobierno uruguayo escribió: "Por nosotros no se preocupen: están ustedes perdiendo el tiempo: ya podía haber nacido".
¿Qué se temía de mí? Yo no traía intención de daño a nadie, a ningún empleo ocupado; no portaba ni un cortaplumas; y hoy con todo lo que he leído y cursado, no soy tan inocente como aquel día, tan inexperto en nacer que fue preciso llamar una señora experta que lo hubiera hecho muchas veces. ¡Oh, qué mal momento! ¡qué molesto! ¡qué peligro de vivir! No encontré una persona conocida. O me tomaban por otro. Nadie que dijera viéndome aparecer: "¡Esa facha yo la conozco!" ¡Oh, fue angustioso! No lo volveré a hacer. Y no se lo deseo al mayor enemigo: (el hombre que saca un papel de 10 pesos para pagar el tranvía, poniéndonos súbitamente tristes a todos pues sabemos que el guarda se volverá hacia nosotros aparentando alguna esperanza y nos solicitará cambio). No es cierto lo que se dice que yo enseñé a los techos a lloverse, a los llaveros a quedarse en el pantalón que cambiamos para salir al teatro: y al que no puede pasarse decantar con mucho sentimiento, en los ómnibus, la tabla de multiplicar de Pitágoras colgado de la correa (y por otra parte no me parece poema dicha tabla). ¡Oh! ¡yo no duermo de ese lado!, no sirvo para lector de soniditos. Cervantes, Gómez de la Serna, Estanislao del Campo, Poe, me tienen despierto. No nombro a Quevedo y Mark Twain porque no me conviene y en los momentos en que uno no sabe dónde ha nacido se le confunde también el nombre de sus inspiradores.
Pero, aunque sólo sea por ociosidad, examinemos, sin ocuparnos de lo que perdería el Uruguay, qué ganaría yo con nacionalidad nueva. Veamos: ¿cuántos tomos de Historia es la del Uruguay? Aunque sólo sea la 5' parte que la de acá no me le atrevo. ¿Cuántas batallas, valor indomable, aniversarios, centenarios, cincuentenarios de genios y patriotas? ¿Allá se usan también las diabetes, reuma, los sustos, como casos de "muertes por la patria" y cambio de nombre para las calles? ¿Las pensiones son para los contemporáneos del héroe, que tuvieron que soportarlo, o para gente que nada le padecieron, como acá? ¿Quién es el Sarmiento para himnos de ustedes? ¿Se inunda el arroyo Maldonado también allá? ¿La esquina de Callao y Rivadavia es allá como acá peor que una consulta de médicos? (se debiera dar en el acto, en el Molino, un banquete a la persona que la cruza sano y salvo una vez, partiendo de la Plaza Congreso y alcanzando a llegar a dicho banquete).
No; no voy; digo, no soy. Además hay un puntito de sentimiento en mi determinación. Lo trataré bajo el título de Una novela que comienza. Allí se verá que al presente vivo en una espera romántica indeclinable que debe suceder en Buenos Aires. Es verdad que caballero tan de nacimiento confundido, es de alegre esperar y puede aguardar lo bueno debajo de una cornisa que se traslada.
Soy del señor Director con vivo aprecio.
M. F.

Noticia El que sí es uruguayo es el buenazo de don Juan. Pero se muda; ayer lo vi con un paquetito. Unas quince veces por año cambia de domicilio y manda decir a sus amigos: El cambio de domicilio que ocupo ahora es calle Lavalle 1025. Para eso no usa equipaje; cuando lleva un paquete o los bolsillos abultados está de mudanza. En junio salió de Libertad 443; en agosto volvió a Libertad, pero no al 4º piso donde antes, sino al 5º. Doña María, la del 4º, supo que estaba en el mismo edificio pero ignoraba en qué piso. ¡Será posible, exclamaba anoche acostada, que no me haya visitado ni dicho a qué piso vino! ¿Dónde se habrá metido don Juan? No sé si lo tengo arriba o lo tengo abajo, yo que conocía tanto su...
Este don Juan, tan buen amigo, figurará y estoy seguro que observará una alta moral, en mi cada día menos evitable romance, si para entonces vive; pues mi novela no admite sino a vivientes so pena de confundirse con la Historia donde los muertos lo hacen todo, se lo llevan todo por delante. En dicha novela repetiré alguno de los chistes aquí intentados, pues espero llegar a un extremo de garantía y seriedad de mis bromas, ensayándolas en varias reiteraciones; además, así se entretendrá algún exigente en originalidad, quien descubrirá que una idea mía es de Steme o Rabelais, cuando no habrá sido tomada de allí sino de mí mismo, de la primera vez que la dije; en el estado de repetición se parecerá textualmente a la idea de S teme, pero antes se parece a la mía de la primera vez que 1.a copié, porque es tan escasa la originalidad que hoy no queda otra que la de primer copista de autor nuevo; "primera copia" es un subgénero sancionado de la originalidad.
("Martín Fierro", 1926)

Primer número "plateado" de la Revista Oral

No venimos, señores, porque hayamos creído que nuestra "Revista" auricular no se oía hasta La Plata; ni porque una brusca interrupción en el servicio de no haber tranvías en Buenos Aires la acumulación de muchos en una cuadra los hace no haber, y da gran prestigio y velocidad a las veredas nos haya llenado de preferencias por la abundancia de no haber tranvías en La Plata solo que allá esto sucede únicamente a las ocho de la noche y en Corrientes y Suipacha, hora y paraje que podéis conocer leyéndolos en nuestros poetas cuando cantan a la aurora y el arrabal, con toda la emoción de lo ignorado y de la ausencia, que tan elocuente hace siempre al hombre; ni porque en este momento falte en Buenos Aires la comodidad requerida para dedicarse a la tarea de que Marinetti llegue sépase entretanto que la estadística, ordenada por nuestra comuna, de las personas que empleaban su tiempo en que esté llegando Marinetti, resultó operación impensadamente morosa, y no porque fuera muchas esas personas, sino (es mi opinión) porque a los ocho días de comenzada todavía no se había encontrado a la primera, y se procura prolijamente no comenzar el recuento por otra, porque después habría que empujar toda la lista de las ya juntadas, para hacerle lugar ordinal a la primera.
Una nómina de todos los motivos que no han sido el de nuestra venida sería preciosa y en todo el mundo habría ansiedad, tanta que hasta se
olvidarían de estar ansiosos. Sería, seguro, extensa; más aún, tendría que enumerar todos los posibles motivos de un acto, menos uno: el de nuestra visita. En verdad confesamos que hemos hecho, que tenemos esa lista. No os asustéis: no la leeremos. Alberto Hidalgo desafió a que él era capaz de hacer, en un momento, cualquier cosa interminable, y la concluyó efectivamente.
Es tan cierto: que uno de nuestros redactores, que ama con delirio a Buenos Aires y considera de inmenso mal gusto pagar por alejarse de ella, no quiso comprar boleto de venida; y lo tapamos con la lista mencionada municipal de esperadores de Marinetti que era un pliego muy grande en el trayecto para evitar distracciones con los inspectores. Pero tenemos que llevarla, para taparle el regreso a ese redactor porque, apenas nos encontramos con vosotros y pisamos vuestras diagonales, comprendió dicho redactor que es también de insufrible mal gusto pagar por alejarse de esta bella ciudad del pensamiento, de lo joven, de la expresión de vigilancia por el alma.
Sean éstos los alicientes que crearon motivo a nuestra venida y que nos harán retornar cada vez que nuestra esperanza idealista ansíe tibieza de hogar. Está es hogar para el alma.
Breves seremos: traemos más qué escuchar, que de decir: un público de privilegio como vosotros debe hablarnos cuanto antes; por primera visita impreparada, seremos breves, y yo el primero, para oír cuanto antes la sugestión de vuestro vivir de inquietud.
Salud.

EPISODIO 12-MACEDONIO FERNANDEZ




-TOMI

EPISODIO 12-MACEDONIO FERNANDEZ

Confesiones de un recién llegado al mundo literario
(Esforzados estudios y brillantes primeras equivocaciones)

Tengo que asentar las siguientes observaciones y otras no menos siguientes que me comprometo a que se me ocurran.
Con motivo de la carestía de los cigarrillos, éstos se han puesto más baratos, y para que parezcan menos cortos, los hacen más largos. Para una persona que por primera vez es un recién llegado, esto le confunde de tal manera que le entra el sentimiento de que lo están viendo por la calle desnudo saliendo de una sastrería.
No es menos cierto que existen insomnios que afectan al mismo tiempo la facultad de dormir y la de estar despierto; y, lo digo con toda la seriedad del hombre durmiendo, para elegir entre dos coqueterías, óptese por la peculiaridad de ser un gran dormilón, porque es factible aparentar dormir aunque fatigoso, y no es fácil aparentar estar despierto. Aquí se sabe (por los diarios, como todo) que una persona que ha sidodespertada durante un simple cuartode hora, por la caída del techo sobre su cama, o por el paso sigiloso de un gato por la pared que debería tener el terreno de enfrente, y continúa durmiendo de seguida hasta que la desayune alguna sirvienta, no dejará de proclamar por todo el día siguiente, el infalible día que cuelga de cada noche por su extremo Este; "No he pegado los ojos esta noche". Obsérvese lo que es la obra de insomnio: quita el sueño en torno nuestro y a veces al mismo paciente.
Cuando un día anterior es precedido de un siguiente, contando desde adelante, ocurre una separación entre los dos practicada mediante una noche, intervalo de faroles, tropezones y comisarías, que muchas personas ocupan en preparar un conversación sobre insomnio, para las personas de su familia; hay quienes hasta durmiendo piensan en los suyos.
Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes,

huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.
("Proa", 1922)

Los amigos de la ciudad

En los vendavales lo primero que vuela, sin desanimarse, con toda regularidad, son los techos; más fácilmente cuando la población termina por todos los rumbos en casas. Si no hubiera sino edificios centrales, muy mitigado sería este desorden, así como es cosa segura que la supresión de la delantera de los autos imposibilitaría a los transeúntes de darse contra ellos y estos vehículos serían usados sólo por dentro.
Sin ninguna pretensión difundo estas informaciones. Pero sí es cierto que me halago de poder comunicar lo siguiente:
En cierta localidad por influencia de un municipal cuyo nombre no os perdono equivocar pese a mi modestia, organizóse tan bien el desorden de partida y de llegada de los techos en las tempestades que todo perjuicio se anuló, pues si bien es cierto que no pudo impedirse que estos preciosos adornos de las habitaciones se alistaran, como siempre, de los primeros en la subversión del viento, se les había podado con medida tan exacta los aleros anualmente, junto con la poda de árboles y por el mismo personal municipal tan experto, que las azoteas expedicionarias ofrecían el espectáculo de un trabajo inútil, dado que iban cayendo sobre las casas cuyo techo acababa de volar, reemplazándolo tan bonitamente, que la familia ocupante no notaba interrupción alguna en el servicio de techados.
Cuando la circulación de techos se daba por terminada, quedaba, naturalmente, destechada la primer fila de casas y descasada la última línea de techos, algunos de los cuales podían haberse asentado sobre una vaca o un peral, sin provecho comparable al que procuran cubriendo casas. Entonces por un movimiento municipal envolvente se hacía girar los techos dispersos, en una hermosa curva hacia atrás hasta que cayeran sobre la fila de las casas destapadas; a veces una tormenta del opuesto cuadrante lo hacía todo. Sólo una vez se tuvo inconveniente con esta preparación sabia; y fue que los techos de aquel municipio eminente volaron injustificadamente, engañados por un remesón de terremoto que creyeron vendaval y usurpando por error el turno de los cristales, que son los que deben romperse y desordenarse en los días en que corresponde terremoto.
La hábil fórmula de municipal preocupación que rememoro, tuvo
particular premio por obra de un vecino rico y agradecido, quien regaló a la urbe un bosque; la municipalidad dispuso dotarlo inmediatamente de arbolado, pues nuestra comuna no aprobaba otro decorado, con fondos oficiales, que el constituido por plantas y no era congruente que el bosque, nuevo bien municipal gratuito y valioso, careciera de este omato invariable de calles, plaza y jardines.
("Martín Fierro", 1925)


Boletería de la gratuitad

No obstante lo muy concurrida que está siempre esta deliciosa boletería, he podido abrirme paso y he comprado, gratuitamente, la siguiente información, que os doy a precio de costo: En todas las ciudades, aunque nadie lo haya gestionado, hay un abogado más alto de estatura que los otros; pero en Buenos Aires, donde el suelo muy bajo favorece las estaturas, hay el abogado más alto del mundo, gran amigo mío y muy buen compañero, es decir, hasta la altura de los hombros, que es hasta donde lo conozco y soy su amigo. Es un caballero y debe ser bueno, aunque yo no lo acompañe, en la demasía hacia arriba. Es tan alto que podría su cabeza tropezar con su propio sombrero puesto. Pero no se dude por esto de que con los pies llega hasta el suelo, como me lo han preguntado algunos; es allí donde comienza nuestra amistad y la posibilidad de entendemos.
Pues bien, en Córdoba donde por la elevación sobre el nivel del mar, a los viajeros de Buenos Aires el piso les llega hasta las rodillas, por falta de costumbre, no tenéis idea de la preocupación que pesaba sobre B uenos Aires cuando este abogado crecía (fue él quien me mandó a Córdoba en 1900, con una misión por 2 días, los que yo le di a elegir, a mi vuelta, entre los 32 que me había quedado) y no comprenderéis la emoción de alivio que corrió en nuestra capital cuando los telegramas de los diarios serios anunciaron "que el doctor N. ha cesado desde esta mañana de crecer" Esta noticia fue confirmada hasta la seguridad, y llegó a mí en Córdoba curando yo me hallaba casi a punto de aprender a usar el suelo cerca de las suelas. Como yo vivía en la preocupación de que llegaría un momento en que se haría imposible escalar la amistad y el trato con mi amigo, mi alegría fue tan fuerte que cambié por 7ª vez de hotel en Córdoba y me olvidé de diversos pagos prescriptibles. La línea de hoteles que yo había escogido para acreditar con sucesivas traslaciones mi propósito de regreso, partía del centro hacia la estación ferroviaria, pero como todos ellos estaban en Córdoba yo telegrafiaba: "No puedo regresar porque todavía estoy en Córdoba". Así que cuando me encontré con el doctor N. en Buenos Aires no necesité darle ninguna explicación. Por otra parte, al encontrarme de nuevo con un suelo tan bajo, mi fatiga para recobrar pie me hubiera impedido especificar explicaciones. Durante un mes no podía estar conversando con nadie sin hundirme en la conversación, empezada a nivel; y la tarea de bajarme las rodillas para no quedarme en el aire me imposibilitaba toda atención y cortesía.
Han dicho algunos que sólo una cabeza tan cerca de las nubes como la del doctor N. pudo concebir la idea de mandar abogados a Córdoba. Otros insinuaron aquí que yo tuve la habilidad de que mi último hotel fuera el más próximo a la Estación y al agotamiento de mis recursos pecuniarios, coincidencia no casual.
Así se alteran las cosas con el tiempo; otro día tendremos para rebatir esto.
("Pulso", 1928)

martes, 18 de febrero de 2014

Antonio Jurado Rivera - CON ELLAS







Dicen que la vida es bella.
Creo que eso solo es verdad si una mujer está en ella,
si hay amor y nos inunda de chispa y felicidad.

Si no, la vida no es vida, ni habría meta que lograr,
porque aunque fueras muy rico
podrías no ser tan feliz, porque es algo material.

Sin ellas nada es lo mismo ni hay objetivo a alcanzar.
Son lo mejor de la vida.
Solo por verlas felices vale la pena luchar.

Si quieres tú ser feliz, haz que ella lo sea más,
si tú quieres ser grande ponla en un pedestal.
Si deseas que la vida sea dulce y te sonría,
que te brote el amor si le has de hablar.

Demuéstrale que la amas lo indecible,
esfuérzate a diario en mejorar,
si sueñas que su amor sea duradero,
que por tus actos ella sienta felicidad.

Ser feliz es una meta, pero te la has de ganar.
Si ofreces siempre cariño, cariño te entregarán.

Antonio Jurado (España)
© Derechos Reservados

ESTE AMOROSO TORMENTO (+lista de reproducción)

Viceversa Mario Benedetti

ME SOBRA EL CORAZÓN, poema de Miguel Hernández

Poema del renunciamiento.

Jaime Sabines - Espero curarme de ti

VOY A DORMIR - ÚLTIMO POEMA DE ALFONSINA STORNI - DECLAMA AÍNA

lunes, 17 de febrero de 2014

ALONDRA VALEY - HOY QUISO SER UN DÍA ESPECIAL PARA MÍ…



foto-Web


HOY QUISO SER UN DÍA ESPECIAL PARA Mí…

Sin embargo no lo fue…Tuvo todos los condimentos de un día cualquiera.
Esos días en que las personas pasan sin detenerse en nada y sin buscar nada. Sin esperar nada y sin encontrar una estrella para soñar un poco. Y digo que ha querido ser especial porque intentó algo de bondad y chocó con la nada.
Por lo tanto puedo decir que el día de hoy ha convertido mi vida en NADA.

Y pensar en esa cruel palabra es como morir un poco.” Los poetas a veces nos sentimos así y las palabras no brotan. Sus ojos no lloran. Las manos no acarician. Las mentes están en blanco y los sueños parecen ridículos.”

Sin embargo no es fácil aceptar la derrota y cerrar el presente día sin una plegaria
que me remonte a sueños imaginarios de caras desconocidas; de palabras buenas…

PALABRAS… Tal vez ahí se encuentre el secreto de los ecos de las montañas.

Ellas siempre responden. Se trate de lo que se trate. Nadie se siente solo si oye su propio eco. El eco le dice si su voz es profunda. Si es sentida. Si es el reflejo de una angustia, si es una despedida. Si es la voz sin respuestas. Altisonante pero hueca, burlona y llena de mezquinos gritos de sentimientos vacíos… ¡EL ECO lastima pero dice la verdad!

En el silencio de la noche me levanto a hurtadillas y busco a mi Eco.

El me dice la verdad y mañana sé si he sido tontamente un alma sin reflejos, o estoy en una tregua de final incierto. Prefiero esto último, porque así puedo obrar en consecuencia a mi natural predisposición a la alegría, al compartir, a reír si los demás ríen y por sobre todo a amar al otro, un alma que al igual que yo muchas veces busca su eco y no abandona la lucha…

MAÑANA sale el sol por encima de la montaña. Al levantarme lo hago con nuevas ilusiones. Y busco el mundo entre las teclas…y encuentro personas que me conocen. Entiendo a los que no me hablan. A los que obran sin sentido de pertenencia habiendo acariciado sueños de borrachos de amor- Y hoy escuchan las voces de sus internos y se asustan, pierden su propia fuerza y convicciones.

Tomo esos sueños y les digo que son preciosos y dignos de destacar. Que otros los ven y tal vez sueñen también. Sentiré que no trabajo en vano. Al menos lo hago para
Mí y ya es mucho decir. Cuando el sol me saluda a la mañana, salgo de la nada y me encuentro en miles de rostros iguales a mí…Aquellos que no creen en las hadas pero siempre esperan un milagro y así se pasa la vida-
¡Tan breve y gorda! porque a veces parece estallar en versos, amor, poesía y a menudo no deja ver la cortina de agua que va mezclándose frente a los ojos y las lagrimas y los mocos que intentan disimular la ansiedad de los caprichos que nos gobiernan y no nos dejan respirar libertad.

Parece que nos gusta el sometimiento porque es más cómodo, pero pataleamos duro cuando la soga al cuello nos enseña la poca cosa que somos ...Si no sabemos entender al amor como un crucero que nos saluda todos los días y al que no debemos rogarle un pasaporte, sino una breve invitación de instantes felices, que al recordarlos nos den motivos para soñar en la amistad, en la esperanza, en el abrazo fraterno, en la solidaridad y en el amor que reúne a todos estos inmensos valores de la existencia plena.
ALONDRA VALEY
LEY-D.R.A-0011702012014-LA PLATA

Antonio Fernández “Abuelo indio”




Antonio Fernández
“Abuelo indio”

Llegue al rancho ya tapera, que hasta ayer fue de mi abuelo
Avive un poco el rescoldo, pues siempre dejaba fuego,
Y en el mismo mate de él, yerbeamos con el recuerdo;
No había nada de valor, pero encontré tanto tiempo
Que entre a andar por las distancias y la luz de una luna lejos.

Pobre mi abuelo, tan indio, murió con su antigua pena,
Cuando presintió las sombras, se metió a la cordillera
No sé, no sé como llego arriba, siendo tan viejo como era,
Hizo lo mismo que el cóndor, fue donde nadie lo viera
A hacer de su último viaje, la vez que más alto vuela.

Lo encontré sobre un pedrero, con los ojos bien abiertos
Como mirando la nieve, por ser hembra y ser desierto,
Tal vez, tal vez fue de cerca, a escuchar algún arrullo cumbreño,
Cuando lo halle, parecía un niño de blanco pelo,
Que por esas soledades, se durmió tapau de cielo
Ahí mismo cerré sus ojos, y lo vele con mi duelo
El sol le beso la frente y un responso le hizo el viento,
Después, después lo envolví en el poncho, para esconderlo en los cerros
En el vientre de la tierra premiada por los silencios
Que el indio vuelve a nacer, que el indio vuelve a nacer,
Y mi abuelo, y mi abuelo era… tan indio.

No puse ni una señal, pá que no hallen su descanso,
Lo deje como dormido, en las pilchas del recado,
Después largue para siempre, la gloria de su caballo,
Y baje hasta la tapera, medio pitando y silbando,
Al viejo no le gustaba, ver su herencia lagrimeando,

Por eso de ser mestizo, adoro la libertad, y la sangre americana,
Hay, y la sangre americana es la que me duele más,
Yo espero una nueva aurora, la de él esta, tan allá,
Si cuando largue su flete, sin querer entre a soñar,
Que mi vieja raza pampa, anda caballo por ahí.

Cuando me vaya, seguro partiré de ojos abiertos,
Para entrar, desde los ojos, con mi abuelo en otro tiempo,
Tal vez suba como el cóndor, en secreto en los misterios,
Y si me toca partir, y si me toca partir, si llegara aquel momento,
Envuelto solo en un poncho, envuelto solo en un poncho, llévenme…junto a mi abuelo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Gago Nieto Francisco en Un cuarto con Luna Francisco Gago Nieto autor - AÚN ME PIERDO...






Gago Nieto Francisco en Un cuarto con Luna Francisco Gago Nieto autor
Aun me pierdo en el pensamiento,
y recuerdo ese beso,
del que nunca me arrepiento,
y aun despierto,
siempre lo tendré.

Cierro los ojos y te veo,
me pierdo,
tú me encuentras,
te doy un beso,
pero te vas,
abro los ojos,
destapo la verdad,
y tengo frío…

Esta vez no me quedare dormido
y mirare al despertar,
contare sus latidos
me perderé en su amar
adivinando los motivos
que me salven de este infierno,
que devora mis sentidos
traspasando lo que no entiendo,
que me tienes loco perdido
y tan solo por un beso,
un beso que no me quito,
un dulce beso eterno,
el beso de mi condena
el más hermoso de los besos
un beso de los de esos
que te escriben poemas,
y aunque se equivocan,
funden cadenas
aliviando mí pena
por que aun sueña con tu boca,
y otra vez me despiertas,
abriendo mi vida entera
para soñar que te equivocas,
y aun mi corazón te sueña,

yo te bendigo dulce doncella,
tú eres mi reina,
y yo, yo solo soy tu pena.

autor Francisco Gago Nieto

Cartas al anochecer - Falta de tí

Caudillos Facundo Quiroga

sábado, 15 de febrero de 2014

Verònica Salazar Garcìa - A VECES...




Verònica Salazar Garcìa
Hace aproximadamente una hora
A VECES
A veces yo quisiera gritar tu nombre al viento pero me callan tus palabras silenciosas.
A veces quisiera andar tu camino pero me detienen tus pasos sin sentido.
A veces quisiera darte mi mano para volar por los cielos de la vida pero me paraliza tu indiferencia.
A veces quisiera tantas cosas pero me detiene el desaliento de lo incomprensible.
A veces el vacío de lo que hay alrededor te alcanza aunque no quieras, te envuelve y te hunde.
A veces el destino nos atrapa en su maraña y nos asfixia, nos ahoga pero siempre luchamos a contracorriente.
A veces quisiera ser viento y cruzar lo profundo de la vida, traer las sonrisas contagiosas para ti para mi, para todos.
A veces solo es cuestión de querer alcanzar tus sueños y cumplirlos, solo es desearlo con el corazón.

VERIS, 2014, (c)
Derechos Protegidos
de Autor.

JOAQUÍN SABINA - RESUMIENDO (LETRA)

Amores que matan Joaquín Sabina

CONRADO NALE ROXLO

Sueño de amor...de Nalé Roxlo

viernes, 14 de febrero de 2014

Seudónimo:El lector olvidado - El significado de "Te amo"



-Foto:Mis flores

El lector olvidado
El significado de "Te amo"

Te acepto tal y como eres. No quiero cambiarte; me encantas así como eres, pero sí quiero que crezcas y seas mejor cada día. Quiero que alcances tus sueños. Quiero verte brillar y estar ahí contigo, en las buenas y en las malas. Te respeto, confío en ti y te admiro por la gran persona que eres. Conozco tu pasado, tus secretos, tus errores, pero jamás te juzgaría; sé que tú tampoco lo harías conmigo. No pienso rendirme cuando se nos presenten retos; estoy seguro de que lo nuestro vale la pena. No te necesito para vivir, sé que tú tampoco me necesitas, pero sin embargo haces que mi vida sea mucho mejor cuando estamos juntos. Estaré ahí para tí siempre; tal vez llegue tarde algún día, pero te aseguro.....llegaré.

Francisco Gago Nieto en Un cuarto con Luna Francisco Gago Nieto autor - Esto de la virtualidad...





Francisco Gago Nieto en Un cuarto con Luna Francisco Gago Nieto autor
Esto de la virtualidad,
la amistad por red.
Esta manera de compartir.
Este existir, y esto del querer
y del sin saber sin preocuparte.
Del ser aunque llegando
un poquito tarde.

Pues tu corazón forma parte
de estos dulces latidos.
Nos han confundido.
pero somos parte de las estrellas...
Somos luz, somos centellas.

Y si no me crees...
Mira tras la ventana.
La veras a ella
y después a la mañana.

Francisco Gago Nieto

Antonio Fernández - “Charla con mi amigo”





Antonio Fernández
“Charla con mi amigo”

Es muy tarde ya, madrugada del domingo,
Como no puedo dormir, voy y charlo con mi amigo.
Porque sé que siempre esta, no hace falta que lo llame,
Lo siento dentro de mí, es como el agua y el aire.
En el silencio infinito, de palabras y de gestos,
Hablamos con la mirada, porque solo yo lo veo.
Le cuento de mi dolor, que es el dolor de mi pueblo,
Que añora su “Libertad”, y vive preso del miedo.
De las guerras, la pobreza, la ambición sobre la tierra,
Del poder que tiene el mal, y el bien vive tras las rejas.
El me escucha como siempre, sonríe en complicidad,
Me dice que la maldad, divide al hombre decente,
Que al final tanto no es, y por muy poco se vende.
Tomo un mate y le convido, mientras sigo con mi suerte,
“El poder hablar con Dios”, no lo tiene tanta gente.
Porque la excusa es el tiempo, que les devora la vida,
No hay tiempo para rezar, pero si, para salidas.
Y van pasando las horas, sin darnos cuenta, amanece,
El sol me besa la piel, la vida siempre florece.
No me puedo despedir, de quien se queda conmigo,
Quien me hace tan feliz, él es “Dios”…mi gran amigo.

Antonio Fernández
29/03/09

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diego Lopez - Lee...Desea y comparte






Diego Lopez
LEE… DESEA Y COMP
ARTE

Quienes escribimos, a veces logramos descubrir el gran secreto de las palabras… su magia. Pero solo muy pocos logran la gran alquimia de conjurarlas.
Hoy te pido nos atrevamos juntos a invocar el encanto de una plegaria. Asidos de vocablos como: creer, tener fe, esperanza, religiones, luz, energía… basta con desear lo que ora este pedido.
Por los que necesitan creer, por los que abrazan la esperanza, por los que bajaron los brazos… cree.

En los tiempos en que la penumbra asfixie… cree
En los instantes en que la lágrima desgarre… cree
En las noches en que el temor siembre iras… cree
En soles en que la lluvia sumerja improntas… cree
En pasados devorando cruentas soledades… cree
En camastros enclaustrando todo albedrío… cree
En desesperanza burlando tenues anhelos… cree
En momentos en que la vida parece vejarse… cree
En silencios carcomiendo alaridos de ayuda… cree
En dolores cruentos que saben de angustias…cree
En tristezas extraviando sonrisas hastiadas… cree
En nombres sin nombres cayendo al olvido… cree
En garras rasguñando las suertes perdidas…cree
En el credo de una oración que proclama… cree

Cree… porque lo imposible es parte de lo posible
Cree… porque lo posible es parte de la esperanza
Cree… porque la esperanza reverdece de las almas
Cree… pues yo creo en tu mirada besando mañanas

Diego López

YO NO QUIERO CATORCE DE FEBRERO- -SABINA



-FOTO: Pato Azul


...Yo no quiero un amor civilizado,
Con recibos y escena del sofá;
Yo no quiero que viajes al pasado
Y vuelvas del mercado
Con ganas de llorar....
Yo no quiero vecínas con pucheros;
Yo no quiero sembrar ni compartir;
Yo no quiero catorce de febrero
Ni cumpleaños feliz....
Yo no quiero cargar con tus maletas;
Yo no quiero que elijas mi champú;
Yo no quiero mudarme de planeta,
Cortarme la coleta,
Brindar a tu salud....
Yo no quiero domingos por la tarde;
Yo no quiero columpio en el jardin;
Lo que yo quiero, corazón cobarde,
Es que mueras por mí....
Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren....
Yo no quiero juntar para mañana,
No me pidas llegar a fin de mes;
Yo no quiero comerme una manzana
Dos veces por semana
Sin ganas de comer....
Yo no quiero calor de invernadero;
Yo no quiero besar tu cicatriz;
Yo no quiero parís con aguacero
Ni venecia sin tí....
No me esperes a las doce en el juzgado;
No me digas volvamos a empezar;
Yo no quiero ni libre ni ocupado,
Ni carne ni pecado,
Ni orgullo ni piedad....
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
Yo no quiero contigo ni sin ti;
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
Es que mueras por mí....
Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren....

miércoles, 12 de febrero de 2014

¡¡¡PRESTAR ATENCIÓN!!!


DE LA WEB
AMIGOS: DESEO RECORDARLES QUE AQUELLAS PUBLICACIONES QUE NO APARECEN EN PRIMER LUGAR, EN EL INICIO, USTEDES LAS ENCUENTRAN AL FINAL,ABAJO DONDE DICE
"VER TODO"
SE REMITIRÁN A LA PÁGINA QUE ARCHIVA TODO CON EL SEUDÓNIMO DE MARTINA MURILLO-GRACIAS Y NO OLVIDEN DEJAR SU OPINIÓN EN COMENTARIOS._

EJEMPLO:

Martina Murillo
Se ha compartido públicamente. - 10/2/2014

TE AMO-PABLO NERUDA
Te Amo Te amo te amo de una manera inexplicable, de una forma inconfesable, de un modo contradictorio. Te amo con mis estados de ánimo que son muchos, y cambian de humor continuamente. por lo que ya sabes, el tiempo, la vida, la muerte. Te amo... con el mun...

PORTADA DEL ARCHIVO


EPISODIO 11 - MACEDONIO FERNANDEZ




OLMEDO

EPISODIO 11 - MACEDONIO FERNANDEZ

El "capítulo siguiente" de la autobiografía del Recienvenido

Sobreviene dicho capítulo
Aniversario de Recienvenido
No sé si por algunos excesos de conducta o por observancias poco estrictas en mi régimen de
vida cumpliré en breve cincuenta años. No lo he efectuado antes porque cada vez que
impacienté el tiempo, adelantando algún acontecimiento, me cambiaron uno bueno por uno
malo. La elección de un día invariable de cumpleaños me ha permitido conocerlo tan bien
que aun con los ojos vendados cumpliría mi aniversario.
Alguien dirá: ¡Pero Recienvenido, otra vez de cumpleaños! ¡Usted no se corrige! ¡la
experiencia no le sirve de nada! ¡A su edad cumpliendo años!
Yo efectivamente entre amigos no lo haría. Mas en las biografías nada más exigido.
Otros juzgarán que el anuncio de mi próximo aniversario va encaminando a incitar a los
cronistas sociales para recordarme con encomios. "Nadie como el señor R. ha cumplido tan
pronto los cincuenta años"; o bien "A pesar de que esto le sucedía por primera vez cumplió su
medio siglo el apreciado caballero como si siempre lo hubiera hecho". Alguien con algún
desdén: "Con la higiene y la ciencia moderna, quién no tiene hoy cincuenta años". "A su edad
no tenía mucho que elegir".
En fin, lo cierto es que nunca he cumplido tantos años en un solo día. Nací el 14 de octubre
de 1875 y desde este desarreglo empezó para mí un continuo vivir. La autenticidad de mi
condición de solterón en ese momento fue indiscutida, pero yo le añadí el malhumor que la
distingue, pidiendo inmediatamente en el idioma que no tiene filólogos el Libro de Quejas.
Cuando me lo facilitaron tres meses después en una sacristía, me había olvidado de los
motivos de protesta fuera de que no habían dejado espacio en el sucio, malhadado y gran
tomo los que se habían quejado primero. Puse mi nombre y la fatuidad de tenerlo me distrajo
de reflexionar que aquél era el "Libro de Quejas", de la vida.
Este fue mi punto de partida y la fecha que escogí para mis aniversarios. Pero la serie de mis
cumpleaños ha sufrido recientemente una variante.
Hace cinco años conocía a la mamá de un amigo rosarino y vine a saber que...
No lea tan ligero, mi lector, que no alcanzo con mi escritura adonde está usted leyendo. Va a
suceder si seguimos así que nos van a multar la velocidad. Por ahora no escribo nada;
acostúmbrese. Cuando recomience se notará. Tengo aquí que ordenar estrictamente mi
narrativa porque si pongo el tranvía delante de mí no sucederá lo que sucedió.
Ahora continúo. Me había trasladado a Rosario para hacer anotar en el Libro de Patentes,
invento por medio con otros dos inventos míos, uno nuevo (recordará usted que soy inventor
y esto justifica ciertos estados de intensidad intelectual -a veces parezco dormido en estos
paroxismosdurante los cuales mi libro no adelanta nada, como habrá usted advertido). ¿Nota
usted que continúo? Pensando en ello en mitad de los rieles del
tranvía, iba yo a redondear teóricamente un procedimiento automático para limitar la
prestación del fuego de los cigarrillos que me había encargado la "Compañía de Fósforos ya
Raspados", cuando sin ninguna dificultad un coche-motor me embistió cerca, pronto y todo.
Como yo no abandono un pensamiento tan adelantado, media hora después salía de la
Asistencia con mi invento completo y vendado.
No interrumpí tampoco mi cumpleaños, que era ese día. Mas conducido por un amigo a su
casa de familia, festejábase en ella el onomástico de la mamá; y tanto fue lo que se conversó
que la señora y yo vinimos a entender por qué el día de nuestro aniversario nos había
parecido siempre tan estrecho, a causa de que lo ocupábamos dos personas con el mismo
suceso. En el acto de mi pronta imaginación percibió que había allí algo que pensar y
patentar.
Tengo desde entonces con la señora una combinación, por resorte de la cual debemos ocupar
alternativamente el 1º de octubre para día natalicio, a cuyo efecto ella me avisará cada año si
le gusta ese 1º de octubre. Yo recomiendo mi combinación aunque hasta hoy no me ha dado
provecho; desde entonces la señora no ha expreado su opión por ningún año ni siquiera por
ensayar el procedimiento: probablemente teme que falle.
La cláusula del aviso fue un error; y además siempre será prudente combinar con personas
formales. De todas suertes desde dicho pacto desapareció de mis cumpleaños aquel malestar
muy parecido al que se experimenta cuando a uno lo están leyendo en una revista que ya con
ese número ha salido del todo.
Por eso me esmero aquí en cesar y aquí apago yo también que ya es tarde, y aún más tarde
que ahora; y es fineza que el lector estima, madrugar el concluir y yo gusto de naufragar con
quien navego[1] y no yo en otro barco; asimismo huyo de asistir al final de mis escritos, por
lo que antes de ello los termino.
Y no hay escrito mío en que no me acuerde al Fin de la comodidad del lector (si no se la
buscó ya él) que en todo Proa no estamos haciendo otra cosa. Le preparamos el total de su
comodidad: dejamos deaparecer; y así, de una sola vez, hacemos más por él que con doce
números seguidos. No habíamos pensado antes en este modo de divertirlo... Que si lo
pensáramos antes del primer número... Otra vez haced las señas más claras, señores lectores:
cuando íbamos a salir con la presente revista parecíame que las señas que nos hacíais eran las
de salir. Porque las hacéis como no las queréis, diremos imitando a sor Juana Inés de la Cruz.
("Proa", 1925).

EPISODIO 10- -MACEDONIO FERNANDEZ



OLMEDO


EPISODIO 10- -MACEDONIO FERNANDEZ

El "capítulo siguiente" de la autobiografía del Recienvenido

Recuerdo que en las primeras experiencias con la desmontable, el atacante quedaba con el
trozo de solapa en la mano tendida, como quien ofrece una muestra de género y por fin le
pegaba una estampilla y la echaba en el convincente color rojo del buzón: porque la tiesura,
redondez y sinapismado colorde un buzón concluyen con cualquier vacilación. La perfecta
necesidad de una solapa para entablar un "solo" la comprendí ya a causa de no haber visto en
las calles que se entablara con un caballero desnudo; y preví el infalible efecto de una
desmontable. Los "solos" de viva voz extinguiéronse; se refugiaron en las imprentas
originando aquel gran renacimiento literario, cuyo partero creo fui, y al que contribuí también
con mi autobiografía de recién venido; se dijo de mi libro que nunca había sido escrito antes,
tan extraordinario pareció. Pero tampoco nunca fue leído después, porque la suma seriedad
que se apoderó de mí al redactarlo dio a mis primeras páginas un tono tal de tercer tomo y
"continuará" que aquel lector que con sólo perseverar la lectura dos páginas, recuperó el
sueño, sonó que aún no había empezado a leer la "Autobiografía" (tanto era su sentimiento de
bienestar), fundando su ensueño en que no recordaba nada del primer tomo: las perseverantes
trescientas páginas que seguían se las hubieron con un lector dormido.
Quédame por computar las cosas desagradables que me atribuye el Editor como invitado
social. La apreciada señora a quien alude, muy al contrario, nunca me habló con desagrado;
ni volvió a invitarme a comer, pues era de mucha memoria y no necesitaba mi presencia para
recordarme siempre.
En cuanto al agujero que yo buscaba era uno que me había hecho en la mente una reciente
lectura; ya entonces continuaba escribiendo Maeterlink, precursor de Bergson, Bochme,
Noval is, y otro caso de memoria excesiva; ya también Leopardi había descubierto la maldad
humana; y... todavía no había quejas de mí: nadie había empezado a leer lo que sigue.
("Proa", 1924)
El capítulo siguiente (Pequeña nota del editor)
Señor Director de "Proa"
¿He acertado con el señor Borges? ¿Con el señor Güiraldes? ¿Con el señor Brandán
Caraffa?...
Y bien, soy el más obsecuente dirigido de usted y congratulándome del acierto con que inicio
el día pues su dirección en "Proa" es la que siempre prefiero leer, me redacto por su atento
servidor y comienzo con estas palabras:
¿Qué se me dice, señor Director? ¿Parece que "Proa" está bastante lázarocosta y que entre
este número y el próximo podrá circular holgadamente la eternidad? Si a"Proa" la hubieran
hecho darse vuelta, concluida su primera existencia podría ahora empezara vivir del lado del
revés. Para leer de este lado yo preparé a los lectores con aquel trabajito de metafísica, y
cuando en octubre se vea en todo detalle lo que es un número no salido, esmeradamente
abstenido, se sospechará por qué no publiqué juntos el artículo y su comprehensión,
reservando ésta para los ejemplares que por turno se alternarán en no aparecer hasta un
desconcertador último de la no existencia invariable de "Proa", que se hojearía doquiera con
el afán y la certeza, firme en todo ente sensible, de que el "ser" es la única posibilidad, de que
la muerte se vive también y tanto.
Yo traía completamente empezado el prometido capítulo y entraba a la Redacción cuando
Editor me alcanza a medias con la voz y me detiene todo con el brazo que le sale de ambos
hombros. "Proa" no sigue, me dice, hase decidido que el último número no contenga nada de
género "siguiente"; sino sólo conclusiones y abstenciones, a fin de que la entrega postrera
tenga catadura al mismo tiempo de última y de no salida. S u gran Capítulo Siguiente hágalo
doler en otra Revista...! Así me aturdió y distrajo dejándome en la puerta, fallida mi
esperanza de una publicación sin " nota" suya...
¡Qué hombre pesado! Para bien que se calle habrá que dejarlo decir. Agradecido a tal
tolerancia condesciende en llegar al estado de inacción oral al final; antes de eso no hay
silencio posible sino el ajeno. Francamente la noticia me sobresaltó como un café con leche
derramado y ya que se ha derramado yo le sacaré un provecho a la comparación que no se
esperaría de una catástrofe tan "completa". Colectando con la cucharita algo de azúcar y de
líquido hago a usted mi Director una pregunta: ¿Los números que no aparezcan serán más
fáciles de dirigir o al contrario será como cuando un "completo" se hace mantel y las puntas
líquidas avanzantes animadas de un gusto sin prevenciones por todas las posiciones y rumbos
del espacio se tiendan tan prontas y divididas que no hay que pensar en dirigirlas, tanto más
cuanto que, lo primero que han hecho es suscribir vuestro pantalón claro a su acontecimiento
y preparar una semana de prosperidad para las tintorerías en todos los trajes vecinos, a cuyo
socorro hay que acudir ante todo? Invariablemente, he notado, se ataca la inundación con
denuestos, pero en la nerviosidad del momento se asestan con trémula puntería y no tienen
eficacia para contenerla. Es un verdadero incendio, señor Director, en que no se sabe nada del
fuego.
Pues, deseaba mucho informar a la Redacción que la publicación de aquel fragmento de
Recienvenido en "Proa" me ha valido grandemente, atrayéndome numerosas órdenes o
encargos de rellenar vidas desconocidas por mérito a la especialidad de mi aptitud probada en
dichas páginas.
Varios parientes de personas ignoradas me han requerido para biografiar a éstas. Pero a
menudo sus estimadas órdenes llegan deficientes en datos acerca de las personalidades de
existencia y parentesco con ellos
ignorados, y debo prevenir en general que aunque muy gustoso sólo podré satisfacer sus
pedidos si, como mínimo, se me concreta el dato del lugar y fecha en que no se supo que
existieran. Así no correré el riesgo de confundir un desconocido con otro. De otra manera con
un sólo desconocido tendría para todos los solicitantes. Con este aviso me apago y soy de
usted amigo y atentísimo seguro servidor.
EL EDITOR.
Sobreviene dicho


EPISODIO 9-MACEDONIO FERNANDEZ - El "capítulo siguiente" de la autobiografía del Recienvenido



OLMEDO

EPISODIO 9-MACEDONIO FERNANDEZ

El "capítulo siguiente" de la autobiografía del Recienvenido

He aquí el mencionado capítulo. El desagradecido autor lo precede de una nota originada por
mi prefacio, cuya palmaria injusticia inclinará hacia mí al lector, sobre todo si se encuentra a
bordo de un buque de compañía tempestuosa y el barquinazo de una ola me lo echa encima.
No me mortifica su publicación. Es muy gastado, y nadie hace caso, el recurso de notas y
explicaciones.
Heme aquí, por fin. Surjo únicamente para que no se me confunda con cierto Editor. Soy sólo
el autor de un manuscrito encontrado. En tan modesta calidad no debía deparárseme, no me
convenía, un inagradecible editor grandote, de voz resonante, a cuyo lado deba yo pasearme
por la publicidad, como me ha resultado con éste y como le sucede a ciudadano rebanado y
menudo, presumido y pulido, a quien le llega amigo rural, hombrón estentóreo aumentado
con grandes botas, que parece haberse calzado dos galpones de su establecimiento; y tócale
hacerle conocer la ciudad y divertirlo.
No se me suponga partícipe en la facción de esa nota. No tiene más propósito que expedir una
apretada serie de chistes indoloros y calmosos, mal acertados y ni siquiera ajenos: imposible
otro autor de ellos; recolectados y guardados por años, metidos y yuxtapuestos a la fuerza,
uniformados con el traje de chistes de familia, que los imprime, ya tan reídos en casa, que no
les queda qué sacárseles por lectura. Y hay que ver cómo los festeja. Es seguro que no le ha
quedado ninguno; antes de diez o más años no vuelve a hablar: hoy mismo habrá comenzado
la nueva recolección.
Lo de imaginada nueva literatura es cosa de desesperados; no la conozco y no me gusta.
Si lo hubiera animado el deseo de favorecerme, sabe perfectamente que, por ejemplo, soy el
inventor del paréntesis de un solo palito; de la solapa desmontable contra solistas (es una
solapita artificial, de gran sencillez, que sustituye parte de la solapa natural, que nace con el
saco, de gusto agradable y fácil digestión). Caramba: estoy confundido con un invento
higiénico que proporciona la longevidad, por nonagenaria que sea la edad del que usa el
remedio por la primera vez. Es un medicamento, que quién sabe por qué y felizmente para la
humanidad, no se puede conseguir gratis, fácil de destapar y verter, que suplanta el extremo
libre de esa orejita o solapa que tienen los sacos... (i Ah! un error feliz: ahora estoy en el
invento de la solapa que debía tratar primero) que tienen los sacos y de la cual se apodera el
solista experto, desengañado de la fugacidad del hombre abordado en la calle. Una vez
posesionado de vuestro saco el solista ya no hace caso de vos; se limita a hablaros pero no
necesita miraros. Al contrario, escudriña la calle atisbando otro candidato para cuando se le
apague el actual y entonces desmontáis la solapa, la atáis al buzón que se suele parar en esa
esquina; y... ese tranvía que pasa es el que os lleva adonde marca su itinerario, tan bueno
como cualquier otro.
Inventé los cuellos de camisa iguales a los otros, pero que se pueden llevar en los bolsillos o
dejarlos de usar; como Intendente tuve la visión de la supresión edilicia de las esquinas con lo
que concluyó la plaga
política que se apoya en sus paredes. ¡Extirpación tan completa constriñó a las niñas a dar
vuelta a la manzana, en el balcón únicamente, con la moral a vista de sus padres! Doté de dos
veredas de enfrente y de rumbo Norte-Sud que es el más vistoso, a todas las calles y cuando
este rumbo tan solicitado se agotó...
Supongo no habré dado motivo al lector para cavilar si la desmontable de mi invención, sería
extensible a los solistas escritos.

LO HACEN PARA AMAR - AmPaRo EsTeVeZ SaViZa



MIS FLORES


"LO HACEN PARA AMAR"

“Los corazones que rompen el silencio
lo hacen para amar…”

¡Si el corazón calla se manifiesta en soledad!

Unas veces llorando u otras riendo,
encuentran en el silencio, la verdad

“Los corazones que rompen el silencio
Lo hacen para amar”

¡Si el corazón calla se manifiesta en soledad!

Se bebe los instantes y también los llantos
dibujando sonrisas en muecas de ansiedad

“Los corazones que rompen el silencio
lo hacen para amar”

¡Si el corazón calla se manifiesta en soledad!

A veces esperando las caricias de otras manos
esperanzas, soles y lunas en eclipse total

¡Esperando el justo momento de volver a soñar!

Si tienes un corazón fatigado de amar…
Busca por qué sin razones
Se niega a claudicar y acalla en soledad

Es porque hay caricias difíciles de olvidar
besos que anidan en las bocas, más allá
y los presagios malditos de no poder retornar

“Los corazones que rompen el silencio
lo hacen para amar”

Esperando el justo momento de volver a soñar!

Bastará que otra mirada
anide en su palpitar ¡Y ya nada más!

Tu corazón acallado volverá a soñar
Y sólo ama, sin latidos que acallar…

AmPaRo EsTeVeZ SaViZa
D.R.A.0112022014
12/02/2014- ARGENTINA